Real Alcázar de Sevilla: qué ver, horarios y precios

Rubén, actualizado a 10 julio 2026
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Justo al lado de la Catedral de Sevilla, donde reposan los restos de Cristóbal Colón, se levanta uno de los palacios más fascinantes de Europa: el Real Alcázar de Sevilla. Y resulta curioso el contraste entre ambos monumentos. Mientras la catedral se construyó para borrar la mezquita que había antes y proclamar el poder de los reyes cristianos, el Alcázar hizo justo lo contrario: abrazó el arte y la cultura de los musulmanes que habían gobernado estas tierras durante siglos.

El Real Alcázar es el palacio real en uso más antiguo de Europa. Sigue siendo residencia oficial de la familia real española cuando visita Sevilla, y desde 1987 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, junto con la catedral y el Archivo de Indias.

Aunque se construyó para un reino cristiano, muchos de los artistas y arquitectos que lo levantaron eran musulmanes que se quedaron tras la conquista. Sus estilos influyeron tanto en el resultado final que hoy el Alcázar es uno de los mejores ejemplos de arquitectura mudéjar que existen: techos dorados, paredes forradas de azulejos, yeserías caladas como encaje y patios pensados para el calor de Andalucía.

En esta guía vas a recorrer su historia de más de mil años, las salas y patios que no te puedes perder, sus jardines de ensueño, las escenas de Juego de Tronos que se rodaron aquí y toda la información práctica para organizar tu visita en 2026: horarios, precios y algún que otro consejo.

Más de mil años de historia

La historia del Alcázar arranca en el año 913, cuando el primer califa de Córdoba, Abderramán III, ordenó levantar una fortaleza en este punto de Sevilla para gobernar la ciudad. De hecho, la palabra alcázar viene del árabe al-qasr, que significa precisamente “el palacio” o “la fortaleza”. Durante los siglos siguientes, las distintas dinastías musulmanas fueron ampliando el recinto, sobre todo los almohades en el siglo XII, que le dieron buena parte de su forma y de sus murallas.

Todo cambió en 1248, cuando el rey Fernando III conquistó Sevilla e incorporó la ciudad a la Corona de Castilla. A partir de ese momento, el Alcázar pasó a ser residencia de los reyes cristianos, que decidieron conservarlo y seguir viviendo en él en lugar de derribarlo.

El Alcázar no es un único palacio, sino la suma de muchos construidos a lo largo de más de mil años. Por eso, al recorrerlo, pasas de una sala almohade a un patio mudéjar, de ahí a un salón gótico y luego a estancias renacentistas, casi sin darte cuenta.

El palacio del rey Pedro I

El gran salto llegó con Pedro I de Castilla, apodado “el Cruel” (o “el Justiciero”, según quién cuente la historia). Entre 1364 y 1366 mandó construir su propio palacio, el llamado Palacio Mudéjar o Palacio del Rey Don Pedro, que es el corazón del Alcázar que hoy visitas.

Lo curioso es que, para levantarlo, Pedro I trajo a los mejores artesanos musulmanes de Toledo y de Granada; estos últimos, enviados por su aliado Mohamed V, el mismo sultán que estaba construyendo la Alhambra. Por eso el palacio parece salido de un cuento de Las mil y una noches, pese a haber sido encargado por un rey cristiano.

De Sevilla al Nuevo Mundo

Con el paso de los siglos, el Alcázar siguió creciendo. Los Reyes Católicos y, más tarde, el emperador Carlos V (que celebró aquí su boda en 1526) añadieron nuevas salas y jardines.

En estos muros también se escribió parte de la historia del descubrimiento de América. En 1503, los Reyes Católicos instalaron en el Alcázar la Casa de Contratación, el organismo que controlaba todo el comercio con las Indias y desde el que se organizaban las expediciones al Nuevo Mundo. Aquí se recibió a Cristóbal Colón y desde aquí se administraron, durante décadas, las colonias americanas. No es casualidad que, a pocos metros, la Catedral de Sevilla acabara convirtiéndose en el lugar donde descansan sus restos.

Qué ver dentro del Alcázar

Nada más cruzar la muralla llegas al Patio de la Montería, la gran explanada desde la que se contempla la espectacular fachada del palacio de Pedro I. Fíjate en ella con calma: mezcla arcos de herradura, azulejos, yeserías e incluso una inscripción en árabe que se repite sin descanso (“no hay más vencedor que Alá”). Es la mejor carta de presentación de lo que te espera dentro.

El Patio de las Doncellas

Si solo pudieras ver un rincón del Alcázar, sería este. El Patio de las Doncellas es el centro del palacio y una de las imágenes más reconocibles de Sevilla. En el medio hay un largo estanque que refleja los arcos como un espejo, flanqueado por jardines hundidos a ambos lados. De sus laterales salen las salas de recepción y las estancias privadas de la familia real.

Si te fijas bien, verás detalles que jamás aparecerían en un edificio islámico auténtico, como representaciones de animales o de reyes. Incluso se usa la caligrafía árabe para citar pasajes de la Biblia. Es un lugar tan fascinante que tienes que recordarte varias veces que sigues en España.

El Salón de Embajadores

Considerada la sala más impresionante del palacio, el Salón de Embajadores (o Salón del Trono) se remata con una espectacular cúpula dorada de media naranja, tallada en maderas entrelazadas que dibujan estrellas. Se terminó en 1427 y representa la bóveda celeste. Levanta la vista: es imposible no quedarse boquiabierto.

Muy cerca, no te pierdas el Patio de las Muñecas, la zona más íntima y doméstica del palacio. Su nombre viene de las diminutas caras (“muñecas”) escondidas en la decoración de uno de los arcos. Encontrarlas se ha convertido en un pequeño juego para los visitantes.

El palacio gótico y los baños subterráneos

Junto al palacio mudéjar convive el Palacio Gótico, mandado construir por Alfonso X y reformado tras el terremoto de 1755. Sus salones, mucho más sobrios, están decorados con enormes tapices y azulejos, y contrastan por completo con el ambiente andalusí del resto del recinto.

Bajo el Patio del Crucero se esconde uno de los lugares más evocadores: los Baños de Doña María de Padilla, unos depósitos de agua de lluvia bajo bóvedas de piedra. Llevan el nombre de la amante del rey Pedro I, de quien la leyenda cuenta que se bañaba en estas aguas.

Por último, si dispones de tiempo, merece la pena reservar la visita al Cuarto Real Alto, las estancias de la planta superior que la familia real todavía utiliza hoy. Se visita solo con guía y requiere una entrada aparte.

Los jardines del Alcázar

Los edificios son el gran reclamo del Alcázar, pero los jardines son casi tan especiales como ellos. En cuanto sales de los frescos patios notarás que la temperatura sube unos cuantos grados, señal de que has llegado a un enorme oasis en pleno centro de Sevilla.

Son jardines inmensos, en los que una zona se funde con la siguiente en una mezcla de estilos y ambientes. No es de extrañar: a diferencia de los edificios, los jardines se han ido modificando constantemente a lo largo de los siglos para adaptarse a los gustos de cada época. Juegos de agua, hileras de árboles frutales, pavos reales paseando a sus anchas, grutas a la sombra… todo se une para crear un rincón encantador.

Qué buscar entre la vegetación

Entre tanta vegetación hay varios rincones que no debes perderte:

  • El Estanque de Mercurio. Un gran estanque presidido por una estatua de bronce del dios romano Mercurio, obra de Diego de Pesquera fundida por Bartolomé Morel en 1576. Está a la altura del palacio, algo elevado sobre el resto de los jardines, así que ofrece unas vistas estupendas.
  • La Galería del Grutesco. Un largo muro almohade que en el siglo XVI se transformó en una galería-mirador desde la que contemplar los jardines desde lo alto.
  • El Pabellón de Carlos V. Un precioso templete cubierto de azulejos, rodeado de setos, perfecto para hacerte una foto.
Reserva tiempo suficiente para pasear por los jardines sin prisas: necesitarás al menos una hora solo para esta parte. No están pensados para recorrerlos corriendo. Si visitas Sevilla en verano, ve por la mañana temprano: las tardes andaluzas suelen ser demasiado sofocantes para disfrutar de un paseo agradable.

El Alcázar en Juego de Tronos

Si eres fan de Juego de Tronos, el Alcázar te va a resultar familiar. Y es que sus patios y jardines fueron el escenario elegido para dar vida a Dorne, el más meridional de los Siete Reinos de Poniente, en la quinta temporada de la serie (2015).

En la ficción, Dorne es una tierra de clima cálido y seco, muy distinta del gélido Norte, y con unas costumbres propias. El Alcázar interpretó el papel de los Jardines del Agua (los Water Gardens) de Lanza del Sol, la sede de la Casa Martell. No es difícil entender por qué los productores se enamoraron de este lugar: los estanques, las fuentes y la exuberante vegetación encajaban a la perfección con el reino que querían mostrar.

Puedes ver el Alcázar convertido en Dorne en varios episodios de la quinta temporada (2, 6, 7 y 9). Si vuelves a verlos antes de tu visita, reconocerás muchos rincones al recorrer el palacio en persona.

Los rincones que salieron en la serie

  • El Estanque de Mercurio. Aparece cuando Ellaria Sand se reúne con el príncipe Doran Martell para exigirle venganza por la muerte de su amante, Oberyn Martell. El príncipe observa la escena sentado en una terraza con vistas al estanque.
  • El Salón de Embajadores. Aquí se reúnen Jaime Lannister y el príncipe Doran. Los productores apenas tuvieron que retocarlo: solo añadieron cortinas, muebles y plantas para que pareciera un palacio en funcionamiento.
  • Los Baños de Doña María de Padilla. Junto a estos depósitos de agua, Ellaria Sand y las Serpientes de Arena planean su venganza. Resulta muy apropiado que una antigua amante se reúna en el lugar que lleva el nombre de otra, la de Pedro I.
  • Los jardines y el Pabellón de Carlos V. Escenario de la emboscada de las Serpientes de Arena a Jaime, después de que este se infiltrara en los jardines para llevarse a su sobrina Myrcella.

Si quieres seguir el rastro de la serie por toda la ciudad, échale un vistazo a nuestra guía sobre los escenarios de rodaje de Juego de Tronos en Sevilla.

Cómo visitar el Alcázar en 2026

El Alcázar está en pleno casco histórico de Sevilla, justo enfrente de la catedral, así que llegar es muy fácil a pie desde cualquier punto del centro. Estos son los horarios y precios vigentes en 2026 (conviene confirmarlos siempre en la web oficial antes de ir, porque pueden cambiar).

Horarios

Temporada de invierno (del 1 de octubre al 31 de marzo): de 9:30 a 17:00 h.

Temporada de verano (del 1 de abril al 30 de septiembre): de 9:30 a 19:00 h.

El Alcázar cierra el 1 y el 6 de enero, el Viernes Santo y el 25 de diciembre.

Precios de las entradas

Entrada general: 15,50 €.

Entrada reducida (mayores de 65 años, estudiantes de 14 a 30 años y titulares del Carné Joven Europeo de 14 a 30 años): 8 €.

Cuarto Real Alto (visita guiada, se suma a la entrada general): 5,50 € más.

Entrada gratuita para menores de 13 años (acompañados de un adulto), personas nacidas o residentes en Sevilla capital, personas con discapacidad igual o superior al 33 % y su acompañante, e investigadores acreditados.

La entrada general incluye también la visita a otros espacios municipales, como el Antiquarium. Además, el Alcázar suele ofrecer un tramo de acceso gratuito la última hora de los lunes, aunque estas condiciones cambian con frecuencia y requieren reserva previa, así que confírmalo en la web oficial.

Consejos para tu visita

  • Compra las entradas por internet con antelación. El Alcázar es uno de los monumentos más visitados de España y las entradas para el día se agotan a menudo, sobre todo en primavera y verano. Reservar en la web oficial (con hora de acceso) te evitará colas y disgustos.
  • Dedícale al menos media jornada. Entre el palacio y los jardines es fácil pasar tres o cuatro horas. No lo dejes para última hora del día.
  • Ve a primera hora. Además de encontrar menos gente, disfrutarás de mejor luz para las fotos y evitarás el calor en los jardines.
  • Combínalo con la catedral y la Giralda, que están literalmente al lado, para aprovechar la mañana en el corazón histórico de Sevilla.