La diferencia se resume en una frase: en Portugal el apellido del padre va el último, y en España va el primero. Ese simple cambio de orden explica casi todas las confusiones que tiene un español con los nombres portugueses.
Un nombre portugués completo se ordena así:
- Nombre de pila, que pueden ser uno o dos.
- Apellidos de la madre, hasta dos.
- Apellidos del padre, hasta dos.
Y a la hora de usarlo, se abrevia con el nombre y el último apellido, que es el del padre.
Un ejemplo
Fernando Carvalho Rodrigues. Fernando es el nombre, Carvalho viene de la madre y Rodrigues del padre. En el día a día será Fernando Rodrigues.
Si eso fuera español, el orden sería Fernando Rodrigues Carvalho y le llamaríamos Fernando Rodrigues igualmente… pero por el primer apellido, no por el último. El resultado coincide por casualidad; el criterio es el contrario.
Por qué los nombres portugueses son tan largos
Porque la ley deja. El registro civil portugués permite que un nombre tenga hasta seis palabras: dos nombres de pila y cuatro apellidos. Es bastante más de lo que permite el registro español, y por eso salen nombres como este:
Pedro João de Almeida Fontes Machado da Silva.
Ahí hay dos nombres (Pedro y João), dos apellidos maternos (Almeida y Fontes) y dos paternos (Machado y Silva). En la práctica esa persona será Pedro da Silva, o Pedro Machado da Silva si quiere distinguirse de los muchos Silva que hay.
Los cuatro apellidos no son obligatorios
Es un máximo, no una norma. Muchos portugueses llevan solo dos, uno de cada progenitor, y hay quien lleva únicamente el del padre. Los nombres kilométricos suelen venir de familias que arrastran apellidos con peso y no quieren perderlos.
Qué pasa al casarse
Aquí hay otra diferencia con España, donde el apellido no se toca nunca: en Portugal cualquiera de los dos cónyuges puede adoptar apellidos del otro, y es opcional para ambos.
Lo tradicional ha sido que la mujer añada el apellido del marido al final del suyo, no que lo sustituya. Así, una Joana Simões Lemos que se casa con un Silva puede pasar a ser Joana Simões Lemos Silva. Sigue conservando lo suyo; solo suma.
Hoy es cada vez menos frecuente, y también hay hombres que adoptan el apellido de la mujer, algo que la ley portuguesa permite desde hace décadas.
