No hay una lista oficial y única, y conviene aclararlo antes que nada: cada país ha actuado de forma diferente y con términos distintos. Unos han prohibido Huawei, otros lo han excluido de la compra pública, otros lo han declarado proveedor de alto riesgo y otros han pactado una retirada con calendario sin emplear nunca la palabra veto.
Resumido, el mapa de 2026 queda así:
- Lo han prohibido o excluido: Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Taiwán, India, Canadá, Reino Unido, Suecia y Rumanía.
- Lo están retirando con fecha: Alemania y Francia.
- No lo han vetado: España, Portugal, Italia, Grecia, Austria y Polonia, entre otros.
Además de todo ello, hay una novedad que cambia la situación: la Comisión Europea quiere convertir en ley obligatoria lo que hasta ahora era una recomendación, y dos gobiernos se están resistiendo. Uno de ellos es el español.
La lista, país por país
| País | Situación | Detalle |
| Estados Unidos | Prohibido | Vetado desde 2019 y con un programa federal de sustitución («rip and replace») que paga a las operadoras pequeñas por retirar el equipo ya instalado |
| Australia | Prohibido | El primero del mundo en vetarlo, en 2018 |
| Nueva Zelanda | Prohibido | Bloqueado en 2018 |
| Japón | Excluido | Fuera de la compra pública desde 2018, sin prohibición formal a las operadoras |
| Taiwán | Prohibido | Vetado en infraestructura de telecomunicaciones |
| India | Excluido de hecho | No figura en la lista de proveedores de confianza aprobada en 2021 |
| Canadá | Prohibido | Vetado en mayo de 2022, con retirada del equipo 5G ya instalado |
| Reino Unido | Prohibido, con calendario | Fuera del núcleo 5G desde finales de 2023; todo el equipo debe estar retirado a finales de 2027 |
| Suecia | Prohibido | Vetado en 2020, uno de los dos únicos vetos explícitos de la Unión Europea |
| Rumanía | Prohibido | El otro veto explícito de la Unión, por ley |
| Alemania | Retirada pactada | Componentes críticos fuera del núcleo a finales de 2026; sistemas de gestión de la red de acceso, a finales de 2029. Las antenas se quedan |
| Francia | Retirada de hecho | Sistema de autorizaciones temporales desde 2019 que empuja la salida hacia 2028 |
| Estonia | Clasificado de alto riesgo | Con un litigio pendiente ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea |
| España | Sin veto | Sigue comprando equipo chino y se opone a una prohibición obligatoria en toda la Unión |
| Portugal | Sin veto | Sigue comprando equipo chino |
| Italia, Grecia, Austria, Polonia | Sin veto | Sin calendario de retirada; Italia revisa caso por caso con su mecanismo de «golden power» |
Hay dos cosas que se aprecian mejor en la tabla que en los titulares.
La primera: los vetos duros están casi todos fuera de la Unión Europea. Estados Unidos, Australia, Canadá, Reino Unido, Japón, Nueva Zelanda, Taiwán e India —grupo que coincide bastante con la alianza de inteligencia de los Cinco Ojos y sus socios— aplicaron la prohibición pronto y sin matices. En cambio, dentro de la Unión Europea, solo Suecia y Rumanía han aprobado un veto explícito. El resto de países han optado por las clasificaciones de riesgo, las autorizaciones temporales y los acuerdos con las operadoras.
La segunda: el núcleo y la antena no se tratan igual, y esa distinción explica la mitad de los calendarios. El núcleo de la red es el lugar donde se procesa la información sensible: quién habla con quién, dónde está cada usuario y qué datos circulan. La red de acceso está formada por las antenas, que en comparación son «tontas». Casi todas las restricciones europeas afectan primero al núcleo y dejan las antenas para después o no las tocan: el acuerdo alemán permite expresamente mantener las antenas de Huawei, y solo obliga a cambiar los sistemas que las gestionan.
Esa asimetría tiene una razón práctica: cambiar antenas es carísimo. Se trata de decenas de miles de emplazamientos físicos por país que requieren grúas y permisos y, en muchos casos, la alternativa es más costosa y tarda años en llegar.
Por qué se veta a Huawei, si el equipo funciona bien
Lo primero es dejar claro lo que no es el motivo: nadie ha aportado públicamente la prueba de que exista una puerta trasera en ningún equipo de Huawei. Los vetos no parten de un hallazgo técnico concreto, y ese es precisamente el punto que la empresa insiste en repetir desde el principio.
El argumento de los gobiernos que lo han prohibido es distinto y es jurídico: la Ley de Inteligencia Nacional china de 2017 obliga a las organizaciones y ciudadanos chinos a cooperar con los servicios de inteligencia del Estado. Según esa lectura, da igual lo buenas que sean las intenciones de la empresa; si Pekín se lo exige, Huawei no está en condiciones legales de negarse y tampoco de contarlo.
A eso se suman tres factores que pesan más de lo que parece:
El 5G no es solo internet más rápido. En el 4G, la red funcionaba principalmente como un tubo por el que transitaban los datos. El 5G, en cambio, está diseñado para distribuir la inteligencia por toda la red y conectar diversos elementos: coches, sensores industriales, quirófanos, contadores eléctricos o puertos. Esto implica que la red se convierte en infraestructura crítica, al mismo nivel que la eléctrica, y que una interrupción —no ya un espionaje, sino simplemente un apagón— tendría consecuencias mucho mayores.
La dependencia es el riesgo, más que el espionaje. El escenario que preocupa a los analistas no es tanto que alguien escuche llamadas, sino que un país pueda quedarse sin capacidad para actualizar, reparar o mantener su red si la relación política se deteriora. Ese riesgo existe independientemente de que haya o no puertas traseras.
Y hay una capa comercial que no se menciona en los comunicados. Huawei llegó a Europa ofreciendo equipos mejores y más baratos que sus competidores europeos, y ganó cuota rápidamente. Parte de la presión para excluirlo tiene que ver con esto, y los propios gobiernos de Suecia y Finlandia —los países de Ericsson y Nokia— se encuentran en una posición difícil de separar de sus intereses industriales.
España, Alemania y el pulso con Bruselas en 2026
Esta es la parte actual del asunto y la que afecta directamente a quien lee esto desde España.
Desde 2020, la Unión Europea disponía de una caja de herramientas del 5G: un grupo de recomendaciones para que los Estados restringieran a los proveedores de «alto riesgo». Al tratarse de recomendaciones y no de obligaciones, el resultado fue el mapa desigual del primer capítulo: algunos países las aplicaron plenamente y otros no las aplicaron en absoluto.
En 2026 la Comisión decidió cerrar ese margen:
- En enero de 2026 presentó la Ley de Redes Digitales y una revisión de la Ley de Ciberseguridad que permitirían eliminar de forma obligatoria el equipo de los proveedores de alto riesgo —Huawei y ZTE con nombre y apellido— en toda la Unión, con un plazo de 36 meses desde la entrada en vigor.
- En mayo de 2026 emitió además una recomendación nueva pidiendo excluirlos no solo del núcleo 5G, sino del conjunto de la infraestructura de conectividad.
Y ahí se encontró con dos gobiernos en contra: Alemania y España. Ambos quieren que la decisión sobre proveedores de alto riesgo siga siendo nacional y no comunitaria, y sus argumentos son estos:
- Represalias de China. Una prohibición en bloque invitaría a Pekín a responder, y ambos países tienen mucha industria expuesta al mercado chino.
- El coste, en un momento malo. Europa lleva año y medio intentando acelerar la construcción de infraestructura para inteligencia artificial, que exige mejorar las redes de telecomunicaciones a una escala que no estaba planificada. Sacar a Huawei del grupo de proveedores justo ahora deja a Ericsson y Nokia —que ya están al límite de su capacidad— fijando el precio.
El sector industrial se ha alineado con ellos. En septiembre de 2026, diecisiete consejeros delegados de operadoras europeas manifestaron públicamente su oposición al plan y calcularon que el coste de sustituir el equipo instalado sería de unos 40.000 millones de euros.
¿Y puedo usar un móvil Huawei?
Mezclar ambos conceptos es el error más habitual, por lo que lo separo: todo lo anterior se refiere al equipo de red, es decir, a las antenas y los servidores de las operadoras. No trata sobre los teléfonos.
Puedes comprar y usar un móvil Huawei en España y en casi toda Europa sin ningún problema legal. Lo que sí presenta es una limitación práctica muy concreta derivada de las sanciones comerciales estadounidenses de 2019: sus móviles no llevan los servicios de Google. No traen preinstalados ni la Play Store, ni Gmail, ni Google Maps, y eso supone un inconveniente real a la hora de viajar. Además, en Estados Unidos no los vende ninguna operadora.
