¿Cuántas armas nucleares existen y quién las tiene?

Rubén, actualizado a 24 septiembre 2026
cuantas armas nucleares hay quien las tiene

En enero de 2026 había en el mundo 12.187 cabezas nucleares, repartidas entre nueve países. De ellas, 9.745 formaban parte de arsenales militares activos —es decir, están disponibles para usarse— y 4.012 estaban desplegadas, montadas en misiles o en bases con fuerzas operativas.

Las cifras son del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que las publica cada junio y es la referencia que usa casi todo el mundo. Conviene tomarlas por lo que son: estimaciones. Ningún país publica su inventario completo, Israel ni siquiera admite tenerlo, y desde 2026 hay bastante menos información disponible que antes, por un motivo que explico más abajo.

El dato que más se malinterpreta es el de la tendencia. El total baja año a año —eran 12.241 en 2025—, y es tentador leerlo como desarme. No lo es:

  • El total cae solo porque Rusia y Estados Unidos desmontan ojivas ya retiradas, apartadas del servicio hace años.
  • Mientras tanto, el arsenal militar activo sube: de 9.614 a 9.745 en un año.

Es decir, hay menos armas guardadas en el desguace y más armas listas para usarse. Son dos movimientos en direcciones contrarias, y el titular suele quedarse con el primero.

Quién tiene qué

Los nueve países con armas nucleares son Rusia, Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.

Armas nucleares por país, enero de 2026 (SIPRI)

PaísDesplegadasAlmacenadasArsenal militarRetiradasInventario total
Total4.0125.7339.7452.44212.187
Rusia1.7962.6044.4001.0205.420
Estados Unidos1.7701.9303.7001.3425.042
China34586620—620
Francia2801029080370
Reino Unido120105225—225
India12178190s. d.190
Pakistán—170170s. d.170
Israel—9090s. d.90
Corea del Norte—6060s. d.60

Las columnas no son un capricho, y entenderlas cambia la lectura:

  • Desplegadas: montadas en misiles o en bases con unidades operativas. Son las que podrían usarse de inmediato.
  • Almacenadas: en depósito central. Requieren preparación —montar componentes, cargarlas en un lanzador— antes de poder emplearse.
  • Arsenal militar: la suma de las dos anteriores. Es la cifra que de verdad mide la capacidad de un país.
  • Retiradas: apartadas del servicio y en cola para desmontarse. Siguen existiendo, pero no cuentan como capacidad.

Con eso a la vista, tres conclusiones:

Rusia y Estados Unidos siguen siendo el problema. Entre los dos acumulan alrededor del 83 % de todas las ojivas de los arsenales militares. Cualquier conversación sobre desarme que no los incluya es decorativa.

China es la que más crece, con diferencia. Ha pasado de unas 350 cabezas en 2022 a 620, y no ha terminado: en enero de 2026 tenía ya cientos de misiles cargados en tres grandes campos de silos en el norte del país y trabajaba en otros treinta silos en tres zonas montañosas del este. Las proyecciones la sitúan por encima de las mil ojivas hacia 2030. Aun así, conviene mantener la escala: 620 frente a 5.420 rusas.

Los aumentos pequeños también cuentan. Corea del Norte ha pasado de unas 50 a unas 60, e India de 180 a 190. Y en el caso de Francia, el salto de 290 a 370 en el inventario total no es rearme: es que ahora se le contabilizan 80 ojivas retiradas que antes no aparecían.

Qué es un arma nuclear y cómo se mide

Un arma nuclear libera energía de forma explosiva mediante fisión, fusión o una combinación de las dos:

  • Las de fisión son las bombas atómicas: un núcleo pesado se parte.
  • Las de fusión son las termonucleares o bombas de hidrógeno: dos núcleos ligeros se unen. Pueden ser hasta mil veces más potentes que una bomba atómica.

La potencia se mide en equivalente de TNT, y por eso se hablan en kilotones y megatones:

  • 1 kilotón = la energía de 1.000 toneladas de TNT.
  • 1 megatón = la de un millón de toneladas.

Para tener una referencia con la que pensar: la bomba de Hiroshima, en agosto de 1945, contenía unos 64 kg de uranio enriquecido y liberó unos 15 kilotones. Murieron 80.000 personas de forma prácticamente instantánea y el total se estimó después en unas 135.000, contando a los que murieron por la radiación en las semanas siguientes, y no solo japoneses: también coreanos en trabajos forzados y prisioneros de guerra estadounidenses.

Esa cifra sirve de escala. Una ojiva estratégica actual no es como la de Hiroshima: es entre diez y cien veces más potente.

Los efectos que se cuentan menos son los que más duraron. En Hiroshima el calor propagó incendios por la ciudad durante tres días, atrapando a gente en sus casas, y la lluvia radiactiva siguió cayendo después de que la nube se deshiciera.

Estratégicas y tácticas

Es la otra distinción que aparece siempre en las noticias. Las estratégicas son las de alcance intercontinental, las que llegan de Moscú a Washington. Las tácticas o no estratégicas tienen menos alcance y menos potencia, y están pensadas para un campo de batalla.

La diferencia importa porque las tácticas son las que más preocupan a los analistas: son más pequeñas, más difíciles de contabilizar, quedan fuera de los tratados de control y su uso se percibe —equivocadamente— como un paso menos grave.

Cuánta potencia tienen y en cuánto tiempo se lanzan

Cuánto tardan

No todos los países tienen sus armas en el mismo estado de disponibilidad, y la diferencia se mide en órdenes de magnitud:

  • Estados Unidos y Rusia mantienen parte de su arsenal en alerta alta, listo para lanzarse en menos de quince minutos. El SIPRI calcula que entre 2.100 y 2.200 ojivas están así, casi todas de estos dos países, con cantidades menores de Francia y Reino Unido. Es posible que China e India hayan empezado a hacerlo también de forma ocasional.
  • China, Israel, India y Pakistán las guardan sobre todo en almacenamiento central: habría que sacarlas y acoplarlas a sus lanzadores, lo que llevaría días o semanas.
  • Reino Unido las tiene permanentemente en submarinos, pero sin objetivo asignado, lo que requiere horas o días para pasar a estado de lanzamiento.

Cuánta potencia

La bomba más potente del arsenal estadounidense sigue siendo la B83, de hasta 1,2 megatones: unas ochenta veces la de Hiroshima. Está previsto retirarla —se anunció en 2022— pero a día de hoy continúa en el inventario, y su retirada es uno de los asuntos que más pelea ha dado en el Congreso.

Cuando finalmente salga, la arma más potente pasará a ser la W88 de los misiles Trident, con unos 455 kilotones. Como sustituta de la B83 se ha desarrollado la B61-13, de entre 340 y 360 kilotones, que entró en el arsenal antes de lo previsto.

Todo esto palidece ante la Tsar Bomba soviética: 50 megatones, unas 3.300 veces Hiroshima, la mayor explosión provocada por el ser humano. Fue un ejercicio de propaganda, demasiado grande para cualquier uso militar real, y nunca se fabricó una versión operativa.

Una idea contraintuitiva para cerrar: las ojivas actuales son más pequeñas que las de la Guerra Fría, y eso las hace más utilizables. Cuando la puntería era mala hacía falta una bomba enorme para asegurar el blanco; con la precisión de hoy basta mucho menos. El arsenal ha perdido megatones y ha ganado usabilidad.

Lo que cambió en febrero de 2026: el último tratado caducó

Es la novedad más importante de este asunto en años y pasó con poco ruido.

El New START, firmado en 2010 entre Estados Unidos y Rusia, limitaba las ojivas estratégicas desplegadas de ambos y —esto es lo que se olvida— obligaba a declararse mutuamente las cifras. Esas declaraciones eran la única fuente oficial de datos sobre los dos mayores arsenales del mundo.

Caducó en febrero de 2026 sin sustituto. No hay tratado que limite los arsenales de Rusia y Estados Unidos por primera vez en más de medio siglo.

Las consecuencias son dos, y ambas importan:

  1. Se han quedado a oscuras las cifras. El propio SIPRI lo dice en su informe: la expiración «ha eliminado esa fuente de datos del debate público». Los números de este artículo son ahora estimaciones basadas en observación de fuerzas y en el material fisible que se cree que cada país ha producido, con más incertidumbre que antes.
  2. Desaparece el techo. Nada impide ya aumentar las ojivas desplegadas en misiles estratégicos, y el SIPRI apunta que es una decisión que la administración estadounidense podría tomar precisamente por la caducidad del tratado.

El contexto general no ayuda. Según el instituto, los nueve países reforzaron sus arsenales durante 2025, la mayoría desplegando sistemas nuevos, y varios aumentaron sus reservas de ojivas. La tendencia de décadas —desmantelar más rápido de lo que se despliega— se está invirtiendo, y los Estados «recurren cada vez más a las armas nucleares como instrumentos de poder nacional».

La lectura optimista de que «el número total baja» necesita este añadido: baja porque se está limpiando el almacén de ojivas viejas, un stock que se agota. Lo que puede usarse está subiendo, y ya no hay tratado ni inspecciones que lo cuenten.

Por qué nadie las quiere y nadie se deshace de ellas

Las armas nucleares son, sobre el papel, un instrumento que solo sirve para no usarse: disuasión. Su utilidad depende por completo de que el adversario crea que existen y que podrían emplearse.

Ese razonamiento es también la razón por la que no desaparecen. Renunciar a ellas exigiría un grado de confianza mutua entre todos los Estados del sistema internacional que no existe, y cada uno concluye lo mismo: el primero en desarmarse queda expuesto.

Hay precedentes de reducción, y fueron enormes. La comparación con el pico da la medida:

  • En 1967, Estados Unidos tenía 31.255 armas nucleares. Hoy su inventario total es de 5.042.
  • En 1991, la Unión Soviética manejaba alrededor de 35.000, repartidas en miles de emplazamientos a lo largo de once husos horarios. Rusia declara hoy 5.420.

Se ha reducido, por tanto, alrededor del 85 % desde el máximo. Pero esa reducción se hizo casi toda en los años noventa y dos mil, al amparo de tratados que se negociaron cuando había voluntad de negociarlos: el de Prohibición Parcial de Pruebas de 1963, el de No Proliferación de 1968, los START.

Lo que queda ahora es la parte difícil, y el momento es el peor en décadas: sin New START, con China creciendo rápido, con nueve países modernizando a la vez y con Corea del Norte añadiendo ojivas.

Es razonable pensar que las grandes reducciones ya se hicieron y que lo que viene se parece más a una meseta —o a una subida lenta— que a una continuación del desarme.

Fuentes

  1. sipri.org
  2. sipri.org
  3. fas.org