La idea de que en un avión respiras el aire reciclado de trescientas personas está muy extendida y es falsa. El aire de una cabina se renueva entre 20 y 30 veces por hora, y la parte que se recircula pasa por filtros HEPA que retienen el 99,97 % de las partículas de 0,3 micras o más: virus, bacterias y esporas incluidos.
Para comparar: una oficina normal renueva el aire entre dos y seis veces por hora. Respiras aire más limpio a diez mil metros que sentado en tu escritorio.
Y sin embargo la gente se pone mala volando. El motivo es otro, y saber cuál cambia lo que hay que hacer.
Lo que de verdad contagia: la distancia, no el aire
Los estudios sobre transmisión en vuelos comerciales apuntan todos al mismo sitio: el contagio ocurre entre personas cercanas, antes de que ese aire llegue a pasar por el sistema de filtrado. La ventilación funciona de arriba abajo y por secciones, no a lo largo del pasillo, así que lo que importa es quién tienes al lado, delante y detrás, no quién va veinte filas más allá.
De ahí salen las dos medidas que sí sirven, y ninguna es espectacular:
- Elegir bien el asiento. Ventanilla implica menos gente pasando por tu lado y menos veces levantarte. En los recuentos de contactos, el pasajero de pasillo interactúa con muchas más personas durante el vuelo.
- Las manos y las superficies. La bandeja, el cinturón, el botón del baño y la pantalla táctil los ha tocado el pasaje anterior, y el tiempo de limpieza entre vuelos cortos es de minutos. Aquí es donde la tripulación y los viajeros frecuentes acumulan más resfriados, y no por el aire.
Lo que sí puedes hacer
- Lávate las manos, y con tiempo. Es la medida más eficaz y la que peor se hace: la mayoría de la gente no llega a los veinte segundos ni se limpia entre los dedos y bajo las uñas. En el avión, gel hidroalcohólico antes de comer.
- Abre el difusor de aire de encima de tu asiento. Ese chorro sale del sistema filtrado y crea una pequeña barrera de aire limpio descendente alrededor de tu cabeza. Apuntarlo ligeramente por delante de tu cara funciona mejor que cerrarlo.
- Bebe agua. La humedad de una cabina ronda el 10-20 %, más seca que un desierto. Las mucosas resecas son peor barrera frente a cualquier virus, y encima es lo que empeora el jet lag.
- Muévete. Cada dos horas, levantarse y andar un poco. No es solo por los contagios: en vuelos largos está lo de la trombosis, que es el riesgo real de estar sentado ocho horas.
- Mascarilla, si te preocupa. Sigue funcionando frente al vecino de asiento, que es de donde viene el problema. Cuáles filtran de verdad y cuáles no, en la guía de mascarillas.
