Vías de contagio: el contagio ha sido confirmado por gotas mayores de 5 micras (gotas de Pflügge), aerosoles (se generan en la ventilación mecánica, en la intubación endotraqueal, etc.) y por contacto con secreciones. Aún se desconoce si se contagia por vía orofecal.
Síntomas: los mismos de cualquier virus respiratorio que generan un espectro que va desde lo asintomático, pasando por el catarro común, por el cuadro pseudogripal (astenia, mialgias, fiebre elevada, malestar general) hasta la neumonía (tos productiva, disnea, dolor torácico de tipo pleurítico) y el síndrome de distrés respiratorio con fracaso multiorgánico.
La infección del coronavirus puede sobreestimular el sistema inmune del paciente produciendo una “tormenta de citoquinas” (reacción exagerada del sistema inmunológico del cuerpo) que produce una inflamación masiva que daña los pulmones y otros órganos, incluidos los riñones, el hígado y el corazón. Así, los pacientes que presentan síntomas moderados de la enfermedad pueden repentinamente empeorar y morir de un fallo multiorgánico.
Tratamiento: no hay tratamiento. El tamiflu y los antibióticos se ponen de forma profiláctica para evitar la coinfección con el virus influenza y la sobreinfección bacteriana, respectivamente. Se está probando con kaletra (loponavir/ritonavir) y con el fármaco más prometedor, remdesivir. Hay quien apuesta también por la cloroquina. Se desconoce aún la efectividad de estos tratamiento antivirales. Los resultados de las pruebas con remdesivir estarán listos a mediados de marzo.
Mortalidad: no se puede saber hasta que este virus no pase su primera estación epidémica. Estamos diagnosticando las puntas de iceberg. Aunque de momento, el 5% de los infectados necesita cuidados intensivos y el 1,36% de los infectados fallece.