Brasil es el quinto país más grande del mundo, superando en tamaño a toda la Unión Europea, y uno de los más poblados, con 213,4 millones de habitantes según la estimación del IBGE de 2025.
Lo primero que hay que tener en cuenta es ese tamaño. De Río de Janeiro a Manaos hay unos 2.800 kilómetros en línea recta, casi la misma distancia que de Madrid a Kiev, y de Río a las cataratas del Iguazú hay unos 1.200. No se puede ver todo en un viaje de dos o tres semanas, así que conviene elegir dos o tres regiones y desplazarse entre ellas en avión.
| Destino | Región | Cuántos días | Mejor época | Ojo con |
| Río de Janeiro | Sudeste | 3-4 | Todo el año; de abril a octubre hace menos calor | No llevar objetos de valor a la playa |
| Ilha Grande y Paraty | Sudeste | 3-4 | De abril a octubre, más seco | En verano, lluvias fuertes por la tarde |
| Cataratas del Iguazú | Sur | 2 (un día por país) | Todo el año | El lado argentino pide un día entero |
| Lençóis Maranhenses | Noreste | 3 | De junio a septiembre, con las lagunas llenas | De octubre a enero muchas lagunas se secan |
| Fernando de Noronha | Noreste | 4-5 | De septiembre a marzo, mar más calmado | Dos tasas obligatorias; es caro |
| Salvador y Chapada Diamantina | Noreste | 5-6 | De septiembre a marzo | En Salvador llueve mucho de abril a junio |
| Maragogi, Pipa y Natal | Noreste | 3-5 | De septiembre a marzo | Las piscinas naturales dependen de la marea baja |
| Pantanal | Centro-oeste | 3-4 | De julio a octubre, época seca | Para ver jaguares, ir al norte |
| Bonito | Centro-oeste | 3 | Todo el año; aguas más claras de diciembre a marzo | Todas las visitas se reservan con agencia |
| Manaos y la Amazonía | Norte | 3-4 | Todo el año | Vacuna de la fiebre amarilla recomendada |
| Florianópolis | Sur | 3 | De diciembre a marzo | En invierno el agua está fría |
Para un primer viaje de dos semanas, una buena opción es combinar Río de Janeiro, las cataratas del Iguazú y una región del noreste, ya sea Salvador o los Lençóis Maranhenses. Si se dispone de tres semanas, se puede añadir el Pantanal o la Amazonía.
Río de Janeiro y alrededores
Río de Janeiro

Río de Janeiro es la ciudad más famosa de Brasil y el punto de entrada de casi todos los viajes. Su área metropolitana cuenta con más de 12 millones de habitantes y la ciudad se encuentra encajada entre el mar, la bahía de Guanabara y unos morros cubiertos de selva. Requiere un mínimo de tres o cuatro días.
El Pan de Azúcar. Se accede a través de dos teleféricos, el bondinho: el primero llega hasta el Morro da Urca y el segundo sube hasta la cima, situada a 396 metros. Desde allí arriba se pueden ver la bahía, Copacabana y el Cristo al fondo. Lo ideal es subir una hora antes de la puesta de sol. La entrada para extranjeros tiene un precio de 199 reales, unos 34 €, y se adquiere en la web oficial.
El Cristo Redentor, situado en la cima del Corcovado, es una de las 7 Maravillas del Mundo moderno. Siempre está lleno, pero merece la pena. La manera más cómoda de subir es mediante las furgonetas oficiales o el tren del Corcovado, que parte desde el barrio de Cosme Velho. El billete de adulto para el tren cuesta 134 reales, unos 23 €, e incluye la entrada. Es conveniente subir a primera hora, antes de que lleguen los grupos y de que las nubes cubran la cima.
Las playas. Copacabana es la más famosa, aunque Ipanema y Leblon resultan más agradables. A la playa hay que ir con lo justo: nada de relojes, cámaras sin vigilar ni móviles caros. Se puede alquilar silla y sombrilla, y los vendedores pasan ofreciendo cerveza, coco y queso a la brasa.
También merece la pena visitar la escalera de Selarón, situada en Lapa, y el barrio de Santa Teresa, donde destacan sus casonas en la ladera, además de salir por la noche a Lapa para escuchar samba.
El mirador de Dois Irmãos

El Morro Dois Irmãos es uno de los mejores miradores de Río. Desde su cima se pueden ver Leblon, Ipanema, la laguna Rodrigo de Freitas y, a lo lejos, el Pan de Azúcar. Por el otro lado se ve la Rocinha, la favela más poblada de Brasil, que cuenta con más de 72.000 habitantes según el censo de 2022.
El sendero comienza en la parte alta de la favela de Vidigal, a la que se accede en mototaxi o furgoneta desde la avenida de la playa. Desde ese punto, se tarda unos 40 minutos en alcanzar la cima. Es una excursión muy popular, aunque es mejor realizarla por la mañana y con un guía o alguien del barrio.
Ilha Grande

Ilha Grande es una isla montañosa sin coches y cubierta de selva atlántica que se encuentra a unas tres horas de Río: hay que ir en autobús o furgoneta hasta Angra dos Reis o Conceição de Jacareí y, después, en barco. Vila do Abraão es el pueblo principal, y desde allí parten barcos y senderos hacia la Lagoa Azul y playas como Lopes Mendes, una de las más bonitas de Brasil.
Dos o tres días son suficientes para ver lo principal. Ilha Grande y Paraty son Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2019, debido a su cultura y su biodiversidad.
Paraty

Paraty es un pueblo colonial caracterizado por sus casas blancas y calles empedradas, situado a unas cuatro horas de Río siguiendo la costa. En el siglo XVIII, fue el puerto a través del cual salía el oro de Minas Gerais. Cuando las mareas son más altas, el agua invade algunas calles del centro, lo que impide el paso de los coches.
Además del pueblo, merece la pena salir en barco hacia las islas y playas de la bahía y bañarse en las cascadas de la sierra. Paraty e Ilha Grande se combinan bien en un mismo viaje.
Naturaleza: cataratas, dunas, humedales y selva
Las cataratas del Iguazú

Las cataratas del Iguazú son unas de las más impresionantes del planeta: cuentan con unos 275 saltos de agua a lo largo de 2,7 kilómetros, rodeados de selva, en la frontera entre Brasil y Argentina.
Alrededor del 80 % de los saltos se encuentran en el lado argentino, y lo ideal es visitar ambos:
- El lado brasileño se ve en medio día y ofrece la mejor vista de conjunto, la panorámica que sale en todas las fotos. La entrada general cuesta 134 reales, unos 23 €, incluye el autobús interno del parque y se compra en la web oficial con fecha y hora.
- El lado argentino pide un día entero. Tiene más pasarelas, pasa por encima de los saltos y llega hasta la Garganta del Diablo.
La base es Foz do Iguaçu, que cuenta con aeropuerto y vuelos desde Río y São Paulo. Para cruzar a Argentina hay que llevar el pasaporte.
Los Lençóis Maranhenses

Los Lençóis Maranhenses son un campo de dunas blancas junto al mar, situadas en el estado de Maranhão, que se llena de lagunas de agua dulce en tonos verdes y azules entre la época de lluvias y el final del invierno. El parque nacional abarca unas 155.000 hectáreas y es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde julio de 2024.
Hay que ir en la época adecuada. Las lagunas se llenan con las lluvias que caen entre enero y mayo y alcanzan su mejor momento de junio a septiembre. A partir de octubre muchas empiezan a secarse y, de noviembre a enero, pueden quedar pocas.
Lo habitual es establecerse en Barreirinhas, que se encuentra a unas cuatro horas por carretera de São Luís, ciudad que dispone de aeropuerto. Desde allí parten las excursiones en 4x4 hacia la Lagoa Azul y la Lagoa Bonita. El pueblo de Atins, más pequeño, es una mejor opción para alojarse unos días y caminar por las dunas.
El Pantanal

El Pantanal es la mayor zona de humedales tropicales del mundo, con una superficie de entre 140.000 y 195.000 kilómetros cuadrados según la medición. Se encuentra principalmente en Brasil, concretamente en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, y se extiende hasta Bolivia y Paraguay. Durante la época de lluvias, buena parte de la llanura se inunda.
Es el mejor sitio de Sudamérica para ver fauna, superando al Amazonas, ya que el terreno es abierto: caimanes, capibaras, nutrias gigantes, guacamayos, tucanes y jaguares. La mejor época es la seca, de julio a octubre, cuando los animales se concentran en las charcas que quedan.
El Pantanal se divide en dos zonas:
- El norte, desde Cuiabá. Se entra por la Transpantaneira, una carretera de tierra de unos 150 kilómetros con más de cien puentes de madera, con alojamientos a lo largo de la ruta. Al final está Porto Jofre, uno de los mejores sitios del mundo para ver jaguares en libertad, desde barcas en los ríos.
- El sur, desde Campo Grande. Tiene grandes haciendas ganaderas, las fazendas, que organizan salidas a caballo, en barca y en 4x4, y queda cerca de Bonito.
Bonito

Bonito, en Mato Grosso do Sul, es famoso por sus ríos de aguas transparentes, filtradas por la roca caliza. La actividad estrella es la flotación, que consiste en bajar un río con máscara y tubo dejándose llevar por la corriente entre peces, como ocurre en el río da Prata o el río Sucuri. También hay cascadas y cuevas como la Gruta do Lago Azul.
Para llegar se viaja desde Campo Grande, a unos 300 kilómetros, y se combina bien con el Pantanal sur.
El Parque Nacional de la Chapada Diamantina

La Chapada Diamantina es una región de mesetas, cañones, cuevas y cascadas situada en el interior de Bahía, a unas seis o siete horas en autobús al oeste de Salvador. Su nombre procede de los diamantes que se buscaban en esta zona durante el siglo XIX. El pueblo de Lençóis es la base para visitarla, aunque no hay que confundirlo con los Lençóis Maranhenses.
Entre los lugares más visitados destacan el Morro do Pai Inácio, ideal para ver las mesetas al atardecer; el Poço Azul y el Poço Encantado, que son dos cuevas inundadas de agua azul; la Pratinha; la Gruta da Lapa Doce y la Cachoeira da Fumaça, una cascada de más de 300 metros que se contempla desde arriba, asomado al borde. Para quienes practican el senderismo, la gran ruta es la del Vale do Pati, que dura de tres a cinco días.
Manaos y la selva amazónica

La mejor puerta de entrada a la selva amazónica es Manaos, la capital del estado de Amazonas. No se trata de un pueblo en la selva, sino de una ciudad de más de dos millones de habitantes a la que casi solo se puede llegar en avión o en barco.
En la ciudad se encuentra el Teatro Amazonas, un teatro de ópera de 1896 construido con el dinero del caucho, que desde julio de 2026 es Patrimonio Mundial de la UNESCO junto con el Theatro da Paz de Belém. A pocos kilómetros está el Encuentro de las Aguas, donde el río Negro, de color oscuro, y el Solimões, de color marrón, fluyen juntos durante kilómetros sin mezclarse antes de formar el Amazonas.
Para vivir la selva de verdad, lo más recomendable es pasar dos o tres noches en un lodge, un alojamiento situado en plena selva que organiza salidas en canoa, paseos nocturnos para ver caimanes y visitas a comunidades ribereñas.
Las mejores playas
Fernando de Noronha

Fernando de Noronha es un archipiélago volcánico situado en pleno Atlántico, a unos 350 kilómetros de la costa. Cuenta con algunas de las playas más bonitas del mundo, como la Baía do Sancho, a la que se accede bajando por una escalera situada en una grieta de la roca. Además, es uno de los mejores lugares de Brasil para bucear: se puede nadar con tortugas, rayas y tiburones de arrecife, y en la bahía hay delfines.
Gran parte del archipiélago es parque nacional marino y el número de visitantes está limitado. Por este motivo, Noronha es caro y hay que pagar dos tasas distintas:
- La tasa de preservación ambiental (TPA), que cobra el gobierno de Pernambuco por cada día de estancia: 105,79 reales por día en 2026, unos 18 €. El precio por día baja algo en las estancias más largas.
- La entrada al parque nacional marino, que para extranjeros cuesta 384 reales, unos 65 €, y vale para 10 días.
Para llegar se vuela desde Recife o Natal. Con cuatro o cinco días se ve bien.
Maragogi y la costa de Alagoas

La costa de Alagoas, situada entre Recife y Maceió, presume de algunas de las aguas más turquesas de Brasil; por este motivo, la llaman el «Caribe brasileño». Su principal atractivo son las piscinas naturales, conocidas en Maragogi como galés: lagunas de agua transparente que se forman sobre los arrecifes de coral durante la marea baja. El acceso es en barco y solo se pueden visitar cuando la marea está baja, por lo que las excursiones dependen de la tabla de mareas.
Maragogi es el destino más conocido. São Miguel dos Milagres es más tranquilo y cuenta con pequeñas posadas junto al mar.
Pipa y las dunas de Natal

Pipa es un pueblo pequeño con un ambiente relajado situado en Rio Grande do Norte, rodeado de playas y acantilados rojizos. En la Baía dos Golfinhos resulta fácil ver delfines desde la orilla cuando la marea está baja, y la cercana playa de surf ofrece buenas olas. Es un lugar ideal para pasar unos días sin hacer mucho más que surf, yoga y playa.

A una hora y media al norte se encuentra Natal, una ciudad de unos 750.000 habitantes que sirve de base para hacer excursiones en buggy por las dunas de Genipabu. El conductor pregunta si se quiere el paseo «con emoción» o «sin emoción», es decir, subiendo y bajando las dunas a toda velocidad o con calma.
El noreste de Brasil es la región más pobre del país, aunque también la más barata, y posee una cultura propia muy rica con influencia africana e indígena.
Florianópolis

Florianópolis, situada en el sur, se encuentra casi en su totalidad en la isla de Santa Catarina y en ningún punto de la ciudad se está lejos del mar. Cuenta con más de 40 playas, desde algunas muy animadas hasta otras a las que solo se puede acceder andando.
- Lagoa da Conceição es la zona más popular para alojarse, con restaurantes y vida nocturna junto a una laguna.
- Barra da Lagoa es una de las mejores playas y está cerca de otras más tranquilas.
- Lagoinha do Leste es de las playas más salvajes de Brasil. Se llega por un sendero de una hora y media o dos horas por la selva, con buen calzado.
- Praia Mole, Joaquina, Santinho y Campeche son las preferidas de los surfistas.
Florianópolis es un destino de verano, de diciembre a marzo. Durante el invierno hace fresco y el agua está fría.
Ciudades coloniales
Salvador de Bahía

Salvador fue la primera capital de Brasil, entre 1549 y 1763, y uno de los principales puertos de llegada de africanos esclavizados a América. Por este motivo es la ciudad más africana de Brasil: algo que se percibe en la música, la danza, la religión candomblé, la capoeira y la gastronomía, con platos como el acarajé y la moqueca.
El Pelourinho, su casco antiguo, es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1985. Cuenta con calles empedradas y casas de colores, decenas de iglesias barrocas —como la de São Francisco, forrada de oro por dentro— y música en directo casi todas las noches. El Elevador Lacerda conecta la ciudad alta con la baja y el Mercado Modelo.
Es posible hacer una excursión de un día a playas cercanas como Praia do Forte o Arembepe, un pueblo de pescadores situado a unos 45 kilómetros donde se instaló una comunidad hippie en los años setenta. Salvador es también la mejor base para ir a la Chapada Diamantina.
Olinda y Recife

Olinda, situada sobre unas colinas junto al mar, es uno de los cascos coloniales mejor conservados de Brasil. Sus miradores, iglesias, casas de colores y calles empedradas son Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1982. Se trata de un pueblo de artistas que cuenta con galerías y talleres, y durante el Carnaval sus cuestas se llenan de muñecos gigantes que desfilan por la zona.
Está pegada a Recife, la gran ciudad de la zona, que cuenta con aeropuerto y es la puerta de entrada a Fernando de Noronha y a las playas de Porto de Galinhas y Alagoas. Lo mejor es alojarse en Olinda, que tiene mucho más encanto, y visitar Recife de día.
Desde Recife también es posible dirigirse al interior, al sertón, donde se encuentra uno de los paisajes más sorprendentes de la región: la Pedra Furada de Venturosa, un arco de granito gigante situado a unos 250 kilómetros.
Consejos para organizar el viaje
Cuándo ir
Brasil es tan grande que siempre es buena época en alguna parte, aunque no en todas las regiones a la vez:
- Río y el sudeste: el verano, de diciembre a marzo, es caluroso y húmedo, con tormentas por la tarde. De abril a octubre hace menos calor y llueve menos.
- El noreste, de Salvador a los Lençóis: la mejor época para las playas es de septiembre a marzo. En la costa llueve sobre todo de abril a julio. Los Lençóis Maranhenses son una excepción: están mejor de junio a septiembre.
- El Pantanal: de julio a octubre, en la época seca.
- La Amazonía: se puede ir todo el año. Con el río alto, de mayo a julio, se navega entre los árboles de la selva inundada; con el río bajo, de septiembre a noviembre, aparecen playas y senderos.
- El sur y Florianópolis: de diciembre a marzo. En invierno hace frío, y en la sierra a veces hiela.
Cómo moverse
Las distancias son enormes y el tren de pasajeros casi no existe, así que para ir de una región a otra lo normal es volar. Las aerolíneas nacionales, LATAM, Gol y Azul, operan vuelos entre casi todas las capitales y son más baratos cuanto antes se reservan.
Para trayectos más cortos, como el de Río a Paraty o el de Salvador a la Chapada Diamantina, los autobuses de largo recorrido son cómodos y fiables; además, los nocturnos cuentan con asientos que se reclinan casi como una cama. En las ciudades, Uber y 99 funcionan bien y son baratos.
Dinero
La moneda es el real brasileño. A finales de septiembre de 2026, un euro valía unos 5,90 reales. Las tarjetas se aceptan casi en todas partes, incluso en los chiringuitos de la playa, así que no hace falta llevar mucho efectivo. Brasil no es un país barato: en Río o São Paulo los precios de hoteles y restaurantes se parecen a los de España.
Seguridad
La delincuencia es el principal problema de Brasil para el viajero. Algunos consejos básicos:
- No enseñar el móvil en la calle ni llevar joyas o relojes caros. El robo de móviles es el delito más habitual.
- Llevar solo el dinero del día y una tarjeta, y dejar el pasaporte en el hotel.
- Moverse en Uber o taxi de noche en vez de andar por calles vacías.
- No entrar en favelas por libre, salvo con un guía o alguien que viva allí.
Idioma y enchufes
El idioma oficial en Brasil es el portugués y, fuera de las zonas turísticas y los hoteles, poca gente habla inglés. No obstante, con español y algo de paciencia uno se entiende bastante bien. Si te preguntas por qué, lo explicamos en por qué en Brasil se habla portugués y no español, y también las diferencias entre el portugués de Brasil y el de Portugal.
Los enchufes son del tipo N, con tres clavijas redondas. En ellos encajan las clavijas finas de dos patas de los cargadores, pero no las gruesas con toma de tierra de muchos aparatos españoles, que requieren un adaptador. La tensión varía según la ciudad: 127 voltios en muchas del sudeste, como Río y São Paulo, y 220 voltios en otras, como Brasilia y buena parte del noreste. Los cargadores de móvil y portátil son compatibles con ambas.


