Este artículo es de marzo de 2020 y ya no sirve para informarse. Lo mantenemos como documento de aquel momento, porque enseña bien hasta qué punto se navegaba a ciegas. Casi todos los paneles que enumeraba han dejado de funcionar o de actualizarse, empezando por el mapa de la Universidad Johns Hopkins, que fue el más citado del mundo y se apagó en marzo de 2023.
Aquellas semanas, con los datos cambiando cada mañana, todo el mundo tenía abierta alguna de estas páginas:
- Un gráfico comparativo de infectados y fallecidos frente a otras enfermedades. Ya no resuelve.
- El contador por países del South China Morning Post.
- Una web con estadísticas y noticias en inglés. Ya no resuelve.
- Worldometers, que enseñaba los incrementos del último día.
- La web oficial china, donde el primer número eran los infectados, el tercero los curados y el cuarto los fallecidos.
- El mapa de la Johns Hopkins, retirado en marzo de 2023.
- Un detalle de la gravedad de los enfermos.
- Una hoja de cálculo con seguimiento y predicciones.
- Un hilo de foro sobre cancelaciones de vuelos.
Lo que se daba por probable entonces
Esto es lo que escribimos en marzo de 2020, y lo dejamos sin retocar porque el valor está justo en compararlo con lo que vino después:
- Vías de contagio: confirmado por gotas mayores de 5 micras, por aerosoles en procedimientos médicos y por contacto con secreciones. Se desconocía si había vía orofecal.
- Síntomas: desde asintomático hasta neumonía y distrés respiratorio con fracaso multiorgánico. Se hablaba mucho de la «tormenta de citoquinas», la reacción desproporcionada del sistema inmune que explicaba por qué pacientes moderados empeoraban de golpe.
- Tratamiento: «no hay tratamiento». El Tamiflu y los antibióticos se daban de forma profiláctica contra coinfecciones. Se estaba probando con Kaletra (lopinavir/ritonavir) y con remdesivir, «el fármaco más prometedor». Había quien apostaba también por la cloroquina.
- Mortalidad: imposible de saber. Se manejaba que el 5 % de los infectados necesitaba cuidados intensivos y que fallecía el 1,36 %.
En qué quedó cada cosa
El ensayo Solidarity, montado por la Organización Mundial de la Salud para probar a la vez los tratamientos candidatos con decenas de miles de pacientes, respondió a casi todo. Y la respuesta fue la misma en todos los casos: no.
- Hidroxicloroquina: se suspendió por futilidad el 18 de junio de 2020. No solo no reducía la mortalidad, sino que la rama tratada murió algo más que la de control. Fue el fármaco del que más se habló y el que antes cayó.
- Remdesivir, «el más prometedor»: en los resultados finales murió el 14,5 % de los tratados frente al 15,6 % del grupo de control. Una diferencia que no alcanzó significación estadística.
- Kaletra (lopinavir/ritonavir) e interferón: tampoco redujeron la mortalidad, ni la necesidad de ventilación, ni los días de hospital.
Es decir: de los cuatro tratamientos que en marzo de 2020 parecían la salida, ninguno lo era. Lo que cambió la pandemia fueron las vacunas, que en la fecha de este artículo ni siquiera existían y de las que aquí no hay una sola línea.
Por qué dejamos esto publicado. Porque es fácil juzgar aquellas semanas desde hoy, y este texto recuerda cómo se veía sin saber el final: con la mejor información disponible, con científicos serios detrás de cada candidato, y equivocándose en casi todo. Para datos actuales, cualquier fuente sanitaria oficial; esta página no lo es desde hace años.
