El árbol del caucho es originario de la Amazonía, pero casi todo el caucho del mundo sale hoy de Asia: Tailandia produce casi un tercio y Asia, en su conjunto, más del 90 %. Sudamérica, la zona donde nació el árbol, apenas alcanza el 2 %. Esto no es casualidad ni se debe solo a una historia de contrabando de semillas. Es sobre todo una plaga.
A menudo se piensa que se trata de un insecto, pero la plaga que arruinó las plantaciones de caucho de Sudamérica no es un escarabajo, sino un hongo: el mal sudamericano de la hoja, causado por Pseudocercospora ulei. Este hongo ataca las hojas jóvenes del árbol y provoca que caigan repetidamente. En la selva, donde los árboles crecen separados, convive con ellos, pero en una plantación, con miles de árboles juntos, lo arrasa todo. Por este motivo fracasaron Henry Ford, Goodyear y hasta un programa del Gobierno brasileño de los años setenta, y por ello en Asia se vigila a los viajeros que llegan de Sudamérica.
| País | Producción | Cuota mundial aproximada | Mundo | 14,9 millones de t (2025) | 100 % |
| Tailandia | 4,79 millones de t (2024) | 32 % |
| Indonesia | 2,04 millones de t (previsión 2025) | 14 % |
| Costa de Marfil | 1,5-1,7 millones de t | 10-11 % |
| Vietnam | 1,28 millones de t (previsión 2025) | 9 % |
| China | 933.000 t (previsión 2025) | 6 % |
| Malasia | 386.000 t (2024) | 3 % |
| Brasil | Unas 400.000 t de látex coagulado | Menos del 3 % |
Lo esencial
- El caucho natural sigue siendo imprescindible: es casi la mitad del caucho que se consume en el mundo, y los neumáticos de camión y de avión no pueden prescindir de él.
- El culpable es un hongo, Pseudocercospora ulei, descrito en 1904 en árboles silvestres de la Amazonía.
- Solo existe en América, de México a Brasil y Paraguay. Nunca ha llegado a Asia ni a África.
- No hay remedio que salga a cuenta: los fungicidas son caros en árboles altos y las variedades resistentes producen poco o dejan de resistir cuando el hongo cambia.
- Brasil cultiva hoy su caucho lejos de la selva, en zonas secas de São Paulo y Mato Grosso donde el hongo no prospera.
Qué es el caucho natural y por qué nada lo sustituye
El caucho natural se extrae del látex de la Hevea brasiliensis, un árbol de la cuenca amazónica que aporta el 99 % de la producción mundial. El látex es un líquido blanco que contiene alrededor de un 30 % de caucho en suspensión. Para obtenerlo, se realiza un corte fino y diagonal en la corteza, proceso denominado sangrado, y el látex gotea durante unas horas en una taza atada al tronco. Esta operación se repite más o menos cada dos días, y cada sangrado produce una taza con unos 50 gramos de caucho sólido.

Después se coagula con ácido, se extiende en láminas y se seca. De este modo sale de las pequeñas explotaciones, que constituyen el corazón del negocio: unos seis millones de pequeños productores aportan más del 85 % del caucho natural del mundo.
Existe el caucho sintético, derivado del petróleo, que representa algo más de la mitad del consumo. Sin embargo, no puede sustituir al natural en todo. El caucho natural resiste mejor el calor, se rasga menos y se calienta menos al deformarse. Esto es decisivo en los neumáticos: un neumático de coche contiene alrededor de un 15 % de caucho natural, uno de camión en torno a un 30 % y los de avión dependen de él para soportar el calor del despegue y el aterrizaje. Los neumáticos absorben el 72 % de todo el caucho natural. Otras alternativas, como el guayule o el diente de león ruso, siguen lejos de la escala industrial. Por ello, la UE lo considera una materia prima crítica.
Cómo un árbol americano acabó en Asia
Hasta 1900, casi todo el caucho del mundo procedía de árboles silvestres de la Amazonía, como contamos en la historia del caucho en Brasil. En 1876, el británico Henry Wickham extrajo unas 70.000 semillas de la zona de Santarém, las cuales llegaron a los jardines de Kew, en Londres. Unas 2.700 semillas germinaron y las plántulas resultantes se enviaron a Ceilán y a Singapur. A partir de ahí surgieron las plantaciones de la Malasia británica y, posteriormente, las del resto del sudeste asiático.

En Asia, el árbol se encontró sin sus enemigos naturales y los plantadores pudieron disponerlo en filas apretadas, con miles de ejemplares por finca y los trabajadores cerca. En 1913, la producción de caucho asiático ya superaba a la brasileña. Según la Autoridad de Turismo del país, el primer árbol de caucho de Tailandia se plantó en 1899, en Kantang, provincia de Trang, utilizando plántulas que el gobernador Phraya Ratsadanupradit trajo de Malasia. Hoy Tailandia es el primer productor del mundo.
Esta historia tiene una consecuencia que preocupa a los expertos: casi todo el caucho de Asia y África desciende de aquellas pocas semillas. Una base genética tan estrecha hace que las plantaciones asiáticas sean muy vulnerables. Si el hongo americano llegara, prácticamente ningún árbol resistiría.
El hongo: el mal sudamericano de la hoja
El mal sudamericano de la hoja (en portugués, mal-das-folhas) es causado por un hongo que el botánico Paul Hennings describió en 1904 bajo el nombre de Dothidella ulei. Para ello, utilizó hojas de árboles silvestres que Ernst Ule había recogido en el río Juruá, en Brasil, y cerca de Iquitos, en Perú. Su nombre cambió en varias ocasiones y, desde 2014, se llama Pseudocercospora ulei, aunque en la literatura antigua aparece como Microcyclus ulei.

El hongo ataca las hojas jóvenes cada vez que el árbol las renueva. Las hojas infectadas se llenan de manchas, se deforman y se caen, y el árbol vuelve a generar hojas que se infectan de nuevo. Tras varios ciclos, el árbol vive casi sin copa: produce mucho menos látex, hasta un 75 % menos, tarda hasta 13 años en poder sangrarse, frente a unos 6 en Asia, y los ejemplares jóvenes pueden morir.
Prospera en zonas donde llueve unos 2.500 mm al año, la humedad supera el 80 % y no existe una estación seca clara; es decir, justo en la Amazonía. En la selva, el árbol convive con el hongo porque las Hevea crecen dispersas y separadas por otras especies, por lo que las esporas tienen dificultades para pasar de una a otra. Una plantación, con miles de árboles iguales que se tocan entre sí, es exactamente lo contrario: un festín para el hongo.
Las plantaciones que arruinó
Cada vez que se intentó cultivar caucho a gran escala en la América tropical, el hongo apareció. Se manifestó en Guyana en 1910, en Trinidad en 1916, en Costa Rica en 1935, en Venezuela en 1944 y en México en 1946, y hoy en día está presente desde México hasta Brasil y Paraguay.
| Plantación | Años | Qué pasó |
| Surinam | 1911-1918 | Abandonada |
| Fordlândia (Brasil) | 1928-1933 | 3.200 ha arrasadas; Ford se trasladó a Belterra |
| Goodyear en Panamá | 1935-1941 | Abandonada |
| Belterra (Brasil) | 1933-1945 | Unas 6.500 ha; vendida al Gobierno con pérdidas |
| PROBOR (Brasil) | 1967-1986 | De 150.000 ha plantadas, 100.000 afectadas por el hongo |
El caso más famoso es el de Henry Ford. En 1927 obtuvo un millón de hectáreas en el río Tapajós para evitar la dependencia del caucho asiático y fundó Fordlândia, una ciudad de estilo estadounidense en medio de la selva. Debido a que los árboles estaban plantados juntos, el hongo los fue matando uno a uno y, en 1933, se trasladó a Belterra, donde disponía de mejores terrenos y variedades asiáticas. Tampoco funcionó: la primera cosecha comercial, en 1942, produjo 750 toneladas, mientras que Ford necesitaba unas 38.000 al año. En 1945 vendió todo al Gobierno de Brasil por 250.000 dólares, después de haber invertido unos 20 millones.

El último gran intento fue brasileño: entre 1967 y 1986, el programa PROBOR plantó unas 150.000 hectáreas, y en 1986 el hongo ya afectaba a 100.000.
Por qué Sudamérica no se ha recuperado
Más de un siglo después, no hay una solución que salga a cuenta:
- Los fungicidas funcionan, pero no compensan. Hay productos eficaces, pero fumigar árboles de veinte metros durante años cuesta más de lo que da el caucho, y el hongo acaba desarrollando resistencias.
- Las variedades resistentes producen poco. Ford y los institutos brasileños crearon clones resistentes, pero rendían menos que los asiáticos. Además, su resistencia se rompía cuando aparecían nuevas razas del hongo: se contaban 4 en 1966, 9 en 1986, y algunas estimaciones hablan de decenas.
- Los injertos de copa no bastan. Se puede injertar una copa resistente sobre un tronco productivo, y técnicamente funciona, pero faltan copas que resistan a todas las razas.
La solución que ha hallado Brasil consiste en plantar donde el hongo no prospera: las denominadas zonas de escape, que cuentan con 1.300-1.500 mm de lluvia anuales y al menos cuatro meses secos, principalmente en Mato Grosso y en el estado de São Paulo. En esas áreas se cultivan sin dificultad las mismas variedades asiáticas. Por este motivo, la producción de caucho brasileño se sitúa actualmente lejos de la Amazonía, y São Paulo aporta más del 60 %. Sin embargo, estas plantaciones son insuficientes: Brasil importa gran parte del caucho que consume.
El miedo de Asia: que el hongo cruce el océano
El mal sudamericano de la hoja nunca se ha detectado en Asia ni en África, y los países productores hacen todo lo posible para que siga así. La importación de material vegetal de caucho desde América está muy restringida desde el acuerdo fitosanitario de Asia-Pacífico de 1956. Durante años, se pedía a los técnicos que visitaban zonas afectadas que regresaran haciendo escala en Norteamérica o Europa para que las esporas murieran durante el trayecto, y Tailandia y Malasia llegaron a realizar controles especiales a los pasajeros procedentes de Sudamérica.
Los números justifican tal inquietud. Según un análisis de riesgo de la FAO, si el hongo llegara a entrar, las pérdidas en la región rondarían los 10.000 millones de dólares al año y, en pocos años, prácticamente todo el arbolado estaría infectado, porque todas las variedades que se cultivan allí son sensibles. El hongo figura en las listas internacionales de control de exportaciones de patógenos por su posible uso como arma biológica.
Asia tiene, además, sus propios problemas. Desde 2016, una enfermedad de las hojas causada por hongos del género Pestalotiopsis ha afectado a unas 380.000 hectáreas en Indonesia, 52.000 en Tailandia y miles en Malasia y Sri Lanka, con pérdidas de producción de entre el 20 y el 50 % en las parcelas afectadas.
El caucho, hoy
En 2025 se produjeron en el mundo unos 14,9 millones de toneladas de caucho natural, una cifra inferior al consumo, que alcanzó los 15,3. Fue el quinto año consecutivo de déficit y, a finales de septiembre de 2026, el precio rondaba los 2,54 dólares por kilo (unos 2,20 €), el valor más alto desde principios de 2013. A partir del 30 de diciembre de 2026, las grandes y medianas empresas que comercialicen caucho en la Unión Europea deberán demostrar que no procede de tierras deforestadas después de 2020, debido al reglamento europeo contra la deforestación; en el caso de las pequeñas, deberán hacerlo desde el 30 de junio de 2027.
Ver el caucho en Tailandia
Si viajas por el sur de Tailandia, es imposible no ver caucho: las plantaciones cubren buena parte de las provincias de Surat Thani, Songkhla, Trang, Krabi, Yala y Narathiwat, con filas interminables de troncos grises que llevan una taza atada cada uno.

Unos consejos para verlo de cerca:
- El sangrado se hace de noche. Los productores trabajan de madrugada, desde la medianoche hasta antes del amanecer, porque con el calor del día el látex cuaja antes de llegar a la taza. Si pasas temprano por una plantación, verás las tazas llenas.
- Busca las láminas secándose. En las pequeñas explotaciones, el látex se coagula y se prensa en láminas que se tienden al aire como ropa, junto a las casas.
- Kantang, en Trang, tiene junto a la carretera un árbol que representa el primero que se plantó en Tailandia, en 1899, y en el parque municipal de Trang hay un monumento a quien lo trajo, Phraya Ratsadanupradit.
- Excursiones con demostración: algunas granjas de Phuket y alrededores enseñan a los turistas cómo se sangra un árbol. Si vas a moverte por esa zona, tenemos guías de excursiones desde Phuket y de todo lo que conviene saber antes de viajar a Tailandia.
Fotos: portada, sangrado de un árbol en Koh Chang, Vyacheslav Argenberg (CC BY 4.0); láminas secándose, Blue Plover (CC BY-SA 3.0); Henry Wickham, Bain News Service (dominio público); hojas con el hongo, Hurtado Páez, García Romero, Restrepo, Aristizábal y Montoya, PLoS ONE (CC BY 4.0); Fordlândia en 1934, Ford Motor Company (dominio público); plantación en el sur de Tailandia, Rohitjahnavi (CC BY-SA 4.0). Todas en Wikimedia Commons.
