Qué ver y hacer en Pekín: lo imprescindible y lo que casi nadie visita

Rubén, actualizado a 18 agosto 2026
templo del cielo pekin

Pekín tiene un problema que no tienen otras capitales: casi todo lo importante es enorme. La Ciudad Prohibida son mil edificios, el Templo del Cielo es un parque entero, el Palacio de Verano tiene un lago con isla y la plaza de Tiananmen es de las mayores del mundo.

Eso significa que aquí no funciona el modelo de «mañana de museos y tarde de paseo» que sirve en Europa. Cada uno de los grandes se come medio día como mínimo, y si intentas encajar tres en una jornada acabas reventado y sin haber visto ninguno.

La otra particularidad es que varias visitas exigen reserva previa con días de antelación y cupo limitado. Improvisar en Pekín sale caro.

Lo imprescindible de Pekín, con precios orientativos de 2026

SitioPrecio aproximadoCuánto tiempo¿Hay que reservar?Ojo con
Ciudad Prohibida60 ¥ (unos 7 €) en temporada alta3 horasSí, y se agotaCierra los lunes
Templo del CieloEntrada al parque desde 15 ¥ (2 €)2-3 horasNoVe a las 7 de la mañana
Palacio de VeranoDesde 30 ¥ (unos 3,60 €)Media jornadaNoEstá a las afueras
Gran MurallaSegún el tramoDía completoSegún el tramoBadaling es el peor y el más lleno
Plaza de TiananmenGratis45 minutosControl de seguridad con pasaporte
Templo de los Lamas25 ¥ (unos 3 €)1 horaNoCierra a las 16:00 en invierno
Colina de Jingshan2 ¥ (céntimos)45 minutosNoLa mejor vista de la Ciudad Prohibida
Parque Beihai5-10 ¥ (poco más de 1 €)1-2 horasNoPega con Jingshan
Distrito 798GratisMedia jornadaNoMuchas galerías cierran los lunes
Para españoles, una buena noticia: China mantiene la entrada sin visado para pasaportes españoles hasta el 31 de diciembre de 2026, con estancias de hasta 30 días. Se entra directamente, con el pasaporte con seis meses de validez y el billete de vuelta a mano por si lo piden en frontera.

Con eso en la cabeza, esto es lo que de verdad merece la pena, ordenado por importancia y con una idea de cuánto tiempo pedir a cada cosa.

Los imprescindibles

La Ciudad Prohibida

El palacio imperial durante casi cinco siglos y la razón principal por la que se viene a Pekín. Se entra por el sur y se sale por el norte, en un solo sentido, y hacen falta tres horas.

Ojo, que este no admite improvisación: hay que reservar con antelación, cierra los lunes y la entrada va ligada a tu pasaporte. Todo el procedimiento, en cómo conseguir entradas para la Ciudad Prohibida.

La plaza de Tiananmen

Justo al sur, y de paso obligado. Es enorme y tiene sus propios controles de seguridad con pasaporte. Más que un sitio bonito es un sitio con peso: conviene saber lo que se está pisando, y de eso hablamos en la plaza de Tiananmen.

El Templo del Cielo

Para mí, lo más bonito de Pekín y donde más se disfruta. No solo por el edificio —esa rotonda de tejado azul que sale en todas las fotos— sino por el parque que lo rodea.

Ve temprano, sobre las siete de la mañana. A esa hora el parque se llena de gente del barrio haciendo taichí, bailando, cantando ópera, jugando al bádminton y a las cartas. Es de las mejores estampas de vida cotidiana que vas a ver en China, y a las diez ya se ha acabado.

El Palacio de Verano

El refugio estival de la corte: un lago enorme, colinas, pabellones y un corredor cubierto pintado que no se acaba nunca. Medio día tranquilo, y en verano se agradece muchísimo porque hay sombra y agua.

Está a las afueras, así que cuenta con el trayecto.

Los hutongs

Los callejones tradicionales del casco antiguo, con las casas de patio. Es donde Pekín deja de ser una capital de avenidas de ocho carriles y se convierte en un pueblo.

Quedan muchos menos de los que había —se han derribado barrios enteros—, y los más céntricos están muy orientados al turismo. Aun así, basta con meterse dos calles hacia dentro para encontrar la vida real: gente jugando al ajedrez chino en la puerta, ropa tendida, bicicletas.

La Torre del Tambor y la Torre de la Campana son un buen punto de partida para perderse por la zona.

La colina de Jingshan

Justo enfrente de la puerta norte de la Ciudad Prohibida, y la mejor inversión de tiempo de todo Pekín: cuesta 2 yuanes, se sube en quince minutos y desde el pabellón de arriba tienes la Ciudad Prohibida entera a tus pies, con los tejados dorados alineados y la ciudad moderna de fondo.

Es la foto que resume el viaje, y la razón de encadenarlo justo al salir del palacio: sales por el norte y la tienes delante.

Sube al atardecer si puedes. Es cuando la luz da de lleno sobre los tejados.

El parque Beihai

Pegado a Jingshan por el oeste, un lago imperial con una gran estupa blanca en una isla en el centro. Fue jardín de los emperadores durante ochocientos años y hoy es un parque de barrio donde la gente rema, canta y juega a las cartas.

Cuesta poco más de un euro y encaja perfectamente después de Jingshan: los tres —Ciudad Prohibida, Jingshan y Beihai— están pegados y se hacen en el mismo día.

El orden que yo montaría si tienes cuatro días:

  1. Día 1: Ciudad Prohibida + Tiananmen + Jingshan y Beihai al salir.
  2. Día 2: la Gran Muralla, día completo.
  3. Día 3: Templo del Cielo a primera hora + hutongs por la tarde.
  4. Día 4: Palacio de Verano.

Y la regla de oro: reserva primero la Ciudad Prohibida y encaja el resto alrededor, porque es la única pieza rígida del puzle.

La Gran Muralla y las excursiones de un día

La Gran Muralla: la excursión que justifica el viaje

Es, para mucha gente, la razón de venir a Pekín, y hay que tratarla como lo que es: un día completo, no una mañana.

Lo primero que hay que decidir no es cuándo ir, sino a qué tramo, porque la experiencia cambia por completo:

  • Badaling es el más cercano, el que sale primero al buscar y el peor de todos: está completamente restaurado, tiene teleférico y en temporada se anda en fila india. Es la Muralla convertida en parque temático.
  • Mutianyu es el equilibrio razonable: restaurado pero con mucha menos gente, rodeado de bosque, con telesilla para subir y tobogán para bajar.
  • Jinshanling y los tramos salvajes exigen más desplazamiento y más piernas, y a cambio dan la Muralla que tienes en la cabeza: sin restaurar, sin gente y perdiéndose entre las montañas.

Tienes la comparación completa, con cómo llegar a cada uno, en qué tramo de la Gran Muralla elegir desde Pekín.

Y una duda que llega mucho: ¿cierra los lunes? No. La Muralla es un recinto al aire libre y abre todos los días. La regla del lunes afecta a los museos —la Ciudad Prohibida, el Museo Nacional—, no a ella.

Las Tumbas Ming

Se suelen vender combinadas con Badaling en la misma excursión, y ahí está el problema: la combinación existe por proximidad, no porque tenga sentido. Acabas haciendo dos visitas con prisa.

Si te interesa la parte imperial, lo que de verdad merece la pena es la Vía Sagrada: un paseo de kilómetro y medio flanqueado por estatuas de piedra de animales y funcionarios. Es tranquilo, bonito y se disfruta andando. Las cámaras funerarias en sí son menos espectaculares de lo que promete el nombre.

Chengde, si tienes días de sobra

A unas dos horas en tren de alta velocidad está Chengde, la residencia de verano de los emperadores Qing: un recinto amurallado gigantesco con lagos y palacios, más un conjunto de templos tibetanos alrededor.

Es un viaje que solo tiene sentido con un día entero o, mejor, con noche allí. Pero si ya conoces Pekín o tienes una semana larga, es de lo mejor del norte de China y no lo visita casi ningún extranjero.

Lo que casi nadie visita y merece la pena

Cuando ya tienes los grandes cubiertos, aquí es donde Pekín se pone interesante.

El Templo de los Lamas (Yonghegong)

El templo budista tibetano más importante fuera del Tíbet, y está en pleno centro con parada de metro propia. Es un templo en uso, no un museo: huele a incienso y hay gente rezando de verdad.

Dentro guarda un Buda de dieciocho metros tallado en un solo tronco de sándalo. Verlo en persona impresiona bastante más de lo que sugiere la descripción.

El Templo de Confucio y el Colegio Imperial

Justo al lado del anterior y casi vacío, lo cual dice mucho de cómo se reparten los turistas. Patios con cipreses centenarios y centenares de estelas de piedra con los nombres de los que aprobaron los exámenes imperiales durante siglos. Un remanso de paz a cinco minutos del bullicio.

Los restos de la muralla de la ciudad

Casi nadie sabe que Pekín tuvo su propia muralla y que se derribó en los años cincuenta y sesenta para hacer la segunda circunvalación y el metro. Queda un tramo restaurado junto a la estación de tren principal, con un parque alargado. No es espectacular, pero cuenta una historia de la ciudad que se ha borrado.

798, el barrio del arte

Una antigua fábrica de electrónica de la época soviética convertida en distrito de galerías, estudios y cafés. Naves industriales con consignas de la Revolución Cultural todavía pintadas en las vigas, y arte contemporáneo debajo.

Es el contraste perfecto después de tres días de templos, y una tarde entretenidísima. Está lejos del centro, así que reserva medio día.

Los mercados y el paseo nocturno

Pekín se disfruta mucho de noche. La zona de los lagos Houhai con las orillas iluminadas, los puestos callejeros de comida, la gente patinando en invierno cuando se hiela.

Una advertencia sobre las “casas de té” y las “exposiciones de arte”. En las zonas turísticas —sobre todo alrededor de Tiananmen y las calles peatonales céntricas— es habitual que se te acerque alguien muy simpático, con un inglés sorprendentemente bueno, que quiere “practicar idiomas” y acaba proponiéndote ir a una ceremonia del té o a una galería.

Es la estafa clásica de la capital: la cuenta al final es desorbitada y a veces hay alguien en la puerta para que la pagues. No es peligroso, pero es caro. Si alguien te aborda en la calle y la conversación deriva hacia “vamos a tomar algo”, declina y sigue andando.

Cuántos días necesitas

Cuatro días completos es el número que funciona para Pekín. Con menos hay que renunciar a algo importante; con más, entras en el terreno de las excursiones.

Con tres días: lo esencial sin margen

  • Día 1. Ciudad Prohibida, Tiananmen, Jingshan y Beihai. Todo pegado.
  • Día 2. La Gran Muralla, completo.
  • Día 3. Templo del Cielo a primera hora, Templo de los Lamas a media mañana y hutongs por la tarde.

Te dejas fuera el Palacio de Verano, que es una pena, pero es lo que se puede sacrificar sin romper el viaje.

Con cuatro: el número correcto

Los tres anteriores más un día para el Palacio de Verano, que da para una mañana larga sin prisa y una tarde de paseo por los lagos de Houhai.

Con cinco o más

Aquí ya puedes meter el 798, las Tumbas Ming o incluso Chengde, y sobre todo puedes permitirte repetir un sitio a otra hora, que en Pekín cambia mucho las cosas: un parque a las siete de la mañana y a las cinco de la tarde son dos sitios distintos.

Cuándo venir. Los mejores meses son septiembre y octubre, con cielo despejado, temperatura agradable y los árboles cambiando de color. Detrás van abril y mayo.

El verano es duro: más de 35 grados con humedad y tormentas. El invierno es muy frío —bajo cero durante semanas— pero tiene una ventaja enorme: la Ciudad Prohibida nevada y sin colas.

Y evita la Semana Dorada del 1 al 7 de octubre y el Año Nuevo chino: viaja el país entero a la vez. Lo tienes desarrollado en cuándo viajar a Pekín y cuántos días.

Lo práctico: reservas, lunes y controles

Tres cosas que en Pekín se resuelven antes de salir del hotel y evitan la mayoría de los disgustos.

Reserva con nombre real, y con días de antelación

Los grandes monumentos chinos funcionan con cupo y reserva nominal. Las entradas de la Ciudad Prohibida salen siete días antes y se agotan; van atadas a tu pasaporte, y en la puerta lo pasan por un lector.

Eso tiene dos consecuencias prácticas:

  • No puedes comprar la entrada allí mismo. No hay taquilla.
  • No puedes usar la entrada de otra persona, ni sacar dos con el mismo pasaporte.

El procedimiento completo, con los botones en chino y los pasos del registro, está en cómo reservar entradas para la Ciudad Prohibida.

El lunes cierran los museos

La Ciudad Prohibida cierra los lunes, salvo festivos nacionales, y con ella el Museo Nacional y buena parte de las instituciones. La Gran Muralla, los parques y los templos siguen abiertos.

Con eso, la regla para montar la semana es sencilla: coloca primero la Ciudad Prohibida —que es la única pieza rígida— y encaja el resto alrededor. Si te toca lunes, ese es el día perfecto para la Muralla o para el 798.

Un matiz que cambia según el mes: en verano, muchos museos de Pekín suspenden el cierre de los lunes por la afluencia. Merece la pena comprobarlo el mismo mes del viaje en vez de darlo por hecho en ninguna de las dos direcciones.

Controles de seguridad por todas partes

Pekín tiene más controles que ninguna otra ciudad china. Los hay en cada entrada de metro, en la plaza de Tiananmen —donde además piden el pasaporte— y en la entrada de los monumentos.

No es motivo de preocupación, pero sí de planificación: suma diez o quince minutos a cada trayecto y lleva el pasaporte siempre encima, no en la caja fuerte del hotel. Sin él no entras en Tiananmen ni recoges una entrada.

Ojo también con la navaja del llavero: en los controles del metro y del tren se aplica un límite de 6 centímetros de hoja y se mide con regla. Lo contamos en la guía de los trenes de alta velocidad.

Moverse

El metro es la respuesta a casi todo: barato, enorme y rotulado también en inglés. Los detalles de tarjetas, aplicaciones y taxis están en cómo moverse por Pekín, y si llegas o sales en avión, en los dos aeropuertos de Pekín, que están en extremos opuestos y conviene no confundir.