Aunque Pekín, Shanghái y Hong Kong sean las ciudades más populares de China para muchos turistas, Chengdu es una ciudad que debería figurar en el itinerario de mucha más gente.
Es la capital de Sichuan, está reconocida por la UNESCO como ciudad de la gastronomía y tiene una personalidad muy marcada: mientras que otras ciudades chinas van deprisa, Chengdu presume de ir despacio. Aquí la gente se pasa la tarde entera en una casa de té jugando al mahjong, y esa costumbre define el lugar más que cualquier monumento.
En Chengdu podrás degustar la increíble cocina de Sichuan, conocer a los amables lugareños, explorar hermosos templos, comprar en los mercados locales, visitar lugares declarados Patrimonio de la Humanidad y, por supuesto, ver pandas gigantes.
A continuación repasamos las mejores cosas que ver y hacer en la ciudad.
Este artículo es el repaso general. Para lo práctico tenemos guías dedicadas:
Ver pandas en Chengdu — horarios, entradas, qué base elegir y por qué la hora importa mucho más que el precio.
Qué comer en Chengdu — los platos imprescindibles y las casas de té.
Dónde alojarse, cómo llegar y moverse y cuándo ir y cuántos días.
El Buda gigante de Leshan — la excursión de un día que casi todo el mundo hace desde aquí.
El Chengdu de la calle: parques, plazas y casas de té
Antes que cualquier monumento, lo que hay que comprender de Chengdu es cómo se usa la ciudad. Aquí la vida no transcurre dentro de los museos, sino en los parques, en las casas de té y en las plazas, a cualquier hora del día y de la semana. Empieza por aquí.
El Parque del Pueblo, que es el corazón de todo

Si solo tienes tiempo para una actividad que no sean los pandas, que sea esta. El Parque del Pueblo (人民公园) se encuentra en pleno centro, es gratuito y, en una sola tarde, te muestra más de Chengdu que cualquier otra visita.
En su interior suceden cuatro cosas a la vez, y todas merecen que les dediques un rato:
La casa de té Heming (鹤鸣茶社). Lleva abierta más de un siglo y tiene sillas de bambú bajo los árboles, junto al estanque. Funciona así: te sientas en cualquier silla libre, alguien llega con un gaiwan —la taza con tapa— lleno de té de jazmín y te lo van rellenando con agua caliente toda la tarde por unos 20 o 30 yuanes. No hay prisa ni nadie te va a echar, y esa es exactamente la idea. Es el sitio donde de verdad se ve por qué Chengdu presume de ir despacio.
La limpieza de oídos. Es la escena más fotografiada de la ciudad y no es una atracción para turistas: es una tradición local de verdad. Los limpiadores se pasean entre las mesas haciendo sonar sus herramientas metálicas, como un diapasón. Cuesta unos 30 yuanes y, si te dejas hacer y no te mueves, es inofensivo. Y si te da reparo, basta con un gesto con la mano: nadie insiste.
El rincón de las citas (相亲角). Se encuentra cerca de la puerta oeste y es de esas experiencias que no se olvidan. Verás a padres y madres con banquetas plegables, y cada uno lleva un cartel con los datos de su hijo o hija soltera: edad, altura, estudios, profesión, sueldo y si tiene piso. El color es rosa para ellas y azul para ellos. Están allí buscando pareja para sus hijos, muchas veces sin que estos lo sepan. Se mira con respeto y sin ponerles la cámara en la cara.
Y el resto del parque: un lago con barcas de remos, un estanque de peces, gente que canta en corro, otros que bailan y otros que juegan a las cartas o al mahjong. También hay espectáculos de cambio de máscaras al aire libre por la tarde, gratis, en el escenario viejo.
La plaza Tianfu y su fuente

La plaza Tianfu (天府广场) es el kilómetro cero de Chengdu y la plaza más grande del suroeste de China: cuenta con casi 90.000 metros cuadrados rodeados de rascacielos, la estatua de Mao presidiendo el lugar y el Museo de Sichuan a un lado.
Durante el día es un lugar de paso. Lo que hay que ver es la fuente, y hay que verla de noche. Al caer el sol comienza el espectáculo de agua, luces y música, con chorros que superan los diez metros y un trazado en forma de dragón que representa el Yangtsé. Es gratis y se llena de gente local, no de turistas.
Se encuentra en el cruce de las líneas 1 y 2 del metro, en la parada que lleva el mismo nombre, por lo que es imposible no pasar por aquí en algún momento del viaje. Ve una noche a propósito.
Chunxi Road y el panda que trepa por el edificio
Si te apetece ver el Chengdu moderno, Chunxi Road (春熙路) es la calle comercial principal: peatonal, luminosa y llena a todas horas.
Una tontería genial convierte este lugar en una parada obligatoria para casi todo el que visita la ciudad: en la fachada del centro comercial IFS hay un panda gigante de varios metros trepando por el edificio, con la cabeza y el culo asomando por encima de la cornisa. Está a pie de calle y es la foto más reconocible del Chengdu contemporáneo.
Junto a esto tienes Taikoo Li, una zona de tiendas de diseño construida alrededor del templo Daci, por lo que acabas viendo un templo budista del siglo VII rodeado de escaparates. Muy Chengdu.
El puente Anshun, de noche

Se trata de un puente cubierto de madera sobre el río Jin, que cuenta con tejados de pagoda y un restaurante en su interior. De día está bien; de noche, iluminado y reflejándose en el agua, es de las mejores estampas de la ciudad.
Se encuentra en el barrio de Jiuyanqiao, que es la zona de bares y ocio nocturno de Chengdu. Con lo cual sale un plan redondo: cena, paseo por el puente y una copa al lado.
Los pandas, que es a lo que viene todo el mundo

La Base de Investigación de Pandas Gigantes de Chengdu es la razón por la que la mayoría de las personas sitúan esta ciudad en el mapa. No es un zoo convencional, sino un centro de investigación y cría sin ánimo de lucro: además de pandas gigantes, alberga pandas rojos, pavos reales y más de dos mil especies de plantas.
Se fundó en 1987 con seis pandas rescatados de la naturaleza. Hoy en día hay alrededor de un centenar y, en su interior, se les puede ver dormir, comer, trepar y —con suerte— jugar.
Lo único que de verdad importa aquí es la hora. Los pandas están activos a primera hora de la mañana, momento en el que les dan de comer; a partir de media mañana se quedan dormidos y ya no se mueven en todo el día. Llegar justo a la apertura no es un simple consejo de guía turística, sino la diferencia entre ver pandas y ver bultos blancos y negros durmiendo.
Lo desglosamos todo —qué base elegir, entradas, cómo llegar y a qué hora— en ver pandas en Chengdu.
Y un apunte para quien viaje con margen: en invierno hay mucha menos gente y los pandas están más activos, porque el calor de Chengdu en verano los deja fritos igual que a ti.
Templos, barrios antiguos y museos
El templo Wuhou y la calle Jinli

El templo Wuhou (武侯祠) está dedicado a Zhuge Liang, el estratega del reino de Shu durante el periodo de los Tres Reinos, una figura que en China goza de una popularidad similar a la de cualquier personaje histórico europeo. Cuenta con 37.000 metros cuadrados de senderos, muros rojos y bosques de bambú, y es uno de los lugares más bonitos de la ciudad para pasear.
Al salir, no te vayas sin cruzar a la calle Jinli (锦里), que está justo al lado. Se trata de una calle reconstruida siguiendo el estilo de las casas de Sichuan occidental de finales de la dinastía Ming y actualmente está llena de farolillos rojos y puestos de artesanía y comida.
Es turística, sí. Pero por la noche, con los farolillos encendidos, funciona muy bien, y los puestos de comida callejera son auténticos: ahí puedes probar media docena de cosas de Sichuan sin sentarte en ningún sitio.
Los callejones Kuanzhai

El callejón Ancho y el Estrecho (宽窄巷子) son dos calles de patios de la dinastía Qing que han sido restauradas y convertidas en tiendas, bares, restaurantes y casas de té.
sigue el mismo aviso que con Jinli: está muy turistificado. Aun así, merece la visita por la arquitectura de los patios y porque aquí es fácil sentarse en una casa de té, ver ópera de Sichuan en pequeño formato o que te limpien los oídos si no lo hiciste en el parque.
Wenshu Yuan, el templo que sí se usa
Este es el que más falta hace en las listas y el que más se agradece: el monasterio de Wenshu (文殊院), fundado hace más de 1.400 años, es el templo budista en activo más importante de Chengdu.
La diferencia con los anteriores es que no es un decorado: hay monjes, gente rezando y quemando incienso, y el ambiente es el de un sitio vivo, no el de una atracción. Además, tiene un jardín enorme con su propia casa de té —otra vez el té— y un comedor vegetariano donde se come muy bien y muy barato.
Si solo vas a visitar un templo en Chengdu, que sea este.
Qingyang Gong, el templo taoísta
El Palacio de la Cabra Verde (青羊宫) es el templo taoísta más grande y más antiguo de la ciudad. Está vinculado al monte Qingcheng —la cuna del taoísmo, situada a una hora de distancia—, pero lo tienes aquí mismo y es una buena introducción si no vas a subir a la montaña.
Busca las dos cabras de bronce de la sala principal: una de ellas es un animal imposible, creado a partir de partes de los doce animales del zodiaco chino.
La casa de campo de Du Fu
La choza de Du Fu (杜甫草堂) es el lugar donde residió, en el siglo VIII, quien para muchos chinos es el mayor poeta de la historia del país. Du Fu pasó aquí unos años mientras escapaba de una rebelión y escribió más de doscientos poemas.
Hoy en día no se visita tanto la casa —que es una reconstrucción— sino el parque que la rodea: bambú, estanques, puentes y mucha calma. Para un extranjero que no conozca la poesía Tang el valor literario se le escapa, pero como jardín es uno de los mejores sitios tranquilos de Chengdu.
El museo del yacimiento de Jinsha

Fue descubierto por accidente en 2001, durante unas obras. Debajo se encontraba un yacimiento de la civilización Shu de hace unos tres mil años, con máscaras de oro, objetos de jade, figuras de bronce y cientos de colmillos de elefante que se ofrecían en sacrificio.
El museo mantiene parte de la excavación a la vista, tal como apareció. Calcula dos o tres horas y lleva calzado cómodo, porque hay que andar bastante entre pabellones.
La ópera de Sichuan

La ópera de Sichuan es más un espectáculo de variedades que una ópera convencional: incluye marionetas, sombras chinescas, acrobacias, escupefuegos, comedia y, especialmente, el cambio de máscaras (变脸), el truco mediante el cual un actor cambia de rostro en una décima de segundo sin que se perciba el proceso. Se trata de un secreto gremial que se transmite entre familias.
El lugar más emblemático es Shu Feng Ya Yun, situado en el parque de la Cultura. Durante la función te sirven té y pipas y, efectivamente, también hay limpiadores de oídos que se mueven entre las butacas.
El espectáculo dura unas dos horas y no hace falta entender ni una palabra: está montado para que se disfrute sin idioma.
Y comer, que aquí es media visita

Chengdu es ciudad de la gastronomía de la UNESCO y eso no es un adorno: comer aquí es una de las actividades principales, no algo que ocurre entre visita y visita.
El plato estrella es el hotpot, una olla de caldo hirviendo —cargado de aceite picante y pimienta de Sichuan— situada en el centro de la mesa, donde cada persona va cociendo carne, verdura, fideos y lo que se tercie para mojarlo luego en su salsa. Es una comida comunitaria: se pide entre varios y se pasa la tarde.
No entramos aquí en detalles porque tenemos una guía aparte: qué comer en Chengdu, donde encontrarás los platos imprescindibles, cómo pedir un hotpot sin morir en el intento y las casas de té.
Y si vas a comprar fruta o cualquier cosa suelta por el camino, echa un vistazo a cómo funcionan los precios al peso en China, porque se basan en medio kilo y despistan.
Excursiones de un día desde Chengdu
Chengdu es además una base excelente: hay cuatro sitios importantes a menos de tres horas y tres de ellos son Patrimonio de la Humanidad. Si te quedas más de dos o tres días, alguna de estas visitas cae seguro.
El sistema de riego de Dujiangyan

Parece un plan aburrido, pero no lo es. Se trata del sistema de riego sin presas más antiguo del mundo, construido en el 256 a.C., y lo asombroso es que sigue funcionando: es el responsable de mantener la llanura de Chengdu libre de inundaciones desde hace veintidós siglos.
El gobernador Li Bing y su hijo idearon un método para dividir el río Minjiang en lugar de embalsarlo, desviando el agua sobrante y dejando pasar el sedimento. Por eso no ha necesitado sustituirse nunca.
Más allá de la ingeniería, el lugar es precioso: cruzas el río por el puente colgante de Anlan rodeado de montañas y con el agua turquesa a tus pies.

En el mismo recinto se encuentra el templo Erwang o de los Dos Reyes, dedicado precisamente a Li Bing y a su hijo, quienes fueron ascendidos a reyes tras su muerte por sus méritos. Se puede llegar desde arriba, a través de la montaña Yulei, o desde abajo, después de recorrer el sistema de riego.
Truco: casi todo el mundo visita primero el sistema de riego y después el templo. Si lo haces al revés, te ahorras la aglomeración.
Los montes Qingcheng

A unos 68 kilómetros se encuentra el monte Qingcheng, la cuna del taoísmo: hacia el año 143, el maestro Zhang Daoling eligió esta montaña para predicar.
Presenta dos caras. La delantera, más concurrida, cuenta con diez templos taoístas, cascadas y puestos; se puede subir andando o ahorrarse la mitad del camino con el teleférico. La trasera es para caminar por la naturaleza y ver menos templos.
Cerca de la cima, el templo Chaoyang cuenta con un patio entero cubierto de cintas rojas con deseos. Se pueden comprar allí mismo por unos 20 yuanes.
Se puede combinar muy bien con Dujiangyan en un mismo día, porque están al lado.
El Buda gigante de Leshan

A dos horas de Chengdu, y probablemente la excursión que más impresiona. Se trata de una estatua de 71 metros tallada en un acantilado de arenisca roja, situada en la confluencia de los ríos Min y Dadu: el Buda de piedra más grande del mundo.
La ventaja es que se puede contemplar desde muchos ángulos: hay escaleras para bajar hasta los pies y miradores a la altura de la cabeza, mientras que desde el río se aprecia su escala real.
Lo explicamos todo en la excursión al Buda gigante de Leshan, donde encontrarás los horarios, las entradas y la forma de evitar las tres horas de cola en las escaleras.
La montaña Emei

Situado a una hora de Leshan y a tres de Chengdu, el monte Emei es una de las cuatro montañas sagradas del budismo chino y alberga el primer templo budista construido en el país, que data del siglo I.
En la cima Dorada, en la parte alta, hay dos templos y una estatua dorada de Samantabhadra, el bodhisattva que, según la leyenda, salió volando de allí a lomos de un elefante blanco de tres cabezas.
Para subir hay tres opciones:
- Andando hasta arriba, que son unos dos días.
- Autobús hasta media montaña y teleférico, y caminar el tramo final: día y medio aproximadamente.
- Autobús todo el trayecto, que es lo que hace la mayoría y permite hacerlo en el día.
Si te quedas a dormir en la montaña, se puede reservar habitación en los monasterios del camino. Es básico y frío, pero amanecer allí arriba con la niebla es otra cosa.
Y un aviso serio: los macacos de Emei son famosos por agresivos. Roban comida, bolsas y móviles. No lleves comida a la vista ni te pares a hacerles fotos de cerca.
Si estás montando una ruta por el interior de China, la pareja natural de Chengdu es Chongqing, a poco más de una hora en tren rápido: una megaciudad vertical construida sobre montañas y con un carácter completamente opuesto al de Chengdu. La tienes en qué ver y hacer en Chongqing.
Y sí, ambas ciudades llevan décadas discutiendo cuál prepara el mejor hotpot. El de allí —más graso, más directo y con sebo de vacuno— lo explicamos en el hotpot de Chongqing, para que puedas juzgar por tu cuenta.
