Pekín presenta un problema que no tienen otras capitales: casi todo lo importante es enorme. La Ciudad Prohibida consta de mil edificios, el Templo del Cielo es un parque entero, el Palacio de Verano tiene un lago con isla y la plaza de Tiananmen es una de las mayores del mundo.
Esto significa que aquí no funciona el modelo de «mañana de museos y tarde de paseo» que sirve en Europa. Cada uno de los grandes se come medio día como mínimo y, si intentas encajar tres en una jornada, acabas reventado y sin haber visto ninguno.
Otro detalle importante es que varias visitas exigen reserva previa con días de antelación y tienen un cupo limitado. Improvisar en Pekín sale caro.
| Sitio | Precio aproximado | Cuánto tiempo | ¿Hay que reservar? | Ojo con |
| Ciudad Prohibida | 60 ¥ (unos 7 €) en temporada alta | 3 horas | Sí, y se agota | Cierra los lunes |
| Templo del Cielo | Entrada al parque desde 15 ¥ (2 €) | 2-3 horas | No | Ve a las 7 de la mañana |
| Palacio de Verano | Desde 30 ¥ (unos 3,60 €) | Media jornada | No | Está a las afueras |
| Gran Muralla | Según el tramo | Día completo | Según el tramo | Badaling es el peor y el más lleno |
| Plaza de Tiananmen | Gratis | 45 minutos | Sí | Control de seguridad con pasaporte |
| Templo de los Lamas | 25 ¥ (unos 3 €) | 1 hora | No | Cierra a las 16:00 en invierno |
| Colina de Jingshan | 2 ¥ (céntimos) | 45 minutos | No | La mejor vista de la Ciudad Prohibida |
| Parque Beihai | 5-10 ¥ (poco más de 1 €) | 1-2 horas | No | Pega con Jingshan |
| Distrito 798 | Gratis | Media jornada | No | Muchas galerías cierran los lunes |
Teniendo esto en cuenta, aquí tienes lo que realmente merece la pena visitar, ordenado por importancia y con una estimación del tiempo que conviene dedicar a cada lugar.
Los imprescindibles
La Ciudad Prohibida
Fue el palacio imperial durante casi cinco siglos y es la razón principal por la que se visita Pekín. Se entra por el sur y se sale por el norte, en un solo sentido, y se necesitan tres horas.
Ojo, que este no admite improvisación: hay que reservar con antelación, cierra los lunes y la entrada está vinculada a tu pasaporte. Todo el procedimiento se explica en cómo conseguir entradas para la Ciudad Prohibida.
La plaza de Tiananmen
Está justo al sur y es un paso obligado. Es enorme y cuenta con sus propios controles de seguridad donde piden el pasaporte. Más que un lugar bonito, es un sitio con peso: conviene saber lo que se está pisando, y de ello hablamos en la plaza de Tiananmen.
El Templo del Cielo
Para mí, lo más bonito de Pekín y el lugar donde más se disfruta. No solo por el edificio —esa rotonda de tejado azul que aparece en todas las fotos— sino también por el parque que lo rodea.
Ve temprano, sobre las siete de la mañana. A esa hora el parque se llena de vecinos haciendo taichí, bailando, cantando ópera, jugando al bádminton y a las cartas. Es una de las mejores estampas de vida cotidiana que vas a ver en China, y a las diez ya se ha acabado.
El Palacio de Verano
El refugio estival de la corte: un lago enorme, colinas, pabellones y un corredor cubierto pintado que no se acaba nunca. Medio día tranquilo, y en verano se agradece muchísimo porque hay sombra y agua.
Se encuentra a las afueras, así que ten en cuenta el tiempo del trayecto.
Los hutongs
Los callejones tradicionales del casco antiguo, con sus casas de patio. Es aquí donde Pekín deja de ser una capital de avenidas de ocho carriles y se convierte en un pueblo.
Quedan muchos menos de los que había —se han derribado barrios enteros— y los más céntricos están muy orientados al turismo. Aun así, basta con meterse dos calles hacia dentro para encontrar la vida real: gente jugando al ajedrez chino en la puerta, ropa tendida y bicicletas.
La Torre del Tambor y la Torre de la Campana constituyen un buen punto de partida para perderse por la zona.
La colina de Jingshan
Se encuentra justo enfrente de la puerta norte de la Ciudad Prohibida y es la mejor inversión de tiempo de todo Pekín: cuesta 2 yuanes, se sube en quince minutos y desde el pabellón superior tienes la Ciudad Prohibida entera a tus pies, con sus tejados dorados alineados y la ciudad moderna de fondo.
Es la foto que resume el viaje y el motivo para encadenarlo justo al salir del palacio: sales por el norte y la tienes delante.
Sube al atardecer si puedes. Es cuando la luz da de lleno sobre los tejados.
El parque Beihai
Está pegado a Jingshan por el oeste y es un lago imperial con una gran estupa blanca en una isla central. Fue jardín de los emperadores durante ochocientos años y hoy es un parque de barrio donde la gente rema, canta y juega a las cartas.
Su precio es de poco más de un euro y encaja perfectamente después de Jingshan: los tres —Ciudad Prohibida, Jingshan y Beihai— están pegados y se hacen en el mismo día.
El orden que yo montaría si tienes cuatro días:
- Día 1: Ciudad Prohibida + Tiananmen + Jingshan y Beihai al salir.
- Día 2: la Gran Muralla, día completo.
- Día 3: Templo del Cielo a primera hora + hutongs por la tarde.
- Día 4: Palacio de Verano.
Y la regla de oro: reserva primero la Ciudad Prohibida y encaja el resto alrededor, porque es la única pieza rígida del puzle.
La Gran Muralla y las excursiones de un día
La Gran Muralla: la excursión que justifica el viaje
Para mucha gente es la razón de venir a Pekín, y hay que tratarla como lo que es: un día completo, no una mañana.
Antes de decidir cuándo ir, lo primero es elegir a qué tramo, ya que la experiencia cambia por completo:
- Badaling es el más cercano, el que sale primero al buscar y el peor de todos: está completamente restaurado, tiene teleférico y en temporada se anda en fila india. Es la Muralla convertida en parque temático.
- Mutianyu es el equilibrio razonable: restaurado pero con mucha menos gente, rodeado de bosque, con telesilla para subir y tobogán para bajar.
- Jinshanling y los tramos salvajes exigen más desplazamiento y más piernas, y a cambio dan la Muralla que tienes en la cabeza: sin restaurar, sin gente y perdiéndose entre las montañas.
Tienes la comparativa completa, incluyendo la forma de llegar a cada uno, en qué tramo de la Gran Muralla elegir desde Pekín.
Las Tumbas Ming
Se suelen vender combinadas con Badaling en la misma excursión, y ahí reside el problema: la combinación existe por proximidad, no porque tenga sentido. Al final, acabas haciendo las dos visitas con prisa.
Si te interesa el legado imperial, lo que realmente merece la pena es la Vía Sagrada: un recorrido de kilómetro y medio flanqueado por estatuas de piedra de animales y funcionarios. Es un paseo tranquilo, bonito y se disfruta caminando. Las cámaras funerarias en sí son menos espectaculares de lo que sugiere su nombre.
Chengde, si tienes días de sobra
Chengde, la residencia de verano de los emperadores Qing, se encuentra a unas dos horas en tren de alta velocidad: es un recinto amurallado gigantesco con lagos y palacios, además de un conjunto de templos tibetanos alrededor.
Este viaje solo tiene sentido si dispones de un día entero o, preferiblemente, si pasas noche allí. Pero si ya conoces Pekín o tienes una semana larga, es de lo mejor del norte de China y casi ningún extranjero lo visita.
Lo que casi nadie visita y merece la pena
Cuando ya tienes los grandes cubiertos, aquí es donde Pekín se pone interesante.
El Templo de los Lamas (Yonghegong)
Se trata del templo budista tibetano más importante fuera del Tíbet y se encuentra en pleno centro, con su propia parada de metro. Es un templo en uso, no un museo: huele a incienso y hay gente rezando de verdad.
En su interior se encuentra un Buda de dieciocho metros tallado en un solo tronco de sándalo. Verlo en persona impresiona bastante más de lo que sugiere la descripción.
El Templo de Confucio y el Colegio Imperial
Se encuentra justo al lado del anterior y está casi vacío, lo cual dice mucho de cómo se reparten los turistas. Cuenta con patios con cipreses centenarios y centenares de estelas de piedra con los nombres de quienes aprobaron los exámenes imperiales durante siglos. Es un remanso de paz a cinco minutos del bullicio.
Los restos de la muralla de la ciudad
Casi nadie sabe que Pekín tuvo su propia muralla y que se derribó en los años cincuenta y sesenta para construir el metro y la segunda circunvalación. Queda un tramo restaurado junto a la estación de tren principal, acompañado de un parque alargado. No es espectacular, pero cuenta una historia de la ciudad que se ha borrado.
798, el barrio del arte
Se trata de una antigua fábrica de electrónica de la época soviética convertida en un distrito de estudios, cafés y galerías. Sus naves industriales conservan todavía consignas de la Revolución Cultural pintadas en las vigas, con arte contemporáneo debajo.
Es el contraste perfecto tras tres días de templos y una tarde entretenidísima. Está lejos del centro, así que reserva medio día.
Los mercados y el paseo nocturno
Pekín se disfruta mucho de noche. Destaca la zona de los lagos Houhai con sus orillas iluminadas, los puestos callejeros de comida y la gente que patina en invierno cuando el agua se hiela.
Una advertencia sobre las “casas de té” y las “exposiciones de arte”. En las zonas turísticas —sobre todo alrededor de Tiananmen y en las calles peatonales del centro— es habitual que se te acerque alguien muy simpático y con un inglés sorprendentemente bueno que quiere “practicar idiomas” y acaba proponiéndote ir a una galería o a una ceremonia del té.
Se trata de la estafa clásica de la capital: la cuenta final es desorbitada y, en ocasiones, hay alguien en la puerta para asegurarse de que la pagues. No es peligroso, pero es caro. Si alguien te aborda por la calle y la conversación deriva hacia “vamos a tomar algo”, declina la invitación y sigue andando.
Cuántos días necesitas
Cuatro días completos es la cifra ideal para Pekín. Con menos tiempo hay que renunciar a algo importante; con más, se entra ya en el terreno de las excursiones.
Con tres días: lo esencial sin margen
- Día 1. Ciudad Prohibida, Tiananmen, Jingshan y Beihai. Todo pegado.
- Día 2. La Gran Muralla, completo.
- Día 3. Templo del Cielo a primera hora, Templo de los Lamas a media mañana y hutongs por la tarde.
Te quedas sin visitar el Palacio de Verano, lo cual es una pena, pero es lo que se puede sacrificar sin romper el viaje.
Con cuatro: el número correcto
A los tres días anteriores se suma uno para el Palacio de Verano, que permite dedicarle una mañana larga sin prisas y pasar la tarde paseando por los lagos de Houhai.
Con cinco o más
En este caso ya puedes incluir el 798, las Tumbas Ming o incluso Chengde. Sobre todo, puedes permitirte repetir un sitio a otra hora, ya que en Pekín las cosas cambian mucho: un parque a las siete de la mañana y a las cinco de la tarde son dos sitios distintos.
Cuándo venir. Los mejores meses son septiembre y octubre, con cielo despejado, temperatura agradable y los árboles cambiando de color. A continuación están abril y mayo.
El verano es duro: más de 35 grados con humedad y tormentas. El invierno es muy frío —bajo cero durante semanas—, pero tiene una ventaja enorme: la Ciudad Prohibida nevada y sin colas.
Y evita la Semana Dorada del 1 al 7 de octubre y el Año Nuevo chino: viaja el país entero a la vez. Lo tienes desarrollado en cuándo viajar a Pekín y cuántos días.
Lo práctico: reservas, lunes y controles
Tres cosas que se resuelven en Pekín antes de salir del hotel y que evitan la mayoría de los disgustos.
Reserva con nombre real, y con días de antelación
Los grandes monumentos chinos funcionan con cupo y reserva nominal. Las entradas de la Ciudad Prohibida se ponen a la venta siete días antes y se agotan; están atadas a tu pasaporte, el cual pasan por un lector en la puerta.
Eso tiene dos consecuencias prácticas:
- No puedes comprar la entrada allí mismo. No hay taquilla.
- No puedes usar la entrada de otra persona, ni sacar dos con el mismo pasaporte.
El procedimiento completo, con los pasos del registro y la explicación de los botones en chino, se encuentra en cómo reservar entradas para la Ciudad Prohibida.
El lunes cierran los museos
La Ciudad Prohibida cierra los lunes, a menos que sea un festivo nacional, y también lo hacen el Museo Nacional y gran parte de las instituciones. La Gran Muralla, los parques y los templos siguen abiertos.
Así, la regla para organizar la semana es sencilla: coloca primero la Ciudad Prohibida —que es la única pieza rígida— y encaja el resto alrededor. Si te toca lunes, ese es el día perfecto para la Muralla o para el 798.
Controles de seguridad por todas partes
Pekín tiene más controles que ninguna otra ciudad china. Los hay en cada acceso al metro, en la plaza de Tiananmen —donde además piden el pasaporte— y en la entrada de los monumentos.
No es motivo de preocupación, pero sí de planificación: suma diez o quince minutos a cada trayecto y lleva el pasaporte siempre encima, no en la caja fuerte del hotel. Sin él no entras en Tiananmen ni recoges una entrada.
Ten cuidado también con la navaja del llavero: en los controles del metro y del tren se aplica un límite de 6 centímetros de hoja y se mide con regla. Lo contamos en la guía de los trenes de alta velocidad.
Moverse
El metro es la respuesta a casi todo: es barato, enorme y también está rotulado en inglés. Los detalles sobre tarjetas, aplicaciones y taxis se encuentran en cómo moverse por Pekín. Si llegas o sales en avión, consulta la información sobre los dos aeropuertos de Pekín, que están en extremos opuestos y conviene no confundir.
