Lo vemos por todas partes: un sueldo de 30k, un canal con 10k seguidores o, cuando viajamos a un país con una moneda muy débil como Indonesia, precios escritos como 150k en vez de 150.000. La “k” se ha convertido en la forma universal de decir mil. ¿De dónde viene?
Usamos la “k” para representar miles porque su origen está en la palabra griega χίλιοι (chilioi), que significa “mil” y cuya primera sílaba se pronuncia como “ki”.
Los franceses tomaron esa raíz griega y la convirtieron en “kilo” (más corta y con otra grafía) cuando crearon el sistema métrico decimal, a finales del siglo XVIII.
Con el tiempo, “kilo” se popularizó como prefijo multiplicador (kilogramo, kilómetro, kilovatio…) y muy pronto el mundo entero lo adoptó. El último paso fue abreviar ese prefijo con una sola letra: la “k” (kg, km, kB…), y de ahí saltó al lenguaje cotidiano para acompañar a cualquier cantidad de miles.
Kilo, mega, giga... y el lío de la informática
En el Sistema Internacional de unidades (SI), “kilo” es solo el primero de una escalera de prefijos que multiplican de mil en mil. Por eso, cuando queremos abreviar cantidades más grandes, seguimos subiendo de letra:
| Símbolo | Prefijo | Valor | Ejemplo |
| k | kilo | mil (10³) | 1 km = 1.000 m |
| M | mega | un millón (10⁶) | 1 MW = un millón de vatios |
| G | giga | mil millones (10⁹) | 1 GB ≈ mil millones de bytes |
| T | tera | un billón europeo (10¹²) | 1 TB ≈ un billón de bytes |
El caso especial de los bytes
En informática la “k” tiene truco. Como los ordenadores trabajan en base 2, durante décadas un “kilobyte” no fueron 1.000 bytes, sino 1.024 (que es 2¹⁰, la potencia de dos más cercana a mil). Esto generaba confusión, así que en 1998 se crearon unos prefijos aparte, los binarios: el kibibyte (KiB) = 1.024 bytes, mientras que el kilobyte “de verdad” (kB) se reserva para los 1.000 exactos. Es la razón por la que un disco de “1 TB” muestra menos capacidad en el ordenador de la que pone en la caja.
Más allá de la “k”
La misma lógica de abreviar con una letra se aplica a cantidades mayores, y ahí aparece otro clásico de la confusión:
- M para millones (un sueldo de 2M, una ciudad de 3M de habitantes).
- B para billion en inglés, que no es un billón español: el billion estadounidense son mil millones (10⁹), mientras que el billón europeo es un millón de millones (10¹²). Lo explicamos a fondo en la diferencia entre el billón americano y el europeo.
Curiosidades sobre la "k" y el kilo
- “Le Grand K”, el kilo original. Durante 130 años, el kilogramo se definió por un cilindro de platino e iridio guardado en una cámara acorazada cerca de París, apodado Le Grand K. Todas las balanzas del mundo dependían de ese objeto… hasta que en 2019 se sustituyó por una definición basada en una constante de la física (la de Planck).
- El kilogramo es un bicho raro del sistema métrico: es la única unidad base del SI que ya lleva un prefijo (“kilo”) dentro de su propio nombre.
- La “M” también significó mil. En los números romanos, la M vale 1.000 (de mille). Por eso en finanzas a veces verás “M” para miles y “MM” para millones, lo que choca de frente con el uso moderno de “M = millón”. Un lío garantizado.
- “Grand” en inglés. Igual que nosotros decimos “un kilo” para 1.000 €, en inglés coloquial se dice “a grand” para 1.000 dólares o libras.
