Suiza tiene fama de ser uno de los países más caros del mundo y Basilea, pese a estar pegada a la frontera con Francia y Alemania, mantiene precios muy suizos. Sus vecinos siempre pueden cruzar a comprar más barato al otro lado, pero ¿de verdad hace falta arruinarse para disfrutar de la ciudad? Rotundamente no.
Después de pasar un mes explorando esta encantadora ciudad a orillas del Rin, he reunido una veintena de planes gratuitos —museos, baños en el río, parques, arte callejero y hasta un zoo— para que descubras lo mejor de Basilea sin apenas tocar la cartera. En esta guía verás primero cuánto cuesta de verdad la vida aquí y, a continuación, todo lo que puedes hacer y ver gratis, ordenado por zonas y temas.
¿Es cara Basilea? Lo que cuesta viajar a la ciudad
Empecemos por la pregunta que todos nos hacemos antes de viajar a Suiza: sí, Basilea es cara, pero menos de lo que temes si sabes moverte.
Según portales de viajes como BudgetYourTrip, un visitante gasta de media en torno a 170 CHF al día (unos 160 euros), y una habitación individual ronda los 100 CHF (unos 95 euros). Son cifras orientativas: los precios suizos se revisan cada año, así que tómalos como referencia y no al céntimo.
El coste de la vida en Basilea es, según HikersBay, alrededor de un 35 % más alto que en Nueva York. Con un salario medio neto de unos 5.500 CHF al mes, los basilienses pueden permitírselo; para el resto, un billete sencillo de transporte público (en torno a 4 CHF) o un kilómetro de taxi ya parecen un lujo. Por suerte, siempre queda la opción más barata de todas: ¡caminar!
Los precios de este artículo son aproximados y sirven solo de orientación. Suiza actualiza sus tarifas cada año, así que conviene consultar las webs oficiales antes de viajar.
¿Cuánto cuesta comer en Basilea?
Según Numbeo, comer en un restaurante económico ronda los 27 CHF (unos 26 euros), mientras que un menú de tres platos para dos en un local de gama media puede irse a unos 100 CHF. Un menú combo en McDonald’s cuesta en torno a 15 CHF. En el otro extremo, si te apetece probar la alta cocina del Cheval Blanc de Peter Knogl —el restaurante de Basilea con tres estrellas Michelin—, un menú de cinco platos supera los 240 CHF.
Si viajas con poco presupuesto, la solución de siempre es comprar en el supermercado y cocinar. Como referencia, una docena de huevos ronda los 5 CHF y un kilo de naranjas, unos 3,70 CHF.
¿Y una cerveza?
Medio litro de cerveza nacional de barril cuesta alrededor de 7 CHF (unos 6,65 euros), y un botellín de cerveza importada de 0,33 l, en torno a 6 CHF.
Con estas cifras en mente, pasemos a lo bueno: todo lo que puedes hacer en Basilea sin gastar (casi) nada.
El Rin y el casco antiguo, gratis a cada paso
El río y el corazón medieval de Basilea son su mejor plan gratuito. Aquí tienes lo que no te puedes perder sin gastar un franco.
Pasea por el Rheinpromenade
Basilea vive de su río, sobre todo en verano. El Rin no es solo una vía comercial: es la gran zona de recreo de la ciudad. Pasear por sus orillas es de lo más local que puedes hacer; por el camino admirarás la arquitectura, verás gente jugando a la petanca, tomando el sol o simplemente charlando.
A finales de verano, el Festival Floss ofrece conciertos gratuitos al aire libre sobre un escenario flotante: siéntate en las escaleras de la orilla de Kleinbasel y disfruta de la música. Y si te sobran energías, el paseo no tiene por qué acabar en la ciudad, porque puedes seguir la Ruta del Rin desde el casco antiguo hasta Kaiseraugst.
Cruza a Dreiländereck, donde se tocan tres países
Puede que ya notaras la peculiar geografía de Basilea al aterrizar: el EuroAirport Basel-Mulhouse-Freiburg está técnicamente en la Alsacia francesa y es uno de los pocos aeropuertos gestionados por dos países, con una salida hacia la aduana suiza y otra hacia la franco-alemana.
Ya en la ciudad, puedes llegar caminando hasta Dreiländereck, el punto exacto donde se unen Suiza, Francia y Alemania. Junto al monumento que marca el tripunto verás un edificio futurista con bares y, bajo una grúa decorada con bolas de discoteca, un barco que alberga Nordstern, todo un templo de la música electrónica.
Todo el paseo por el puerto de Basilea (Hafen), en el barrio de Klybeck, merece la pena. El Holzpark Klybeck es un centro cultural al aire libre lleno de ideas creativas: barcos reconvertidos en salas de conciertos, food trucks, talleres, un remolque transformado en sauna y hasta un autobús convertido en peluquería. Es la cara más gamberra y auténtica de Basilea, y no cuesta nada.
Atrévete a nadar en el Rin
Bañarse en el Rin es quizá lo más insólito que puedes hacer en Basilea. Los lugareños se meten al río corriente arriba y se dejan llevar por el agua. Guardan la ropa y sus cosas en una bolsa impermeable llamada Wickelfisch, que además hace de flotador, y bajan flotando hasta su siguiente parada.
Se practica en el lado de Kleinbasel, y un buen punto de partida es la playa que hay bajo el Museo Tinguely: así te marcas un recorrido de un par de kilómetros por la ciudad desde el agua. En verano verás a muchísima gente haciendo lo mismo y, si te van los retos, en agosto se celebra la Rheinschwimmen, cuando miles de personas se lanzan a nadar a la vez. Yo lo probé y confirmo que es divertidísimo… siempre que no te importe el olor característico del río.
Nadar en el Rin solo es seguro si eres buen nadador y conoces la corriente. Métete por las zonas habilitadas del lado de Kleinbasel, lleva una bolsa Wickelfisch y evita hacerlo cuando el río baje crecido.
Cruza el histórico Puente del Medio
El Mittlere Brücke (Puente del Medio) es uno de los seis puentes que unen Grossbasel y Kleinbasel. El actual, de granito, se levantó en 1905 sobre el cruce más antiguo del Rin, que databa de 1225, así que al cruzarlo pisas siglos de historia.
En un lateral verás un relieve de catorce “brujas”: Suiza acusó de brujería a miles de sus ciudadanos, más que ningún otro país europeo, y una placa recuerda hoy a las víctimas de aquella persecución. En mitad del puente está la Käppelijoch, una pequeña capilla que los enamorados llenan de candados, pero que fue un lugar de castigo, porque desde aquí arrojaban al río a las supuestas brujas y a otros condenados.
Al cruzar hacia Grossbasel te recibe el Lällenkönig, el “Rey de la Lengua”, una cabeza coronada que desde 1640 saludaba a los visitantes sacando la lengua y moviendo los ojos. Las cabezas que ves hoy en la esquina son réplicas de hacia 1900; para ver el original en acción tendrás que entrar al Museo Histórico de Basilea, ¡mi museo favorito de la ciudad!
Descubre el colorido Rathaus
El corazón del casco antiguo es la Marktplatz, donde cada día se venden flores, verduras, pretzels, queso y otros productos locales; no te vayas sin probar alguna muestra gratis. Presidiendo la plaza está el Rathaus, el llamativo ayuntamiento rojo.
Se construyó en el siglo XVI, después de que el terremoto de 1356 —el mayor seísmo conocido de Europa central— arrasara la ciudad. Este emblema del gótico se amplió más tarde con alas laterales y una torre, y sorprende tanto por su fachada roja como por su patio cubierto de frescos. Sobre una escalinata verás la estatua de Lucio Munacio Planco, fundador de Augusta Raurica, la colonia romana precursora de Basilea. En el dialecto local, “Rathaus” (casa del consejo) suena además como “casa roja”: un nombre juguetón para un edificio igual de juguetón.
Ríndele homenaje a Erasmo en la catedral
Otro edificio de arenisca roja es la Basler Münster (catedral), levantada en el siglo XI. Tenía cinco torres, pero tras el famoso terremoto solo se reconstruyeron dos. Bajo su colorido tejado de tejas se esconde un interior espectacular, con frescos, tallas y vidrieras, y unos claustros que irradian calma y que no deberías perderte.
En uno de ellos están las polémicas “Mesas del Mercado”, dos esculturas de bronce de Bettina Eichin. Y en la cripta descansan miembros de la realeza y ciudadanos ilustres, entre ellos Erasmo de Rotterdam, uno de los mayores humanistas de la historia. ¿Lo mejor para el bolsillo? Aunque subir a la torre cuesta unos francos, la terraza que hay detrás de la catedral, asomada al Rin, regala unas vistas preciosas de la ciudad de forma totalmente gratuita.
Viaja en el tiempo por las puertas medievales
En la Edad Media, Basilea se rodeó de murallas, pero en 1859 se derribó casi toda la fortificación. Se conservan tres puertas de la ciudad y merece la pena acercarse a fotografiarlas.
La favorita de los turistas es la Spalentor, tanto por su cercanía al centro como por su estética: sus tres torres unidas debían de imponer en el siglo XIV, y aún conserva el rastrillo. Encontrarás el mismo mecanismo en la Sankt Alban-Tor (o Dalbedoor), al sur, entrada a uno de los barrios más pintorescos. La tercera es la Sankt Johanns-Tor, al norte, que hoy sigue “protegiendo” la ciudad, porque alberga la sede de la policía de Basilea.
Museos, arte callejero y arquitectura de vanguardia
Basilea es la capital cultural de Suiza, y buena parte de esa cultura se disfruta sin pagar entrada. Estos son los planes de arte que no te costarán nada.
Contempla la arquitectura más vanguardista
Más allá de lo histórico, Basilea es una capital de la arquitectura contemporánea como no hay otra en Suiza. Es la ciudad natal de Herzog & de Meuron, el estudio que diseñó el estadio Nido de Pájaro de Pekín y la Tate Modern de Londres, y que ha sembrado su ciudad de joyas: la Messe Basel (el recinto ferial que ilustra la portada de este artículo), con su “ventana al cielo”; el estadio del FC Basel 1893; el renovado Museum der Kulturen, o el edificio del Südpark, con sus ventanas tipo Tetris. Suyas son también las Torres Roche, los edificios más altos de Suiza.
Paseando te toparás con sorpresas cuando menos lo esperes, como la escalera en zigzag del Warteck Workroom, una antigua fábrica de cerveza reconvertida en centro creativo. Y si te quedas con ganas de más, cruzando a Alemania está el Vitra Campus, un parque arquitectónico con obras de Frank Gehry, Zaha Hadid y muchos otros.
Disfruta gratis de los museos de Basilea
Los museos de Basilea guardan colecciones impresionantes y hay varias formas de visitarlos sin pagar. El Museo Histórico, el Museum der Kulturen, el Museo de Historia Natural y el Kunstmuseum abren gratis el primer domingo de cada mes, y también durante su “hora feliz”, que suele ser al final de la jornada laboral.
La Casa del Arte Electrónico (HeK) también tiene su domingo gratuito, con hora feliz al mediodía. El Antikenmuseum no cobra los fines de semana ni los jueves y viernes de 17:00 a 22:00, y encima te presta audioguía. El Feuerwehrmuseum (museo de bomberos) es gratis, aunque solo abre los domingos por la tarde. Y hay uno abierto gratis las 24 horas: el diminuto Museo Hoosesagg, cuya minúscula exposición asoma por una puerta del casco antiguo y cambia cada mes.
Los horarios y los días de entrada gratuita pueden cambiar de una temporada a otra. Comprueba la web de cada museo antes de ir para no llevarte una sorpresa.
Busca arte público por las calles
Si prefieres el aire libre, Basilea es un museo a cielo abierto. Su gran embajador es el Hammering Man de Jonathan Borofsky, una escultura gigante que golpea su martillo sin descanso en Aeschenplatz. En Klostergasse está la Fuente del Carnaval de Jean Tinguely, con esculturas móviles que escupen agua (eso sí, de esta no se bebe).
Entre la Fundación Beyeler y el Vitra Design Museum, Tobias Rehberger repartió 24 obras de arte que puedes recorrer en un agradable paseo campestre y gratuito. La ciudad es además un referente del grafiti: encontrarás arte callejero en el centro, en el puerto de Klybeck o en el puente Schwarzwaldbrücke, y aquí está el mural más grande de Suiza, 1.700 metros cuadrados pintados en Neudorfstrasse.
Parques, jardines botánicos y un zoo gratuito
Basilea presume de un estilo de vida al aire libre casi mediterráneo, y sus zonas verdes son de acceso libre. Toma nota de estos rincones naturales para desconectar sin gastar.
Relájate entre dinosaurios en los parques
Basilea está llena de zonas verdes perfectas para descansar. A mí me encantó el ambiente del Parque St. Johanns, junto a la puerta del mismo nombre: un remanso a orillas del río, ideal para tumbarte bajo un árbol o volar una cometa, con juegos infantiles como un cerdo gigante de madera.
El más grande es el Kannenfeldpark, diez hectáreas con áreas de juego, barbacoas, praderas para hacer yoga y una pista de skate que en verano se convierte en zona de chapoteo. Y para los amantes de los dinosaurios, el Park im Grünen (en Münchenstein, al que se llega en tranvía) esconde una escultura de 45 metros del Seismosaurus, ¡el mayor dinosaurio que ha pisado la Tierra!
Piérdete en los jardines botánicos
Si buscas silencio, los jardines botánicos son oasis perfectos. El Jardín Botánico de la Universidad de Basilea, a un paseo del centro, se fundó en 1589 y es uno de los más antiguos del mundo; su joya es la Viktoriahaus, un invernadero con ambiente de selva tropical.
A las afueras, y fácil de combinar con el Park im Grünen, están los Merian Gärten: 18 hectáreas con la mayor colección de lirios de Europa (1.500 especies), un valle de rododendros y un jardín inglés. Siempre hay algo en flor, y como todo en esta guía, la entrada es gratis.
Visita gratis un zoo
No lo confundas con el famoso Zolli, el zoo de Basilea, cuya entrada cuesta en torno a 20 CHF. La ciudad tiene también un zoo gratuito: el Tierpark Lange Erlen. Fundado en 1871, apostó por la calidad de los recintos antes que por el número de especies, casi todas locales.
Verás ciervos, bisontes, gatos monteses y jabalíes, además de patos, cisnes, ponis, cabras y burros. En su parte oeste hay un parque infantil espectacular, el Hugo Hirsch Spielau, diseñado para imitar la naturaleza: troncos para trepar, toboganes entre los árboles y riachuelos donde jugar. Un planazo gratis en familia.
Trucos para ahorrar y más planes gratis en Basilea
Además de sus grandes atractivos, Basilea esconde un montón de pequeños trucos con los que estirar el presupuesto al máximo. Estos son mis favoritos.
Muévete gratis con la Basel Card
Si reservas hotel en Basilea, recibirás gratis la Basel Card, la tarjeta de huésped que te permite usar el transporte público (autobús y tranvía) sin pagar, incluido el trayecto desde el aeropuerto el primer día. Solo con eso ya te ahorras unos 4 CHF por viaje.
La tarjeta incluye además wifi gratuito por todo el centro —un detalle que se agradece, porque Suiza no está en la UE y la itinerancia se paga cara— y descuentos de hasta el 50 % en museos, el zoo, el teatro, visitas guiadas y cruceros.
Pide la Basel Card en la recepción de tu alojamiento nada más llegar (algunos hoteles la envían por correo antes del viaje): con ella el transporte público te sale gratis durante toda la estancia.
Bebe agua gratis en las fuentes
Con tanto caminar y nadar, acabarás sediento, pero en Basilea no hace falta cargar con botellas: la ciudad tiene 231 fuentes de agua potable. Las más famosas están coronadas por un basilisco, el animal heráldico local. Algunas tienen incluso un bebedero para perros, y las más grandes son auténticas fuentes de baño donde, sí, puedes darte un chapuzón en pleno casco antiguo. Y si necesitas un aseo, a lo largo del Rin hay baños públicos gratuitos señalizados con la figura de un bufón.
Date un capricho con los Basler Läckerli
Cuando necesites un chute de azúcar, la respuesta se llama Basler Läckerli. Estas galletas de especias tienen una receta de siete siglos, con almendras, avellanas, miel, fruta confitada y Kirsch (aguardiente de cerezas). En el casco antiguo encontrarás tiendas como Läckerli Huus o Jakob’s Basler Leckerly, que casi siempre ofrecen degustación gratuita. Yo lo pasé en grande en la Confiserie Brändli probando pralinés durante un festival gastronómico, así que mantente atento a las catas gratis de las confiterías.
Intercambia libros gratis
De lejos parece una cabina telefónica azul, pero por dentro esconde estanterías con decenas de libros. Es la Büchertauschbörse, un punto de intercambio gratuito que gestionan “bibliotecarios” voluntarios, junto a la parada del ferry de St. Alban. Puedes dejar los libros que ya no necesites y llevarte otros que te apetezcan; algunos usuarios hasta dejan DVD. En muchas ciudades un tesoro así no duraría ni un día; en Basilea, la lectura parece un placer al alcance de todos.
Haz deporte al aire libre
Mantenerse en forma en Basilea es fácil y gratis. Paseando encontrarás canchas por toda la ciudad: en el campo de deportes Dreirosen puedes jugar al baloncesto y usar una zona de street workout; frente a la mismísima entrada de la Matthäuskirche se juega al baloncesto y al ping-pong; y en la esquina de Bläsiring con Müllheimerstrasse, en Kleinbasel, hay futbolín y mesas de ping-pong (la pelota te la prestan en una biblioteca cercana).
Rebusca “gratis” por las calles
Paseando verás objetos abandonados con un cartel de “Gratis”: si te gustan, te los puedes llevar. Los basilienses solo tienen dos vignettes gratuitas al año para tirar trastos voluminosos, así que muchos prefieren dejarlos en la calle. Como se suele decir, la basura de uno es el tesoro de otro: en mis paseos vi muebles, zapatos, una esterilla de yoga, una impresora, piezas de bici… toda una exposición gratuita.
Apúntate a un free tour
Como tantas ciudades, Basilea tiene su visita guiada “gratuita”: Free Walk Basel recorre el centro o Kleinbasel, normalmente los domingos y durante un par de horas (son gratis, aunque se agradece dejar propina). También puedes hacer un recorrido autoguiado con la app Basel City Guide, que ofrece cinco rutas gratuitas bautizadas con nombres ilustres —Erasmo, Burckhardt, Platter, Paracelso o Holbein— de entre 30 y 90 minutos. Y si prefieres un guía profesional, hay un tour a pie de dos horas por el casco antiguo por unos 20 CHF.
Como ves, no hacen falta francos de sobra para enamorarse de Basilea. La capital cultural de Suiza rebosa historia, arte, arquitectura y un estilo de vida al aire libre casi mediterráneo, y comparte buena parte de sus tesoros de forma desinteresada. Con esta lista de planes gratis en la mano, seguro que sales de la ciudad con una experiencia que te ha costado bien poco… y que te ha enriquecido mucho.
