El concepto de «difícil» no significa nada por sí solo: un idioma es difícil respecto a los que ya hablas. Para alguien que habla español, el italiano es fácil y el chino es dificilísimo; para un japonés, el orden es distinto.
Por ello, la referencia más útil no es una lista de opiniones, sino la del Instituto del Servicio Exterior de Estados Unidos (FSI). Esta institución lleva setenta años enseñando idiomas a diplomáticos y mide un dato muy concreto: cuántas horas de clase hacen falta, de media, para alcanzar un nivel profesional.
Su escala oscila entre las 600 horas de las lenguas más cercanas y las 2.200 horas del grupo que ellos mismos denominan super-hard. Casi cuatro veces más tiempo.
Los cuatro más difíciles, y por qué
Chino mandarín
Es la lengua con más hablantes nativos del mundo y la que más dificultades presenta a los occidentales debido a dos motivos que se suman.
El primero es que es una lengua tonal: la misma sílaba pronunciada con cuatro entonaciones diferentes —además de una neutra— tiene cuatro significados sin ninguna relación entre sí. Para un oído acostumbrado al español, esas diferencias literalmente no se oyen al principio.
El segundo motivo es la escritura, que no tiene alfabeto. Cada palabra se compone de uno o varios caracteres que deben memorizarse individualmente, y saber decir una palabra no te dice cómo se escribe, ni al revés. Para leer un periódico hacen falta unos 3.000 caracteres; alcanzar ese nivel requiere años.
Árabe
Unos 400 millones de personas lo hablan y es la lengua litúrgica del islam. Sus dificultades son de otro tipo:
- Las vocales cortas no se escriben. El lector tiene que deducirlas por el contexto, lo cual exige saberse ya la palabra para poder leerla.
- Cada letra cambia de forma según vaya al principio, en medio o al final de la palabra.
- Se escribe de derecha a izquierda.
- Y el problema mayor: el árabe hablado y el escrito son casi dos idiomas. El árabe clásico moderno sirve para leer y para los informativos, pero en la calle se hablan dialectos —marroquí, egipcio, levantino, del Golfo— que a menudo no se entienden entre sí. Aprender árabe obliga a elegir cuál.
Japonés
El que el FSI considera el más costoso de todos, y la razón principal es la escritura: usa tres sistemas a la vez.
- Hiragana y katakana, dos silabarios de unos 46 signos cada uno, que sí son fonéticos.
- Kanji, los caracteres de origen chino: hay que conocer unos 2.136 para el uso oficial, y cada uno se puede leer de varias maneras distintas según la palabra en la que aparezca.
A esto se le suma un sistema de cortesía con varios niveles que cambia los verbos según con quién hables. La gramática, en cambio, es de las partes más agradecidas: sin géneros, sin plurales y sin conjugación por persona.
Coreano
El idioma aislado más hablado del mundo: no tiene parientes conocidos, así que no hay ningún vocabulario que reconozcas.
En este caso la escritura no supone un problema, ya que el hangul se inventó en el siglo XV para ser sencillo y se aprende en un par de tardes. Lo difícil es la estructura: el orden es sujeto-objeto-verbo, por lo que la información importante llega al final de la frase y hay que retener toda la oración en la cabeza hasta llegar al verbo. Además, cuenta con un sistema de tratamientos que obliga a cambiar la forma verbal según la relación con el interlocutor.
Los que no salen en las listas y también cuestan
Cuatro idiomas ocupan el escalón de las 2.200 horas, aunque justo debajo hay algunos que sorprenden.
Húngaro, finés y estonio
No son indoeuropeos, sino que pertenecen a la familia urálica, por lo que su vocabulario no se parece a nada de lo que conoce un hispanohablante. Además, son aglutinantes con muchísimos casos: el húngaro cuenta con dieciocho y el finés con quince. Esto significa que las preposiciones no existen y su función se cumple añadiendo terminaciones a las palabras.
Euskera
Lo más difícil de esta lista lo tenemos en casa. El euskera es un idioma aislado, al igual que el coreano: no se ha podido emparentar con ninguna otra lengua viva y es anterior a la llegada de las lenguas indoeuropeas a la península. Su vocabulario no se parece al del castellano y su gramática es ergativa —el sujeto de un verbo transitivo se marca de forma distinta que el de uno intransitivo—. Además, el verbo concuerda a la vez con el sujeto, el objeto directo y el indirecto.
Hindi
Lo hablan unas 350 millones de personas y es lengua oficial del gobierno de la India. Se escribe en devanagari, un alfasilabario que se reconoce por la barra horizontal que une las letras por la parte superior, y su orden es también sujeto-objeto-verbo.
No obstante, presenta una ventaja muy agradecida: su escritura es casi perfectamente fonética, al igual que la del español. Cada signo suena siempre igual, por lo que se puede leer todo una vez aprendido el alfabeto. En este aspecto se asemeja al español y se diferencia del inglés o del francés.
Y el que casi nadie menciona
También están las lenguas con inventarios de sonidos enormes, como el xhosa o el zulú, con sus chasquidos, o el navajo, que fue usado como código indescifrable en la Segunda Guerra Mundial precisamente porque su estructura no se parece a nada.
La ventaja de partir del español. Al hablar castellano ya se tiene mucho ganado en italiano, portugués, catalán, gallego, francés y rumano, y bastante en inglés debido al vocabulario de origen latino.
Y hay un detalle que consuela: el español se encuentra en la categoría más fácil de la escala del FSI. Aprender inglés le cuesta a un español bastante menos de lo que le cuesta a un inglés aprender chino.
