En enero de 2026, el mundo contaba con 12.187 cabezas nucleares distribuidas entre nueve países. De este total, 9.745 formaban parte de arsenales militares activos —es decir, están disponibles para usarse— y 4.012 estaban desplegadas, ya fuera montadas en misiles o en bases con fuerzas operativas.
Los datos proceden del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que los publica cada junio y es la referencia que utiliza casi todo el mundo. Conviene tomarlos por lo que son: estimaciones. Ningún país publica su inventario completo, Israel ni siquiera admite tenerlo y, desde 2026, hay bastante menos información disponible que antes, por un motivo que explico más abajo.
El dato que más se malinterpreta es el de la tendencia. El total baja año tras año —en 2025 eran 12.241— y resulta tentador interpretarlo como un proceso de desarme. No lo es:
- El total cae solo porque Rusia y Estados Unidos desmontan ojivas ya retiradas, apartadas del servicio hace años.
- Mientras tanto, el arsenal militar activo sube: de 9.614 a 9.745 en un año.
Dicho de otro modo, hay menos armas almacenadas en el desguace y más armas listas para usarse. Se trata de dos movimientos en direcciones opuestas, y el titular suele quedarse con el primero.
Quién tiene qué
Los nueve países con armas nucleares son Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.
| País | Desplegadas | Almacenadas | Arsenal militar | Retiradas | Inventario total | Total | 4.012 | 5.733 | 9.745 | 2.442 | 12.187 |
| Rusia | 1.796 | 2.604 | 4.400 | 1.020 | 5.420 |
| Estados Unidos | 1.770 | 1.930 | 3.700 | 1.342 | 5.042 |
| China | 34 | 586 | 620 | — | 620 |
| Francia | 280 | 10 | 290 | 80 | 370 |
| Reino Unido | 120 | 105 | 225 | — | 225 |
| India | 12 | 178 | 190 | s. d. | 190 |
| Pakistán | — | 170 | 170 | s. d. | 170 |
| Israel | — | 90 | 90 | s. d. | 90 |
| Corea del Norte | — | 60 | 60 | s. d. | 60 |
La disposición de las columnas no es casual y comprenderlas cambia la forma de leer los datos:
- Desplegadas: montadas en misiles o en bases con unidades operativas. Son las que podrían usarse de inmediato.
- Almacenadas: en depósito central. Requieren preparación —montar componentes, cargarlas en un lanzador— antes de poder emplearse.
- Arsenal militar: la suma de las dos anteriores. Es la cifra que de verdad mide la capacidad de un país.
- Retiradas: apartadas del servicio y en cola para desmontarse. Siguen existiendo, pero no cuentan como capacidad.
Con eso a la vista, tres conclusiones:
Rusia y Estados Unidos siguen siendo el problema. Entre ambos concentran cerca del 83 % de todas las ojivas de los arsenales militares. Cualquier conversación sobre desarme que no los incluya es decorativa.
China es la que más crece, con diferencia. Ha pasado de unas 350 cabezas en 2022 a 620, y no ha terminado: en enero de 2026 ya tenía cientos de misiles cargados en tres grandes campos de silos en el norte del país y trabajaba en otros treinta silos en tres zonas montañosas del este. Las proyecciones la sitúan por encima de las mil ojivas hacia 2030. Aun así, conviene mantener la escala: 620 frente a 5.420 rusas.
Los aumentos pequeños también cuentan. Corea del Norte ha pasado de unas 50 a unas 60 ojivas, e India de 180 a 190. En el caso de Francia, el salto de 290 a 370 en el inventario total no es un rearme: se debe a que ahora se contabilizan 80 ojivas retiradas que antes no aparecían.
Qué es un arma nuclear y cómo se mide
Un arma nuclear libera energía de forma explosiva mediante fisión, fusión o una combinación de las dos:
- Las de fisión son las bombas atómicas: un núcleo pesado se parte.
- Las de fusión son las termonucleares o bombas de hidrógeno: dos núcleos ligeros se unen. Pueden ser hasta mil veces más potentes que una bomba atómica.
La potencia se mide en equivalentes de TNT y, por este motivo, se habla en kilotones y megatones:
- 1 kilotón = la energía de 1.000 toneladas de TNT.
- 1 megatón = la de un millón de toneladas.
Para tener una referencia: la bomba de Hiroshima, en agosto de 1945, contenía unos 64 kg de uranio enriquecido y liberó unos 15 kilotones. Unas 80.000 personas murieron de forma prácticamente instantánea y el total se estimó después en unas 135.000. En esta cifra se incluye a quienes murieron por la radiación en las semanas siguientes y no solo a japoneses, sino también a coreanos en trabajos forzados y a prisioneros de guerra estadounidenses.
Esta cifra sirve como escala. Una ojiva estratégica actual no es como la de Hiroshima: es entre diez y cien veces más potente.
Estratégicas y tácticas
Esta es la otra distinción que aparece siempre en las noticias. Las estratégicas son las de alcance intercontinental, aquellas que llegan de Moscú a Washington. Las tácticas o no estratégicas tienen menos alcance y menos potencia, y están pensadas para un campo de batalla.
Esta diferencia es importante porque las tácticas son las que más preocupan a los analistas: son más pequeñas, resulta más difícil contabilizarlas, quedan fuera de los tratados de control y su uso se percibe —equivocadamente— como un paso menos grave.
Cuánta potencia tienen y en cuánto tiempo se lanzan
Cuánto tardan
No todos los países mantienen sus armas con el mismo nivel de disponibilidad, y la diferencia entre ellos se mide en órdenes de magnitud:
- Estados Unidos y Rusia mantienen parte de su arsenal en alerta alta, listo para lanzarse en menos de quince minutos. El SIPRI calcula que entre 2.100 y 2.200 ojivas están así, casi todas de estos dos países, con cantidades menores de Francia y Reino Unido. Es posible que China e India hayan empezado a hacerlo también de forma ocasional.
- China, Israel, India y Pakistán las guardan sobre todo en almacenamiento central: habría que sacarlas y acoplarlas a sus lanzadores, lo que llevaría días o semanas.
- Reino Unido las tiene permanentemente en submarinos, pero sin objetivo asignado, lo que requiere horas o días para pasar a estado de lanzamiento.
Cuánta potencia
La bomba más potente del arsenal estadounidense sigue siendo la B83, con hasta 1,2 megatones, lo que equivale a unas ochenta veces la potencia de la de Hiroshima. Aunque se anunció en 2022 que está previsto retirarla, a día de hoy continúa en el inventario y su retirada es uno de los asuntos que más pelea ha dado en el Congreso.
Cuando finalmente sea retirada, el arma más potente pasará a ser la W88 de los misiles Trident, con unos 455 kilotones. Como sustituta de la B83 se ha desarrollado la B61-13, de entre 340 y 360 kilotones, que se incorporó al arsenal antes de lo previsto.
Una idea contraintuitiva para cerrar: las ojivas actuales son más pequeñas que las de la Guerra Fría, y eso las hace más utilizables. Cuando la puntería era mala, hacía falta una bomba enorme para asegurar el blanco; con la precisión actual basta mucho menos. El arsenal ha perdido megatones y ha ganado usabilidad.
Lo que cambió en febrero de 2026: el último tratado caducó
Es la novedad más relevante sobre este tema en años y ha pasado casi inadvertida.
El New START, firmado en 2010 entre Estados Unidos y Rusia, limitaba las ojivas estratégicas desplegadas de ambos países y —esto es lo que se olvida— obligaba a declararse mutuamente las cifras. Dichas declaraciones constituían la única fuente oficial de datos sobre los dos arsenales más grandes del mundo.
Caducó en febrero de 2026 sin sustituto. Por primera vez en más de medio siglo, no existe ningún tratado que limite los arsenales de Rusia y Estados Unidos.
Las consecuencias son dos, y ambas importan:
- Se han quedado a oscuras las cifras. El propio SIPRI lo dice en su informe: la expiración «ha eliminado esa fuente de datos del debate público». Los números de este artículo son ahora estimaciones basadas en observación de fuerzas y en el material fisible que se cree que cada país ha producido, con más incertidumbre que antes.
- Desaparece el techo. Nada impide ya aumentar las ojivas desplegadas en misiles estratégicos, y el SIPRI apunta que es una decisión que la administración estadounidense podría tomar precisamente por la caducidad del tratado.
El contexto general no ayuda. Según el instituto, los nueve países reforzaron sus arsenales durante 2025; la mayoría desplegó sistemas nuevos y varios aumentaron sus reservas de ojivas. La tendencia de décadas —desmantelar más rápido de lo que se despliega— se está invirtiendo, y los Estados «recurren cada vez más a las armas nucleares como instrumentos de poder nacional».
Por qué nadie las quiere y nadie se deshace de ellas
Las armas nucleares son, sobre el papel, un instrumento que solo sirve para no usarse: disuasión. Su utilidad depende por completo de que el adversario crea que existen y que podrían emplearse.
Este razonamiento es también el motivo por el que no desaparecen. Renunciar a ellas requeriría un nivel de confianza mutua entre todos los Estados del sistema internacional que no existe, y cada uno llega a la misma conclusión: el primero en desarmarse queda expuesto.
Existen precedentes de reducción y fueron enormes. La comparación con el punto máximo permite dimensionarlos:
- En 1967, Estados Unidos tenía 31.255 armas nucleares. Hoy su inventario total es de 5.042.
- En 1991, la Unión Soviética manejaba alrededor de 35.000, repartidas en miles de emplazamientos a lo largo de once husos horarios. Rusia declara hoy 5.420.
Se ha reducido, por tanto, alrededor del 85 % desde el máximo. Pero esa reducción se llevó a cabo casi toda en los años noventa y dos mil, bajo el amparo de tratados que se negociaron cuando existía voluntad de hacerlo: el de Prohibición Parcial de Pruebas de 1963, el de No Proliferación de 1968 y los START.
Lo que queda ahora es la parte difícil y el momento es el peor en décadas: sin New START, con un crecimiento rápido de China, con nueve países modernizando sus arsenales a la vez y con Corea del Norte añadiendo ojivas.
Es razonable pensar que las grandes reducciones ya se hicieron y que lo que sigue se parece más a una meseta —o a un incremento lento— que a una continuación del desarme.
