¿Qué y dónde está el desierto antártico?

Rubén, actualizado a 10 septiembre 2026
que es donde esta desierto antartico

Al pensar en un desierto, solemos imaginar dunas, sed y un sol abrasador. Sin embargo, la definición de desierto no se refiere al calor ni a la arena, sino a la precipitación. Un desierto es aquel lugar donde cae muy poca agua.

Siguiendo ese criterio, el mayor desierto del mundo es la Antártida. Sus 14 millones de kilómetros cuadrados —una superficie más grande que Europa y casi el doble que Australia— la convierten en el desierto más extenso del planeta, situándola muy por delante del Sáhara.

Y cumple el requisito con creces: en el interior del continente caen menos de 50 milímetros de agua al año, una cifra inferior a la del desierto de Atacama. Toda esa nieve y ese hielo que lo cubren no son lluvia reciente, sino precipitación acumulada durante cientos de miles de años que nunca llega a derretirse.

Resulta sorprendente que un lugar helado sea un desierto, pero tiene sentido: qué tienen en común todos los desiertos.

Historia del continente que se supuso antes de verlo

En el siglo II de nuestra era, Ptolomeo ya defendía la existencia de una gran masa de tierra en el sur para equilibrar las del norte. La llamó Terra Australis Incognita y, durante mil quinientos años, apareció en los mapas sin que nadie la hubiera visto.

Los primeros avistamientos confirmados no se produjeron hasta principios del siglo XIX, y ocurrieron casi al mismo tiempo desde tres países:

  • 27 de enero de 1820: el ruso Fabián von Bellingshausen avista el continente. Es a quien se suele atribuir el descubrimiento.
  • 7 de febrero de 1821: el cazador de focas estadounidense John Davis realiza el primer desembarco documentado.
  • 1841: la expedición del británico James Clark Ross cartografía buena parte de la costa. La isla y la barrera de hielo de Ross llevan su nombre.
retrato de roald amundsen con ropa polar
Roald Amundsen, el primero en llegar al Polo Sur, el 14 de diciembre de 1911

El 14 de diciembre de 1911, el noruego Roald Amundsen y su equipo fueron los primeros en alcanzar el Polo Sur geográfico. Se adelantaron por poco más de un mes a la expedición británica de Robert Falcon Scott, quien llegó al lugar pero murió durante el camino de vuelta.

El Tratado Antártico, un acuerdo insólito

El 1 de diciembre de 1959, en plena Guerra Fría, los países activos en el continente firmaron el Tratado Antártico. Su idea era radical para la época y sigue siéndolo: la Antártida se dedica exclusivamente a la ciencia y a la paz, no se permiten actividades militares y las reclamaciones territoriales quedan congeladas —ni se reconocen ni se niegan, simplemente se aparcan—.

Más tarde se añadió el Protocolo de Madrid, firmado en 1991 y en vigor desde 1998, el cual protege el medio ambiente antártico y prohíbe cualquier actividad minera.

Cuidado con el «hasta 2048», que se repite mucho y es un malentendido. La prohibición de minería no tiene fecha de caducidad: el artículo 7 del Protocolo establece que toda actividad relacionada con recursos minerales que no sea investigación científica está prohibida, sin límite temporal.

Lo que ocurre en 2048 es otra cosa: a partir de ese año, cualquier país firmante podrá pedir que se convoque una conferencia de revisión del Protocolo. Levantar la prohibición seguiría requiriendo un acuerdo y, hasta 2048, exige la unanimidad de todos los países consultivos. La prohibición no expira; solo se abre la puerta a discutirla.

Existen yacimientos conocidos de platino, carbón, cobre, níquel y oro bajo el hielo antártico, y esa es exactamente la razón por la que el Protocolo importa. Sí está permitida cierta pesca comercial regulada en las aguas circundantes.

Cómo se vive en el desierto más frío del mundo

La Antártida no tiene población permanente. Nadie es antártico, ya que no existen ciudades, ni gobierno, ni residentes. Lo que hay son unas setenta bases científicas de una treintena de países, con alrededor de 1.000 personas en invierno y hasta 5.000 en verano.

El clima

En la costa las nevadas son frecuentes, pero el interior apenas recibe precipitación: en el Polo Sur caen menos de 50 milímetros de agua al año.

Las temperaturas del interior descienden habitualmente entre -60 y -80 °C durante el invierno, y el récord medido en superficie es de -89,2 °C, registrado en la base rusa de Vostok en 1983. En la costa, por el contrario, el verano es casi templado: en algunos puntos de la península se alcanzan entre 5 y 15 °C.

La vida, casi toda en la orilla

La escasez de agua líquida, la pobreza del suelo y el frío provocan que casi nada crezca. La vegetación se limita a líquenes, musgos, hongos y algas, y solo dos plantas con flor han logrado establecerse en todo el continente: la Deschampsia antarctica y la Colobanthus quitensis.

Prácticamente ningún animal sobrevive en el interior. De hecho, hay un dato que siempre sorprende:

El mayor animal terrestre de la Antártida es un mosquito de seis milímetros.

Su nombre es Belgica antarctica y no tiene alas —le servirían de poco con esos vientos—, siendo el único insecto endémico del continente. Todo lo que es más grande que él —pingüinos, focas, ballenas— depende del mar para comer, así que técnicamente no es fauna terrestre.

Toda la vida visible se concentra en la costa: grandes colonias de pingüinos, focas, ballenas y orcas, además del petrel de las nieves, que es el ave que llega más al interior, casi hasta el Polo Sur.

Las amenazas

  • El calentamiento. El retroceso de los glaciares, el colapso de plataformas de hielo y la acidificación del océano están alterando los ciclos de las especies antárticas. Los mínimos de hielo marino de los últimos años han sido los más bajos desde que existen registros por satélite.
  • El turismo. Aquí está el cambio más rápido: la temporada 2024-25 registró 118.491 visitantes, cuando hace no tanto eran unas decenas de miles. Casi todos llegan en barco a la península antártica.
  • Las especies invasoras. Semillas y esporas pegadas a la ropa y el calzado, y ratas llegadas en los barcos. Las aves antárticas nunca han tenido depredadores terrestres, así que no saben defenderse de ellos.
  • La presión sobre los recursos. La pesca y la minería siguen siendo la tentación de fondo, y la solidez del Protocolo depende de que los países sigan queriendo respetarlo.
También disponemos de información sobre el continente respecto a a qué temperatura está el agua y quién reclama qué territorio. Y en el polo opuesto: dónde encontrar osos polares —que en la Antártida no hay—.