¿Cuántos árboles se talan cada año para fabricar lápices?

Rubén, actualizado a 10 septiembre 2026
cuantos arboles se talan anualmente para hacer lapices

Aunque escribamos cada vez más en pantallas, el lápiz de madera se sigue fabricando por miles de millones: es barato, no se estropea, no requiere batería y, en muchas partes del mundo, continúa siendo la herramienta con la que se aprende a escribir.

La cifra que se repite en todas partes es esta: cada año se talan unos 82.000 árboles para fabricar lápices.

De un solo árbol se obtienen alrededor de 170.000 lápices. Esto significa que esos 82.000 árboles permiten producir unos 14.000 millones de lápices al año, que es aproximadamente la cantidad que se fabrica en el mundo.

(Conviene hacer la multiplicación, porque circulan muchas versiones erróneas de este dato: si se dice que son 82.000 árboles y, a la vez, 2.000 millones de lápices, los números no cuadran ni de lejos.)

Puesto en perspectiva, 82.000 árboles al año es mucho menos de lo que parece. Es una cifra pequeña en comparación con casi cualquier otro uso industrial de la madera y, además, la madera de los lápices no sale de bosques primarios, sino de plantaciones gestionadas para ello.

De dónde viene el lápiz

Los romanos escribían con un estilo (stylus), una varilla puntiaguda de metal o hueso con la que se grababa sobre tablillas de cera, que podían alisarse y reutilizarse. No tiene nada que ver con un lápiz, pero es el antepasado de la idea.

El lápiz tal y como lo conocemos nace de una casualidad geológica. A mediados del siglo XVI se descubrió en Borrowdale, en el norte de Inglaterra, un yacimiento de grafito de una pureza excepcional, el único de ese tipo conocido en el mundo. Los pastores de la zona empezaron a utilizarlo para marcar ovejas.

El grafito dejaba una línea magnífica, pero era demasiado blando y manchaba, por lo que fue necesario envolverlo. Primero se utilizó cuerda y, más tarde, madera. En 1662, Núremberg pasó a ser la primera ciudad del mundo en fabricar lápices de madera en serie; de ahí proceden Faber-Castell y Staedtler, que siguen siendo alemanas.

El salto definitivo llegó en 1795 de la mano de un oficial del ejército de Napoleón, Nicolas-Jacques Conté. Debido a que Inglaterra bloqueaba la exportación de su grafito, Conté probó a mezclar polvo de grafito con arcilla y a cocer la mezcla. El experimento funcionó y, además, resolvió un problema que el grafito puro no permitía: variando la proporción de arcilla se obtienen minas más duras o más blandas. Toda la escala de durezas actual de cualquier estuche —HB, 2B, 4H— proviene de aquel invento.

Cómo se fabrican y qué madera llevan

Para la carcasa se utilizan maderas blandas de conífera, ya que deben poderse afilar limpiamente y sin astillarse. La madera predominante en el sector es el cedro de incienso (Calocedrus decurrens), que crece principalmente en California y Oregón. Se emplea desde hace más de un siglo precisamente por su comportamiento al usar el sacapuntas. Actualmente, compite con maderas más económicas como el tilo y el álamo, sobre todo en la producción de Asia.

El proceso es más ingenioso de lo que parece:

  1. La madera se corta en tablillas finas de la longitud de un lápiz, unas 7,5 pulgadas.
  2. A cada tablilla se le graban nueve ranuras paralelas.
  3. Se les pone cola y se colocan las minas ya cocidas.
  4. Encima se pega otra tablilla ranurada, y las dos se prensan formando una especie de sándwich.
  5. Ese bloque se corta longitudinalmente y salen nueve lápices de una vez.
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¿Es un problema para los bosques?

Menos de lo que sugiere la pregunta. La madera de los lápices procede de plantaciones de rendimiento sostenido: bosques gestionados en los que cada año se plantan más árboles de los que se talan, precisamente porque a la industria le interesa que la materia prima no se agote.

Además, el lápiz cuenta con una ventaja poco intuitiva respecto a su alternativa. Un portaminas no gasta madera, pero gasta plástico: se fabrica con derivados del petróleo y, al romperse, acaba en el vertedero durante siglos. En cambio, un lápiz de madera es biodegradable y su mina está compuesta por grafito y arcilla, dos minerales inertes.

Si el objetivo es reducir el impacto, la cifra relevante no es cuántos árboles se talan, sino cuánto dura cada objeto y en qué se convierte cuando se tira.