En Praia do Norte, en Nazaré, se han surfeado las olas más grandes de las que hay registro. No se trata de las más grandes de Portugal ni de Europa, sino de las más grandes del mundo, con paredes de agua que superan los veinte metros y récords oficiales por encima de los veintiséis.
Lo sorprendente es el lugar donde sucede. Nazaré no es una isla perdida en el Pacífico ni un arrecife al que hay que llegar en barco: es un pueblo pesquero a hora y media de Lisboa, con su paseo marítimo, sus abuelas vendiendo frutos secos y su playa de sombrillas en verano. Las olas rompen a quinientos metros de las terrazas.
La explicación se encuentra bajo el agua y merece la pena entenderla antes de ir, porque también explica por qué el día que tú vayas puede no haber nada que ver.
Por qué aquí y no en la playa de al lado
Justo enfrente de Praia do Norte se encuentra una grieta en el fondo del océano: el cañón de Nazaré, uno de los cañones submarinos más grandes de Europa. Comienza a apenas 50 metros de profundidad muy cerca de la costa, se extiende unos 211 kilómetros por el Atlántico y desciende hasta los 5.000 metros en la llanura abisal ibérica.
Ese cañón actúa como un embudo. Mientras el oleaje procedente del Atlántico norte pierde energía y se frena al alcanzar la plataforma continental, el que entra por el cañón continúa desplazándose por aguas profundas sin encontrar resistencia, por lo que llega a la costa con toda su fuerza intacta.
Y entonces pasan dos cosas a la vez:
- La ola del cañón, rapidísima, se encuentra de golpe con el fondo poco profundo justo delante de la playa y se levanta en vertical.
- Al mismo tiempo se junta con la ola que ha venido por la plataforma, más lenta. Las dos se suman.
El resultado es una pared de agua que puede doblar en altura a la que rompe doscientos metros más al sur, en la playa principal del pueblo, donde la gente se baña tranquilamente. Es el mismo mar, el mismo día y una diferencia brutal.
Cuándo ir, que es lo que decide el viaje
Este es el error que arruina la mayoría de las visitas: ir en verano. En julio y agosto, Nazaré es un pueblo de playa agradable con un mar perfectamente normal. Las olas gigantes no están.
La temporada abarca desde octubre hasta marzo, siendo los meses centrales noviembre, diciembre, enero y febrero. Febrero suele ser el mes más fiable, ya que es cuando más borrascas grandes cruzan el Atlántico norte.
Incluso durante esos meses, este no es un espectáculo con horario. Depende de que se produzca una marejada concreta, y las mejores se cuentan con los dedos de una mano cada invierno. En un día normal de enero verás olas de cinco o seis metros, lo cual ya es impresionante; los muros de veinte metros de los vídeos son un puñado de días al año.
Cómo saber si tu día es bueno
Es posible anticiparlo con bastante fiabilidad, porque las borrascas se ven venir con tres o cuatro días de antelación:
- Mira el parte de oleaje para Praia do Norte en cualquier web de previsión de surf. Lo que interesa no es solo la altura, sino el periodo: por debajo de 12 segundos, poca cosa; por encima de 16 o 17 segundos, es cuando se pone serio.
- Fíjate en si hay campeonato convocado. Las pruebas de olas grandes tienen una ventana de varias semanas y se convocan con pocos días de aviso, precisamente cuando viene lo bueno. Si se ha convocado, ese es el día.
Desde dónde se ven
El mirador es el Forte de São Miguel Arcanjo, la fortaleza que Don Sebastián mandó construir en 1577 para defender la ensenada de los piratas y que hoy culmina con el faro rojo que aparece en todas las fotos. Se encuentra encaramada en el acantilado, justo encima de Praia do Norte, y desde su plataforma tienes a los surfistas prácticamente debajo.
Hay que pagar una entrada simbólica y en el interior se encuentra un pequeño centro de interpretación con las tablas de las olas récord, que son piezas enormes y llenas de reparaciones.
El otro punto es el Sítio, el barrio alto del pueblo, situado sobre la cima del acantilado. Ofrece una panorámica extensa de toda la costa y es donde se encuentran el santuario y las plazas.
Subir al Sítio
Hay unos 90 metros de desnivel entre el pueblo de abajo y el Sítio, que se salvan mediante un funicular inaugurado el 28 de julio de 1889. Este asciende por 318 metros de vía con una pendiente del 42 % y fue proyectado por Raul Mesnier du Ponsard, el ingeniero francés discípulo de Eiffel que también firmó los elevadores de Lisboa, incluido el de Santa Justa.
El billete es barato y el servicio opera cada pocos minutos, pero el trayecto constituye una atracción en sí misma.
También es posible subir caminando por una escalera empinada o en coche dando un rodeo. Con el viento y la lluvia de enero, el funicular gana por goleada.
Los récords y cómo llegó Nazaré a ser esto
Hasta hace poco, Nazaré era un pueblo de pescadores desconocido fuera de Portugal. Todo cambió en 2011, cuando el hawaiano Garrett McNamara surfió allí una ola que dio la vuelta al mundo. A partir de ese momento, llegaron los récords, los fotógrafos y el circuito de olas grandes.
El récord mundial homologado pertenece al alemán Sebastian Steudtner, quien surfeó una ola de 26,21 metros en 2020. Para hacerse una idea: es como si un edificio de unas nueve plantas se pusiera en movimiento.
Y ya lo ha superado él mismo. En una marejada posterior se midió una pared de 28,57 metros, que todavía está pendiente de validación oficial: medir estas olas es un proceso lento, que utiliza fotogrametría y requiere que varios organismos revisen el cálculo.
Por Praia do Norte también han pasado Rodrigo Koxa, quien ostentó el récord antes que Steudtner, y Maya Gabeira, que estableció el récord femenino en el mismo lugar donde años atrás estuvo a punto de morir en un accidente.
Y si el mar está plano, ¿qué?
Es algo que ocurre a menudo, por lo que conviene tener un plan B. Nazaré es un pueblo que funciona perfectamente sin olas.
- El Sítio y su santuario. Arriba del acantilado está el santuario de Nossa Senhora da Nazaré, uno de los grandes lugares de peregrinación del país. Su leyenda es buena: cuentan que en 1182 un caballero perseguía un ciervo en la niebla y galopaba directo hacia el precipicio, y que se salvó al encomendarse a la Virgen. La Ermida da Memória, al borde mismo del acantilado, marca el punto.
- Las siete faldas. Nazaré tiene traje tradicional propio, con siete faldas superpuestas, y todavía se ven mujeres mayores vistiéndolo por el pueblo. No es un montaje para turistas.
- El pescado secándose al sol. En la playa principal siguen tendiendo el pescado en redes sobre la arena, a la vista, como se ha hecho siempre.
- La playa de verano. Fuera de temporada de marejadas, la playa principal es amplia, resguardada y perfectamente bañable.
Y hay más costa alrededor: Nazaré es una de las paradas de la Costa de Prata, con São Martinho do Porto y Óbidos muy cerca.
Cómo llegar
Está a unos 120 kilómetros de Lisboa, a algo más de hora y media en coche por la A8. Es un destino perfectamente hacedero para visitar en un día, aunque si hay olas grandes merece la pena dormir allí para no ir con prisa.
- En coche: por la A8. Es autopista de peaje y en Portugal los peajes tienen su propio enredo, así que conviene leer antes cómo funcionan los peajes portugueses.
- En autobús: hay servicios desde la estación de Campo Grande, en Lisboa. Es la opción sin coche.
- En tren, no. Nazaré no está conectada a la red ferroviaria. La estación más cercana con ese nombre, Valado dos Frades, queda a varios kilómetros y hay que completar el trayecto en autobús o taxi.
