Si vas a China estos meses, hay un detalle que se ve al primer paseo: en las pantallas gigantes de los centros comerciales, en los paneles del metro y en las vallas de las autopistas urbanas no hay actores ni cantantes, hay científicos. Un retrato en blanco y negro, el nombre, los años de vida y una línea explicando qué hizo esa persona por el país.
Empezó a finales de agosto de 2026 en la provincia de Shandong y en pocas semanas estaba en Zhengzhou, Hangzhou, Chongqing y buena parte del resto ref. Las fotos dieron la vuelta al mundo con el mismo comentario repetido en todos los idiomas: estos sí que son ídolos.

Este artículo va de lo segundo, que es lo que casi nadie cuenta: quiénes son esas caras, por qué esos y no otros, qué hay detrás de la iniciativa y qué se puede visitar de ellos si el tema te interesa.
Qué está pasando exactamente
Conviene contarlo con precisión, porque según quién lo cuente cambia bastante.
La versión de los medios estatales chinos es que no hay ninguna orden detrás: empezó como una iniciativa voluntaria de empresas de Shandong, que cedieron sus pantallas para rendir homenaje al padre del programa espacial chino, y que la idea se contagió sola al resto del país ref.
La versión de buena parte de la prensa extranjera es que se trata de una campaña del Gobierno para poner a los científicos a la altura de las celebridades ref.
Lo que no admite discusión es lo tercero: el aparato mediático estatal lo ha amplificado con entusiasmo, hasta el punto de dedicarle editoriales sobre lo que dice de los valores del país ref. Así que uno puede quedarse con la parte bonita —una ciudad que decide mirar a sus investigadores— sin olvidar que en China los espacios públicos rara vez se llenan solos.
Dónde se ve
- Pantallas LED de centros comerciales, que es donde se hicieron las fotos más virales.
- Estaciones de metro: en Zhengzhou, los carteles de Qian Xuesen y Deng Jiaxian aparecieron en la parada del Centro de Convenciones a finales de agosto.
- Vallas de pasos elevados y plazas, en ciudades grandes y medianas.
No es una exposición con fecha ni un recorrido señalizado: es publicidad cambiada de contenido, así que lo que te toque ver depende de la ciudad y del día.
Quiénes son las caras que vas a ver
Se repiten cinco nombres, y todos pertenecen a la misma generación: la que construyó la capacidad científica del país entre los años cincuenta y setenta, muchas veces volviendo desde el extranjero y en condiciones bastante duras.
| Nombre | Quién fue | Por qué lo conocen |
| Qian Xuesen (1911-2009) | Ingeniero aeroespacial | Padre del programa de misiles y del espacial chino; trabajó veinte años en Estados Unidos hasta que fue deportado en plena caza de brujas |
| Tu Youyou (1930) | Farmacóloga | Descubrió la artemisinina, el tratamiento que ha salvado más vidas de malaria; Nobel de Medicina en 2015 |
| Yuan Longping (1930-2021) | Agrónomo | Desarrolló el arroz híbrido, clave para alimentar a China tras décadas de hambrunas |
| Deng Jiaxian (1924-1986) | Físico nuclear | Dirigió el diseño de la primera bomba atómica y de la de hidrógeno chinas |
| Guo Yonghuai (1909-1968) | Físico y matemático | El único de los 23 galardonados del programa «dos bombas y un satélite» reconocido como mártir |
Hay una expresión que aparece una y otra vez junto a sus retratos: 两弹一星, liǎng dàn yī xīng, «dos bombas y un satélite». Es el nombre del programa que dio a China la bomba atómica, la de hidrógeno y su primer satélite, y en 1999 el Gobierno condecoró con ese título a veintitrés científicos. Varios de los que ves en las pantallas están en esa lista.
Si te fijas, falta un perfil entero: no hay emprendedores tecnológicos, ni fundadores de las grandes marcas chinas que sí conoces. Los homenajeados son casi todos funcionarios del Estado en programas militares o agrícolas, y eso también cuenta algo sobre qué tipo de éxito se está proponiendo como modelo.
La historia que hay detrás de la foto
El retrato de la pantalla de la imagen que abre este artículo es el de Guo Yonghuai, y su historia explica bastante bien por qué estas caras funcionan en un cartel.
Guo era físico y matemático, formado en Estados Unidos, donde trabajó en aerodinámica. Volvió a China en 1956 y acabó siendo el único científico que participó a la vez en los tres frentes del programa: misiles, armas nucleares y satélites.
El 5 de diciembre de 1968, el avión en el que viajaba de Qinghai a Pekín se estrelló en la aproximación al aeropuerto. Entre los restos encontraron su cuerpo y el de su escolta abrazados, y entre ambos, intacta, la cartera con los datos del ensayo termonuclear que traía. Se habían protegido mutuamente para que los documentos no ardieran.
En 1999 recibió, a título póstumo, la medalla del programa «dos bombas y un satélite». Es el único de los veintitrés con la consideración de mártir.
Allí científicos, aquí influencers
Es la comparación que ha hecho todo el mundo al ver las fotos, y tiene su parte de verdad y su parte de trampa.
La parte de verdad. En una ciudad china, el espacio publicitario más caro —la pantalla de la fachada del centro comercial, el panel del metro en hora punta— está ocupado estas semanas por gente que resolvió un problema difícil. Un niño que pasa por delante ve una cara con un nombre y una frase sobre lo que hizo. Los medios chinos citan encuestas según las cuales los niños británicos y estadounidenses quieren ser influencers mientras los chinos quieren ser astronautas ref, y aunque la fuente sea parte interesada, cualquiera que haya visto una clase de primaria a este lado del mundo sabe que el dato no suena descabellado.
La parte de trampa. Aquí también se homenajea a los científicos, solo que en sitios donde no se les ve: universidades, calles con su nombre, sellos de correos, algún billete antiguo. Y en China, además, esto no ocurre en un mercado libre de ideas: el espacio público está muy controlado, y lo que aparece en él aparece porque conviene que aparezca. Los mismos paneles que hoy muestran a un físico sirven para otras cosas el resto del año.
Lo interesante para quien viaja no es decidir quién lo hace mejor, sino notar qué te cuenta de un país lo que decide colgar en sus paredes. Aquí, marcas. Allí, ahora mismo, una lista de gente que murió hace décadas trabajando para el Estado. Ninguna de las dos cosas es inocente, y las dos dicen mucho.
Quien quiera entender de dónde viene esa relación entre ciencia, Estado y sacrificio, tiene buena parte de la explicación en lo que pasó con los intelectuales durante la Revolución Cultural: varios de los científicos que hoy aparecen en las pantallas trabajaron en aquellos años, y no precisamente con facilidades.
Qué visitar si te ha picado la curiosidad
La campaña de las pantallas es pasajera, pero los sitios donde se cuenta todo esto en serio siguen ahí, y son visitas baratas y poco turísticas.
Biblioteca y museo Qian Xuesen, en Shanghái
Está en el campus de Xuhui de la Universidad Jiao Tong, es gratuito y abre de martes a domingo, de nueve a cinco, con visitas guiadas a las diez y a las dos ref. Guarda unas 70.000 piezas del científico y en 2024 entró en la lista de museos nacionales de primer grado, que es la máxima categoría del país.
Cae a un paseo de la zona de la antigua concesión francesa, así que encaja bien en un día por el Shanghái menos evidente.
Museo del Arroz Longping, en Changsha
Dedicado a Yuan Longping y al arroz híbrido, es el primer museo del mundo sobre el arroz, tiene unos 6.000 metros cuadrados de exposición y también es gratuito ref. Se llega en metro, con la línea 6, hasta la parada del propio museo.
Los museos de ciencia de Pekín y Shanghái
Si viajas con niños, el Museo de Ciencia y Tecnología de China, en Pekín, y el de Shanghái, en Pudong, son dos de esos museos enormes y muy interactivos donde se va la mañana entera. Encajan sin esfuerzo en una ruta por Pekín.
