No, Groenlandia no es un país independiente. Es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, con su propio parlamento, su propio gobierno y su propio primer ministro, pero sin control sobre su política exterior, su defensa ni su moneda.
Dicho de otra forma: tiene casi todo lo que hace falta para ser un país, menos lo último. Y esa última pieza es justo la que se está discutiendo ahora mismo, con más ruido internacional del que Groenlandia ha tenido nunca.

Hay además una segunda rareza, y explica por qué esta isla aparece siempre en las listas de casos raros: geográficamente está en América del Norte —se asienta sobre la placa tectónica norteamericana y su vecino más cercano es Canadá, a unos 30 kilómetros en el punto más estrecho—, pero políticamente pertenece a Europa. Sus habitantes son mayoritariamente inuit, emparentados con los del norte de Canadá, y llevan pasaporte danés.
La isla más grande del mundo, y casi toda bajo el hielo
Groenlandia tiene 2,16 millones de kilómetros cuadrados, cuatro veces España. Pero la cifra que importa es otra: 1,8 millones están cubiertos por hielo, así que solo unos 350.000 km² de la isla están libres, y casi todos en una franja costera.
Esa capa de hielo lleva ahí entre dos y tres millones de años. En los bordes tiene unos pocos metros de espesor; en su punto más grueso, 3.200 metros. Contiene alrededor del 10 % del agua dulce del planeta y, si se derritiera entera, el nivel del mar subiría entre seis y siete metros en todo el mundo.
No va a pasar mañana, pero sí se está derritiendo: desde el cambio de milenio la capa pierde más masa de la que gana cada año, y esa pérdida es uno de los factores que más aportan a la subida del nivel del mar.
El interior es una meseta helada y bastante plana; las montañas están en la costa. La más alta es el Gunnbjørn Fjeld, con 3.694 metros, que además es la cumbre más alta de todo el Ártico.
Hace frío, pero no tanto como la gente imagina en la costa habitada: en Nuuk, la capital, la máxima media de julio es de 9,9 °C y la mínima media de enero, de -10 °C. Entre el 25 de mayo y el 25 de julio no se pone el sol, y el solsticio de verano, el 21 de junio, es fiesta nacional.
Qué decide Groenlandia y qué sigue decidiendo Dinamarca
Groenlandia fue colonia danesa hasta 1953, cuando Dinamarca cambió su constitución para incorporarla y dar representación a sus habitantes en el parlamento danés. En 1979 obtuvo el autogobierno, y en noviembre de 2008 votó en referéndum una autonomía mucho más amplia que entró en vigor el 21 de junio de 2009.
Hoy el reparto está bastante claro:
Decide Groenlandia: sanidad, educación, justicia y derecho penal, pesca, medio ambiente y —esta es la clave— sus recursos del subsuelo.
Decide Dinamarca: política exterior, defensa, seguridad, política monetaria y ciudadanía. La moneda es la corona danesa y el jefe de Estado es el rey Federico X, que sucedió a la reina Margarita II cuando esta abdicó en enero de 2024.
Su parlamento se llama Inatsisartut y tiene 31 escaños. (Se llamó Landsting hasta 2009, y por eso ese nombre antiguo sigue apareciendo en muchos textos.) Elige al gobierno, el Naalakkersuisut, y a su primer ministro. Además, Groenlandia envía dos diputados al parlamento danés.
El dinero, que es donde está el nudo
Aquí es donde la independencia deja de ser una cuestión de banderas.
Dinamarca transfiere cada año un subsidio en bloque de unos 3.900 millones de coronas —alrededor de 520 millones de euros—. Eso es algo más de la mitad de los ingresos del gobierno groenlandés y cerca del 20 % de su PIB. Un país independiente tendría que sustituir esa cifra, o vivir sin ella.
La economía real es estrecha: la pesca supera el 90 % de las exportaciones. El pescado, el marisco y lo que se caza en la isla son prácticamente lo único que Groenlandia no tiene que importar. Hay cuotas por unidad administrativa para evitar la sobrepesca, y la carne de ballena y de foca no puede exportarse: es solo para consumo local.
Lo que cambió en 2021, y que casi ningún texto antiguo recoge. Durante años se dijo que el recurso más valioso de Groenlandia era su petróleo. Ya no: en 2021 el gobierno prohibió toda nueva prospección de petróleo y gas en sus aguas, citando el cambio climático, y prohibió extraer minerales con más de 100 partes por millón de uranio, lo que dejó paralizado el gran yacimiento de tierras raras de Kvanefjeld, que tiene unas 300.
Es decir: la riqueza mineral existe —oro, diamantes, rubíes y sobre todo tierras raras, que son las que hoy interesan a todo el mundo—, pero el propio país ha puesto candados sobre buena parte de ella. Y sigue faltando lo básico para explotarla: en Groenlandia no hay carreteras entre ciudades. Se va en avión, en barco, en helicóptero, en moto de nieve o en trineo.
La independencia, que dejó de ser un debate interno
Hasta hace poco esto era un asunto entre Nuuk y Copenhague. Dejó de serlo.
En 2019, el presidente de Estados Unidos sugirió comprar la isla; el gobierno groenlandés respondió que no estaba en venta. La idea volvió con mucha más fuerza en enero de 2025, esta vez sin descartar la presión económica ni militar, y convirtió a Groenlandia —57.000 habitantes— en un asunto de primer orden en la OTAN y en la Unión Europea.
El motivo no es el hielo: es dónde está. La ruta más corta entre Norteamérica y Rusia pasa por encima, Estados Unidos lleva desde 1943 operando allí la base de Pituffik (antes Thule), y el deshielo está abriendo rutas marítimas y accesos a minerales que hace veinte años no existían.
Qué votaron los groenlandeses
En las elecciones de marzo de 2025, las primeras tras la reaparición del asunto, ganó Demokraatit con el 29,9 % de los votos —venía del 9,1 % en 2021, una subida enorme— por delante de Naleraq, que defiende la independencia rápida, con el 24,5 %.
Jens-Frederik Nielsen, de 34 años, se convirtió en el primer ministro más joven de la historia de la isla. Su postura es gradualista: independencia sí, pero cuando haya con qué sostenerla. Lo resumió él mismo: «No queremos la independencia mañana; queremos unos buenos cimientos».
Ese es el matiz que se pierde en casi toda la cobertura internacional: en Groenlandia prácticamente nadie discute el si, se discute el cuándo y el cómo. Las dos primeras fuerzas del parlamento son independentistas; lo que las separa es el calendario.
Y sobre el tercer actor, Nielsen fue igual de claro en enero de 2026: «Si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos Dinamarca. Elegimos la OTAN, el Reino de Dinamarca y la Unión Europea».
Cómo sería, legalmente. No hace falta ninguna guerra ni ninguna ruptura: el acuerdo de autonomía de 2009 reconoce explícitamente el derecho de Groenlandia a la independencia. El procedimiento es un referéndum en la isla, seguido de una negociación con Copenhague y de la aprobación del parlamento danés. Está escrito y acordado.
Lo que no está resuelto es lo de siempre: qué pasa con esos 520 millones de euros al año.
Resumen
- Groenlandia no es un país independiente, sino un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca.
- Tiene parlamento propio —el Inatsisartut—, gobierno y primer ministro, y decide sobre sanidad, justicia, pesca y sus recursos naturales.
- Dinamarca conserva la política exterior, la defensa y la moneda, y el jefe de Estado es el rey Federico X.
- Es la isla más grande del mundo y el 83 % de su superficie está bajo el hielo.
- Políticamente pertenece a Europa; geográficamente, a América del Norte.
- La independencia está reconocida por escrito desde 2009 y la apoyan las dos primeras fuerzas del parlamento. El obstáculo no es legal, es económico: más de la mitad del presupuesto viene de Dinamarca.
