En Corea del Norte, la familia que gobierna el país no son simplemente unos dirigentes: son objeto de un culto casi religioso, uno de los más extremos y elaborados que ha conocido la historia moderna. Durante décadas, el régimen ha construido alrededor de la dinastía Kim una devoción que impregna absolutamente todo: la educación, el arte, el calendario, la vida cotidiana e incluso la propia identidad del país.
Retratos obligatorios en cada hogar, estatuas colosales ante las que la gente se inclina, insignias sobre el corazón, mitos de nacimiento sobrenaturales y hasta un calendario que empezaba en el año en que nació el fundador. Todo está pensado para que la lealtad a los Kim sea el centro de la vida.
En este artículo repasamos las claves de ese culto a la personalidad: de dónde viene, cómo se manifiesta en el día a día y algunos de sus símbolos más asombrosos.
Una dinastía (casi) divina
El culto arranca con Kim Il-sung, el fundador del país, y no ha hecho más que crecer con cada generación. Hoy son ya tres los líderes de la misma familia:
| Líder | Periodo | Título / apodo |
| Kim Il-sung | 1948-1994 | Fundador y Presidente Eterno |
| Kim Jong-il | 1994-2011 | El Querido Líder |
| Kim Jong-un | Desde 2011 | Líder actual |
Lo llamativo es hasta qué punto se les presenta como figuras sobrehumanas. Kim Il-sung no solo gobernó en vida: tras su muerte en 1994 fue declarado “Presidente Eterno”, de modo que, oficialmente, el país sigue teniendo como jefe de Estado a alguien fallecido hace décadas.
La propaganda llegó a rodear su nacimiento y el de su hijo de auténticos mitos. Según la versión oficial, Kim Jong-il habría nacido en la sagrada montaña Paektu, y su llegada al mundo habría venido acompañada de señales prodigiosas: un doble arco iris y la aparición de una nueva estrella en el cielo. (Los historiadores sitúan en realidad su nacimiento en la Unión Soviética, pero eso no encaja tan bien en la leyenda).
El calendario que empezaba en 1912
Una de las expresiones más asombrosas del culto fue el calendario Juche. En Corea del Norte, durante casi tres décadas, los años no se contaron desde el nacimiento de Cristo, como en casi todo el mundo, sino desde el nacimiento de Kim Il-sung.
Funcionaba así: el año 1912 (cuando nació el fundador) pasó a ser el año 1 (Juche 1). De ese modo, por ejemplo, el año 2020 era en Corea del Norte el Juche 109. El sistema se implantó oficialmente en 1997 y convivía con el calendario occidental en documentos y periódicos.
La palabra Juche es, además, el nombre de la ideología oficial del país: una doctrina que predica la autosuficiencia y la independencia nacional, y que gira en torno a la figura del líder como guía supremo.
Retratos, insignias y estatuas colosales
El culto a los Kim no vive solo en los discursos: está físicamente presente en la vida diaria de cualquier norcoreano.
- Retratos en cada hogar. Las casas están obligadas a exhibir los retratos oficiales de los líderes. Deben colgarse en alto, de forma que nadie quede por encima de ellos, y mantenerse impecables (existe incluso un paño especial para limpiarlos). Descuidarlos puede acarrear problemas serios.
- Insignias sobre el corazón. Los adultos llevan una pequeña chapa o pin con la imagen de los líderes prendida en el pecho, sobre el lado izquierdo, cerca del corazón. Es una muestra permanente y visible de lealtad.
- Estatuas monumentales. Las ciudades están presididas por estatuas gigantescas de los Kim. Las más famosas son las del Gran Monumento de Mansudae, en Pyongyang: dos figuras de bronce de más de veinte metros ante las que los ciudadanos —y los turistas que visitan el país— se inclinan y depositan flores en señal de respeto.
Incluso la botánica se sumó al culto: existen flores bautizadas en su honor, la kimilsungia y la kimjongilia, que se exhiben en grandes exposiciones florales.
Cuerpos embalsamados y juegos de masas
El culto llega a su punto más impresionante en dos escenarios muy distintos: uno solemne y otro espectacular.
El palacio de los líderes eternos
En Pyongyang, el Palacio de Kumsusan (o Palacio del Sol) funciona como un gigantesco mausoleo. Allí reposan, embalsamados y expuestos al público, los cuerpos de Kim Il-sung y Kim Jong-il. Antiguo palacio presidencial, se reconvirtió en santuario tras la muerte del fundador, en una obra que habría costado una fortuna. Visitarlo es casi un acto de peregrinación, con normas de vestimenta y comportamiento estrictísimas.
Los juegos de masas
En el otro extremo están los juegos de masas (conocidos por espectáculos como el Arirang): coreografías con decenas de miles de participantes perfectamente sincronizados que, entre gimnastas, bailarines y enormes mosaicos formados con cartulinas en las gradas, cuentan la historia del país y ensalzan a sus líderes. Se celebran en el estadio Primero de Mayo de Rungrado, uno de los mayores del mundo, y son una demostración apabullante de disciplina colectiva.
