Imagina el país más cerrado y secreto del mundo, uno que lleva décadas aislado, sancionado y del que apenas salen imágenes. Y ahora imagina que ese mismo país se construye un enorme resort de playa con hoteles en primera línea, sombrillas, toboganes de agua y capacidad para 20.000 turistas, como si fuera Benidorm o Cancún.
Pues no hace falta imaginarlo: es real. Se llama Wonsan Kalma, está en la costa este de Corea del Norte y es la gran apuesta personal de Kim Jong-un para reinventar su país a través del turismo. En pleno 2025, cuando muchos daban por hundida su economía tras años de sanciones y de aislamiento por la pandemia, Corea del Norte hizo algo que casi nadie esperaba: inauguró su propia Costa del Sol.
Y aquí viene lo más surrealista de todo: después de gastar una fortuna en levantar este paraíso de playa… el país casi no deja entrar a turistas extranjeros.
En este artículo te contamos qué es exactamente Wonsan Kalma, por qué un régimen tan hermético se lanza a por el turismo, cómo funciona (si es que se puede) viajar a Corea del Norte y por qué detrás de las sombrillas se esconde una historia bastante más oscura.
Wonsan Kalma: el macro-resort de playa de Kim Jong-un
Wonsan Kalma (nombre completo, Área Turística Costera de Wonsan-Kalma) se levanta sobre la playa de Myongsasimni, una lengua de arena de unos 4 kilómetros en la península de Kalma. Es, sin exagerar, el proyecto turístico más ambicioso que ha construido nunca Corea del Norte.
Las cifras impresionan para cualquier país, y más para uno tan aislado:
- Capacidad para unos 20.000 visitantes a la vez.
- 6 grandes hoteles, 37 moteles y una decena de edificios altos más para alojamiento.
- Piscinas, zonas de ocio, restaurantes y toda la infraestructura de un resort de playa moderno.
| Dato | Cifra |
| Playa | Unos 4 km (playa de Myongsasimni) |
| Capacidad | Hasta 20.000 visitantes |
| Alojamiento | 6 grandes hoteles y 37 moteles |
| Inauguración | 1 de julio de 2025 |
| Cierre a extranjeros | 18 de julio de 2025 |
| Ubicación | Península de Kalma (costa este) |
El complejo es la niña de los ojos de Kim Jong-un. Lo anunció a bombo y platillo hace años, sufrió retrasos de casi un lustro y, cuando por fin se inauguró el 1 de julio de 2025, el propio líder norcoreano acudió al acto acompañado de su familia. La televisión estatal lo presentó como una de las grandes conquistas del país: la prueba de que Corea del Norte también puede ofrecer “vacaciones de ensueño”.
Por qué el país más aislado del mundo apuesta por el turismo
Aquí está lo que muchos analistas consideran “lo imposible”: Corea del Norte tenía que estar hundida. Años de sanciones internacionales cada vez más duras y, encima, un cierre total de fronteras durante la pandemia (desde enero de 2020) que lo dejó aún más aislado. Sobre el papel, la economía debía colapsar. Y sin embargo, el régimen ha aguantado e incluso ha empezado a modernizar su capital y a inaugurar un resort tras otro. ¿Por qué?
La respuesta corta es: el turismo es una de las pocas formas legales de conseguir divisas. Casi todo lo demás que exporta Corea del Norte choca con las sanciones, pero llevar turistas a una playa y cobrarles la estancia es un negocio mucho más difícil de bloquear. Cada visitante que paga hotel, comidas y excursiones es dinero extranjero entrando directo a las arcas del Estado.
Y no es la primera vez que lo intentan. Wonsan Kalma es la joya de la corona, pero el régimen lleva años construyendo atracciones:
- La estación de esquí de Masikryong (inaugurada en 2014).
- El complejo de aguas termales de Yangdok (2019).
- Y, en su día, la montaña Kumgang, que entre 1998 y 2008 recibió a casi 2 millones de turistas surcoreanos en un raro programa de acercamiento entre las dos Coreas.
El as en la manga: Rusia
Lo que ha cambiado las cosas últimamente es el acercamiento a Rusia. Con la relación entre Moscú y Pionyang más estrecha que nunca, han empezado a llegar turistas rusos (desde 2024) e incluso se han programado vuelos directos Moscú-Wonsan. Para Corea del Norte, Rusia es un aliado que no le pone pegas y una fuente nueva de visitantes con la que sustituir, en parte, a los chinos.
En otras palabras: mientras el mundo esperaba su colapso, Corea del Norte decidió venderse como destino de vacaciones. Ese giro es, precisamente, lo que tiene a tanta gente hablando de que ha hecho “lo imposible”.
El giro más surrealista: un resort de playa... casi sin turistas
Y aquí llega la parte más increíble de toda la historia. Después de años de obras y de presentar Wonsan Kalma como un destino turístico de primer nivel, ¿qué hizo Corea del Norte nada más abrirlo?
Cerrarlo a los extranjeros.
El resort abrió sus puertas el 1 de julio de 2025, pero apenas dos semanas después, el 18 de julio, las autoridades anunciaron que dejaba de admitir turistas extranjeros. En agosto, algunas agencias rusas todavía anunciaban viajes al complejo y llegó a visitarlo algún grupo, pero en la práctica el gran resort internacional se quedó abierto casi solo para turistas nacionales.
¿Cómo se explica semejante contradicción? Levantar un macro-complejo pensado para 20.000 personas y luego no dejar entrar a los de fuera parece un despropósito, pero encaja con la forma de funcionar del régimen:
- Control ante todo. Recibir extranjeros implica un riesgo enorme para un país que vigila cada contacto entre sus ciudadanos y el exterior. Es más fácil “practicar” primero con turismo interno.
- Escaparate propagandístico. El resort sirve también hacia dentro: demuestra a la población que el país “prospera” aunque casi nadie de fuera lo pise.
- Todo a medio hacer. Muchos analistas creen que, sencillamente, aún no está todo listo para una avalancha internacional y que la apertura real llegará poco a poco, empezando por los rusos.
¿Se puede visitar Corea del Norte? Así funciona el turismo allí
Sí, técnicamente se puede visitar Corea del Norte (cuando el país abre la mano), pero no se parece en nada a viajar a cualquier otro sitio. Olvídate de alquilar un coche, pasear por tu cuenta o improvisar. El turismo norcoreano funciona con unas reglas muy estrictas:
- Solo en grupo y con guías. No existe el turismo por libre. Se viaja en tours organizados por agencias autorizadas, siempre acompañado por guías-vigilantes que no te dejan solo prácticamente en ningún momento.
- Nada de moverte a tu aire. No puedes salir del hotel por tu cuenta ni cambiar el itinerario. Todo está planificado al detalle.
- Cuidado con la cámara. Está prohibido fotografiar muchas cosas (instalaciones militares, obras, cualquier imagen que “quede mal”). Hacerlo puede considerarse espionaje.
- Sin contacto libre con la gente. Relacionarte por tu cuenta con la población local está muy mal visto e incluso puede acarrear graves consecuencias para el norcoreano con el que hables.
- Visado especial. Suele emitirse como una tarjeta de turista aparte, no como un sello en el pasaporte.
En principio, el país está abierto a casi cualquier nacionalidad salvo dos excepciones: los surcoreanos y los periodistas. Hay, además, un caso especial muy importante: los ciudadanos estadounidenses tienen prohibido por su propio gobierno viajar a Corea del Norte desde 2017, un veto que se ha ido renovando año tras año.
La cara oscura: propaganda, sanciones y la sombra de Otto Warmbier
Por muy fascinante que resulte la idea de una playa norcoreana, conviene no quedarse solo con la postal. El turismo en Corea del Norte tiene una cara mucho más oscura que es de justicia contar.
- El dinero va al régimen. Muchos exiliados norcoreanos denuncian que el turismo apenas beneficia a la población: el dinero acaba en manos del Estado. Un desertor llegó a resumirlo así: los efectos positivos del turismo son “un 1%”, y los negativos, “un 99%”.
- Un decorado, no la realidad. A los visitantes se les enseña una versión cuidadosamente maquillada del país: monumentos, sonrisas y edificios relucientes, mientras se les mantiene lejos de la pobreza y de la vida real de la gente.
- Construido con mano de obra forzada. Sobre grandes proyectos como Wonsan Kalma pesan acusaciones de trabajos forzados, con “brigadas de choque” trabajando a marchas forzadas para cumplir los plazos que marca el líder.
- Precios de otro planeta. Se han documentado estancias de una sola noche por unos 1.500 dólares, una cifra que equivale a cerca del 85% de los ingresos anuales de un norcoreano medio. El turismo es un lujo para los de fuera, no para los de dentro.
Tampoco conviene olvidar el final de aquel experimento turístico entre las dos Coreas: los viajes a la montaña Kumgang se suspendieron en 2008 después de que un soldado norcoreano matara a tiros a una turista surcoreana que, al parecer, se había adentrado en una zona restringida.
En resumen
La historia de Wonsan Kalma resume a la perfección la paradoja de la Corea del Norte de hoy: un país capaz de construir un macro-resort de playa para demostrar al mundo (y a los suyos) que ha hecho “lo imposible”, pero incapaz de abrir de verdad sus puertas sin traicionar su obsesión por el control.
Como destino, es de los más fascinantes y singulares que existen. Como viaje real, es de los más complicados, caros y éticamente delicados que puedas plantearte. Y quizá esa contradicción sea, en el fondo, la mejor manera de entender al país más cerrado del mundo.
