Durante años esto se contaba con proyecciones. Ya no hace falta: en junio de 2025 el Pew Research Center publicó el recuento de lo que pasó de verdad entre 2010 y 2020, y confirma el titular.
Los musulmanes fueron el grupo religioso que más creció del mundo, y no por poco: sumaron 347 millones de personas en una década, más que todas las demás religiones juntas. Su peso en la población mundial subió 1,8 puntos, hasta el 25,6 %.
En el mismo periodo, los cristianos ganaron 122 millones de fieles pero perdieron peso: bajaron 1,8 puntos hasta el 28,8 %. Siguen siendo el grupo mayoritario, con 2.300 millones de personas, pero el mundo crece más deprisa que ellos.
Las cifras de 2020, para situarse:
- Cristianos: 2.300 millones — 28,8 %
- Musulmanes: 1.900 millones — 25,6 %
- Sin religión: 1.900 millones — 24,2 %
Los tres grupos están mucho más igualados de lo que la gente suele imaginar, y el tercero es el que casi nadie tiene en la cabeza.
¿Por qué crece el Islam tan deprisa? Las razones no son las que se suelen dar en las discusiones de sobremesa: no hay conversiones masivas de por medio. Es, casi enteramente, demografía.
Las razones reales del crecimiento
Es la población más joven del mundo
Es el factor que más pesa, y el más fácil de pasar por alto. La edad mediana de los musulmanes es la más baja de todos los grandes grupos religiosos: en los datos de Pew rondaba los 24 años, frente a los 30,8 de los cristianos y los más de 30 de casi todos los demás.
Una población joven crece sola, aunque cada mujer tenga los mismos hijos que cualquier otra: simplemente hay muchísimas más personas en edad de tenerlos y muchísimas menos en edad de morir. Es aritmética, no religión.
Y además tiene más hijos
A eso se le suma la fecundidad. En los datos de Pew del periodo, las mujeres musulmanas tenían una media de 2,9 hijos, frente a 2,6 de las cristianas y 2,2 del conjunto de las no musulmanas. La diferencia parece pequeña, pero aplicada a más de mil millones de personas y sostenida durante décadas es enorme.
Viven donde más crece la población
Más de un tercio de los musulmanes del mundo están en Oriente Medio, el norte de África y el África subsahariana, que son precisamente las regiones donde más va a crecer la población mundial en lo que queda de siglo. Estar en el sitio correcto del mapa demográfico multiplica el efecto de los dos factores anteriores.
Y esto tiene una consecuencia que sorprende a mucha gente: los países con más musulmanes del mundo no están en Oriente Medio. Indonesia es el primero, y le siguen Pakistán, India y Bangladés. El mundo árabe es una minoría dentro del Islam.
Casi nadie se cambia de religión
Aquí está la diferencia decisiva con el cristianismo, y es el dato más revelador del informe de Pew.
Entre los musulmanes, el cambio de religión es prácticamente irrelevante: los que nacen en familias musulmanas se quedan, y el crecimiento viene entero de los nacimientos. Entre los cristianos ocurre lo contrario: por cada persona que se hace cristiana, 3,1 dejan de serlo. Y la inmensa mayoría de quienes se van no se pasan a otra religión, sino que se quedan sin ninguna.
La otra mitad de la historia, la que casi nadie cuenta
Si solo se mira quién crece más rápido, la respuesta son los musulmanes. Si se mira quién crece por motivos distintos, aparece el grupo del que casi nunca se habla: los religiosamente no afiliados.
Entre 2010 y 2020 sumaron 270 millones de personas —el segundo mayor crecimiento del mundo, solo por detrás del Islam— y ya son 1.900 millones, el 24,2 % de la humanidad. Es decir, el tercer grupo del planeta, prácticamente empatado con el segundo.
Y crecen exactamente al revés que los musulmanes. No por natalidad: los países donde más abundan —China, Japón, buena parte de Europa— tienen la fecundidad más baja del mundo. Crecen por cambio de identidad, sobre todo de gente criada como cristiana que deja de identificarse con ninguna religión.
Son, en el fondo, dos fenómenos opuestos ocurriendo a la vez:
- El Islam crece por cunas.
- Los sin religión crecen por puertas de salida de otras religiones.
¿Superará el Islam al cristianismo?
Esta es la pregunta que aparece en todos los titulares, y conviene separar lo que se sabe de lo que se supone.
Lo que se sabe: en 2020, cristianos y musulmanes estaban a 3,2 puntos de distancia, y durante esa década esa distancia se había recortado en 3,6 puntos —1,8 que bajaron unos, 1,8 que subieron otros—. Estirando esa recta sin más, el cruce caería hacia 2030.
Lo que se supone: una proyección de Pew de 2017 situaba ese cruce en la segunda mitad del siglo XXI, con unos 3.000 millones de musulmanes en 2060. Cuarenta años de diferencia entre una cuenta y otra, y esa distancia es justo la lección: estirar una recta de diez años no es proyectar. Las proyecciones demográficas a largo plazo fallan constantemente —la fecundidad ha caído más rápido de lo previsto en casi todo el mundo, incluidos varios países de mayoría musulmana como Irán, Turquía o Túnez, que ya están por debajo del nivel de reemplazo—.
Lo prudente es quedarse con lo medido: el Islam es hoy la religión que más crece, y la razón es que sus fieles son jóvenes y tienen hijos, no que nadie se esté convirtiendo.
