¿Cuántas personas hablan árabe en el mundo y dónde?

Rubén, actualizado a 24 septiembre 2026
cuantas personas hablan arabe en el mundo

Contando todas sus variedades, el árabe tiene alrededor de 411 millones de hablantes nativos y unos 70 millones más que lo usan como segunda lengua. En total, cerca de 480 millones de personas, lo que lo sitúa entre las cinco lenguas más habladas del mundo, junto al inglés, el mandarín, el español y el hindi.

El puesto exacto depende de cómo se cuente, y no es una evasiva: es el problema central de este tipo de listas.

  • Si se cuentan hablantes totales, el inglés va muy por delante de todos porque lo estudia medio mundo, y el árabe queda quinto.
  • Si se cuentan solo nativos, el árabe sube mucho, porque casi todos sus hablantes lo son de nacimiento: apenas se aprende como segunda lengua fuera del mundo árabe.
  • Y si se contara cada variedad por separado —el egipcio, el marroquí, el levantino— ninguna de ellas entraría en el top diez por sí sola.

Esa última posibilidad no es un tecnicismo. Es, de hecho, la clave para entender qué es el árabe, y va en el segundo capítulo.

Las cifras son de Ethnologue, que es la referencia habitual y las revisa cada año. Conviene tomarlas como una estimación razonable y no como un censo: en varios de los países con más hablantes no hay datos lingüísticos fiables y recientes.

Dónde se habla árabe

El árabe es lengua oficial o cooficial en 24 países y territorios, concentrados en tres zonas: el norte de África, la península arábiga y Oriente Medio. Es lo que se llama el mundo árabe.

La lista: Arabia Saudí, Argelia, Bahréin, Chad, Comoras, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Eritrea, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Palestina, Qatar, Somalia, Sudán, Siria, Túnez, Yibuti y Yemen.

Hay además países donde es lengua nacional o minoría reconocida sin ser oficial: Irán, Turquía, Níger, Senegal, Malí y Chipre. Y en Israel tiene un estatus constitucional especial.

Por número de hablantes, los países que más aportan son Egipto —el más poblado del mundo árabe, con más de cien millones de habitantes—, seguido de Argelia, Sudán, Irak, Arabia Saudí y Marruecos.

Fuera del mundo árabe

Aquí es donde el mapa se vuelve interesante para un europeo, porque hay comunidades grandes y antiguas:

  • En Europa, el árabe es la lengua materna de en torno al 4 % de la población de Bélgica, del 2,5 % de la de Francia y de cerca del 1,5 % de la del Reino Unido. En Francia es, con diferencia, la segunda lengua del país por número de hablantes nativos.
  • Estados Unidos tiene algo más de un millón de hablantes.
  • Y Brasil alberga una de las mayores diásporas árabes del mundo, sobre todo de origen libanés y sirio, llegada desde finales del siglo XIX. Se calcula en varios millones de personas, aunque la mayoría de los descendientes ya no habla la lengua.
En España el árabe es la lengua materna de una parte importante de la población de origen marroquí, la mayor comunidad extranjera del país. Y tiene además un caso aparte: en Ceuta y Melilla se habla el árabe dariya, una variedad local emparentada con el marroquí, con un uso muy extendido en la vida cotidiana aunque sin estatus oficial.

El árabe que se estudia no lo habla nadie en casa

Esta es la particularidad del árabe y la que más sorprende a quien se acerca por primera vez.

El árabe es técnicamente una macrolengua: un conjunto de unas treinta variedades que se agrupan bajo un mismo nombre y que no siempre se entienden entre sí. Un marroquí y un iraquí hablando cada uno su variedad de casa pueden tener serias dificultades para seguirse; la distancia entre el árabe magrebí y el del Golfo es comparable a la que hay entre el español y el italiano, o mayor.

Por encima de todas ellas está el árabe moderno estándar, que es el que:

  • se usa en los medios de comunicación, en los documentos oficiales y en la ley;
  • se enseña en la escuela en todos los países árabes;
  • y es el que se aprende en las academias de idiomas de todo el mundo.

Y aquí está el detalle: el árabe moderno estándar no es la lengua materna de nadie. Nadie lo habla en su casa ni con sus amigos. Todo hablante de árabe crece con su variedad local y aprende el estándar después, en la escuela, como una segunda capa formal.

La situación se llama diglosia y no tiene equivalente exacto en Europa. Lo más parecido sería que en toda Europa occidental se siguiera escribiendo y emitiendo los telediarios en latín, mientras cada uno habla su lengua en casa.

La consecuencia práctica, si piensas estudiarlo. Si aprendes árabe moderno estándar podrás leer prensa, seguir un informativo, entender letreros y hacerte entender en una gestión formal. Pero en la calle de El Cairo o de Marrakech sonarás raro, como quien pregunta la hora en un registro solemne, y te costará seguir una conversación entre locales.

Por eso la recomendación habitual es elegir según el destino: el egipcio es el más útil como segunda opción, porque el cine y la televisión egipcios se han visto durante décadas en todo el mundo árabe y casi todos lo entienden; el levantino (Siria, Líbano, Jordania, Palestina) también viaja bien; y el marroquí o dariya es el más práctico para España y el más difícil de entender para el resto del mundo árabe.

Sobre el árabe clásico

El árabe clásico es la variedad de los textos literarios de los siglos VII a IX y del Corán. No es una lengua hablada, pero sigue siendo la lengua de la religión en todo el mundo islámico, y buena parte de su gramática y su vocabulario coinciden con el árabe moderno estándar, que es su descendiente directo.

Una aclaración de parentesco, porque se lee mal a menudo: el árabe no desciende del arameo. Las dos son lenguas semíticas centrales, como el hebreo y el fenicio, y por tanto primas entre sí, no madre e hija. El árabe surgió en la península arábiga y se extendió con las conquistas islámicas a partir del siglo VII por el norte de África, Oriente Medio y Asia central, y la asimilación de las poblaciones locales hizo el resto.

Cuántas palabras del español vienen del árabe

Aquí hay que empezar desmontando una cifra que circula por todas partes: no, un tercio del vocabulario español no viene del árabe. Es un dato falso que se repite sin parar, y la diferencia con la realidad es enorme.

Lo que dicen los filólogos:

  • El recuento más citado, el del filólogo Rafael Lapesa, da unos 4.000 arabismos, que equivalen a cerca del 8 % del vocabulario del español.
  • Algunos autores elevan la cifra hasta las 10.000 palabras si se cuentan derivados y topónimos con criterio amplio.
  • En el habla cotidiana el peso real es todavía menor, porque muchos de esos 4.000 términos son palabras de oficios desaparecidos, agricultura tradicional o arquitectura que hoy casi no se usan.

Ocho por ciento no es poco: los arabismos son, después del latín, la mayor aportación léxica que ha recibido el español, al menos hasta el siglo XVI. Pero ocho no es treinta y tres.

Cómo reconocerlos

Hay un truco que funciona bastante bien: las palabras que empiezan por «al-». El árabe al es el artículo determinado, y muchas palabras se incorporaron al español con el artículo pegado, sin que nadie lo separara:

almohada, alfombra, alcohol, álgebra, almacén, alcalde, albañil, alcantarilla, alquiler, almendra, azúcar —del árabe as-sukkar, con el artículo asimilado—, aceite, aceituna, arroz, naranja, limón, berenjena, sandía, jarra, taza, ojalá (de law šāʾ Allāh, «si Dios quiere»), hasta, fulano, ajedrez, cifra, cero, jaqueca, rincón, azotea, zaguán.

Fíjate en los campos: agricultura y regadío, comercio, administración urbana, matemáticas y medicina. No es casual. Son exactamente las áreas en las que al-Ándalus estaba más desarrollado que los reinos del norte, y el vocabulario viajó con la técnica.

Y están los topónimos, que son muchísimos: Guadalquivir (wādī al-kabīr, «el río grande»), Guadalajara, Gibraltar, Algeciras, Almería, Madrid, Albacete, Alcalá, Medina, Benidorm, La Mancha, Alcántara.

La huella no es solo española. Hay arabismos en portugués, turco, persa, bosnio, hebreo y, a través de otras lenguas, en inglés: alcohol, sugar, cotton, algebra, algorithm —esta última del nombre del matemático al-Juarismi— y coffee.

Por qué merece la pena saber algo de árabe

Al margen del interés lingüístico, hay razones bastante prácticas.

Para viajar, unas pocas palabras dan un rendimiento desproporcionado en todo el norte de África y Oriente Medio. En países donde el inglés no está tan extendido como uno espera —Marruecos rural, Egipto fuera de las zonas turísticas, Jordania— saludar bien cambia el tono de una conversación. Y hay una fórmula que abre más puertas que ninguna: salam aleikum (paz sobre ti), a la que se responde wa aleikum salam. Con shukran (gracias), afwan (de nada), min fadlak (por favor) e insha’Allah se cubre muchísimo terreno.

Para trabajar, es una lengua con mucha demanda y poca oferta en Europa. Pesa especialmente en energía, construcción, tecnología e inmobiliario —los sectores que han movido el dinero de los países del Golfo— y en la diplomacia, la cooperación internacional, el periodismo y la traducción institucional. Es una de las seis lenguas oficiales de la ONU.

Y para leer el mundo, da acceso directo a los medios de una región de la que en España se habla constantemente a través de traducciones e intermediarios.

Un aviso de realismo: el árabe es una de las lenguas más difíciles para un hispanohablante. Alfabeto distinto, escritura de derecha a izquierda, sonidos que no existen en español, una morfología basada en raíces de tres consonantes que funciona de otro modo, y encima el asunto de la diglosia del capítulo anterior. Los servicios diplomáticos estadounidenses lo clasifican en su categoría más alta de dificultad, la misma que el chino, el japonés y el coreano. No es una lengua para tres meses.

Fuentes

  1. en.wikipedia.org
  2. ethnologue.com
  3. es.wikipedia.org
  4. alhambra-patronato.es