El caucho en Brasil: la fiebre que levantó Manaos, las semillas que se llevaron los ingleses y lo que queda hoy

Rubén, 28 septiembre 2026
teatro amazonas manaos

Durante unos treinta años, entre 1879 y 1912, la selva amazónica tuvo el monopolio de un producto que el mundo necesitaba desesperadamente: el caucho. Las bicicletas, los coches y la electricidad lo pedían a toneladas, y casi todo salía de árboles silvestres repartidos por la selva de Brasil y sus vecinos. De ahí salió el dinero que levantó teatros de ópera, tranvías eléctricos y palacetes en Manaos y en Belém, a miles de kilómetros de cualquier otra gran ciudad.

Fue también una historia de deudas que convertían a los trabajadores en esclavos en la práctica, de una guerra con Bolivia, de un ferrocarril que costó miles de vidas y de unas semillas que acabaron en Asia y hundieron el negocio en muy pocos años. Hoy Brasil importa buena parte del caucho que usa, y de la fiebre quedan los edificios, un museo en un antiguo cauchal y la memoria de Chico Mendes.

Cronología del caucho en Brasil

AñoQué pasó
1736La Condamine envía a París las primeras muestras de caucho amazónico
1839Charles Goodyear descubre la vulcanización (patente en 1844)
1876Henry Wickham saca de Santarém 70.000 semillas rumbo a Kew
1877-1879La gran sequía empuja a miles de cearenses hacia los cauchales
1888Dunlop inventa el neumático de bicicleta; en 1896 llega al coche
1896Se inaugura el Teatro Amazonas y Manaos enciende su alumbrado eléctrico
1903Tratado de Petrópolis: Acre pasa de Bolivia a Brasil
1910El caucho es el 40 % de las exportaciones de Brasil y los precios tocan techo
1912Se inaugura el ferrocarril Madeira-Mamoré; el precio ya se ha hundido
1913El caucho de plantación asiático supera al silvestre brasileño
1928Henry Ford empieza a levantar Fordlândia
1942-1945Los Acuerdos de Washington y los «soldados del caucho»
1988Asesinato de Chico Mendes en Xapuri
1990Se crea la Reserva Extractivista Chico Mendes
2026La UNESCO declara Patrimonio Mundial los teatros de Manaos y Belém

Lo esencial

  • El caucho sale de un árbol amazónico, la Hevea brasiliensis, que los portugueses llamaron seringueira. De ahí viene seringueiro, el hombre que la sangra.
  • En 1910 el caucho era el 40 % de las exportaciones de Brasil, casi tanto como el café.
  • Las semillas que sacó Henry Wickham en 1876 dieron origen a las plantaciones de Asia, que en 1913 ya producían más que toda la Amazonía.
  • Hoy casi todo el caucho brasileño sale de plantaciones de São Paulo, lejos de la selva: el silvestre es menos del 1 %.
  • Se puede visitar: el Teatro Amazonas y el Theatro da Paz, Patrimonio Mundial desde julio de 2026, el Museo del Seringal en Manaos, Fordlândia, el ferrocarril Madeira-Mamoré y la casa de Chico Mendes en Xapuri.

Un árbol, unas jeringas y un invento

Los pueblos amazónicos usaban el látex de la Hevea mucho antes de que llegaran los europeos: para impermeabilizar, para hacer pelotas y recipientes. El francés Charles-Marie de La Condamine envió en 1736 las primeras muestras a la Academia de Ciencias de París y describió cómo los omaguas fabricaban con él unas botellas en forma de pera que, al apretarlas, echaban agua como una jeringa. De ahí sale el nombre portugués del árbol, seringueira, y el del trabajador que lo sangra, seringueiro. El nombre francés, caoutchouc, viene de la palabra indígena cahuchu.

Durante un siglo fue una curiosidad: el caucho natural se ablanda con el calor y se vuelve quebradizo con el frío. Todo cambió en 1839, cuando el estadounidense Charles Goodyear descubrió la vulcanización, calentarlo con azufre, que lo hace estable y elástico. La patentó en 1844. Llegaron las correas de las máquinas, los aislantes de los cables eléctricos y, sobre todo, el neumático: Dunlop lo inventó para las bicicletas en 1888, y en 1896 ya se adaptaba a los coches.

La demanda se disparó, y el único sitio donde había Hevea era la Amazonía. Antes de 1900, Brasil vendía casi el 90 % del caucho que se comerciaba en el mundo.

La fiebre: Manaos y Belém, ciudades de ópera en la selva

El dinero corría río abajo hacia dos ciudades: Belém, en la desembocadura del Amazonas, y Manaos, en plena selva, donde el río Negro se junta con el Solimões. Entre 1901 y 1910, el caucho pasó del 21 % al 40 % de las exportaciones de Brasil, casi tanto como el café, y los comerciantes que lo compraban y lo embarcaban hacia Europa y Estados Unidos se hicieron inmensamente ricos.

Manaos se modernizó a toda velocidad. El 22 de octubre de 1896 encendió su alumbrado eléctrico en seis calles del centro, y en 1899 empezaron a circular tranvías eléctricos, que funcionaron hasta 1957. Ese mismo 1896, el 31 de diciembre, se inauguró todavía sin terminar del todo el Teatro Amazonas, con su cúpula de tejas de colores, símbolo de la época. Belém tenía el suyo, el Theatro da Paz, inspirado en la Scala de Milán e inaugurado en 1878.

Fotografía antigua de un tranvía eléctrico en una avenida ancha con edificios de dos plantas
Un tranvía eléctrico en la avenida Eduardo Ribeiro de Manaos, hacia 1909.

En julio de 2026, la UNESCO declaró Patrimonio Mundial los dos teatros, junto con sus plazas, con el nombre de «Teatros de la Amazonía». Son los monumentos más visibles de la fiebre del caucho.

Fotografía antigua de un almacén con bloques de caucho y trabajadores
Trabajadores procesando caucho en Manaos en 1906.

El precio: deudas, sequía y el Putumayo

Detrás de los teatros estaba el sistema de aviamento. El seringueiro llegaba al cauchal ya endeudado con el patrón, el seringalista, por el viaje. Tenía que comprar la comida, las herramientas y la munición en el almacén del patrón, el barracão, a los precios que este fijaba, y pagaba con el caucho que recogía, al precio que también fijaba el patrón. La deuda nunca se saldaba, y mientras se debía no se podía abandonar el cauchal. En la práctica, muchos vivían en una servidumbre de la que no podían salir.

La mano de obra llegó sobre todo del Nordeste. La gran sequía de 1877-1879 arrasó el interior de Ceará y empujó a decenas de miles de personas hacia la Amazonía, donde los agentes de los seringalistas las esperaban para llevarlas a los cauchales.

Lo peor ocurrió al otro lado de la frontera, en el río Putumayo, entre Perú y Colombia. Allí la Peruvian Amazon Company de Julio César Arana esclavizó a los pueblos indígenas con torturas y asesinatos. El diplomático británico Roger Casement investigó en 1910 y 1911, y su informe, publicado en 1912, provocó un escándalo internacional y la liquidación de la empresa. Las estimaciones de muertos varían mucho: unos 30.000 indígenas según el propio Casement, y al menos 100.000 según otros cálculos.

Una guerra por el Acre y el ferrocarril del diablo

Los mejores cauchales estaban en el Acre, que entonces era territorio boliviano pero estaba lleno de seringueiros brasileños. En 1902 se sublevaron, dirigidos por el gaúcho Plácido de Castro, que tomó Xapuri el 6 de agosto. La lucha terminó en enero de 1903, y el Tratado de Petrópolis, firmado el 17 de noviembre de ese año y negociado por el barón de Rio Branco, pasó el Acre a Brasil. A cambio, Brasil pagó dos millones de libras, cedió algunos territorios y se comprometió a construir un ferrocarril que salvara los rápidos del río Madeira, para que Bolivia pudiera sacar su caucho hacia el Atlántico.

Así nació el ferrocarril Madeira-Mamoré: 366 kilómetros de vía entre Porto Velho, la ciudad que creció alrededor de las obras, y Guajará-Mirim. Se construyó entre 1907 y 1912 en condiciones terribles, con malaria, fiebre amarilla y accidentes. Se habla de unos 6.000 muertos, y algunas estimaciones llegan a 10.000; la leyenda dice que costó una vida por cada traviesa. Lo llamaron el ferrocarril del diablo. Se inauguró el 1 de agosto de 1912, justo cuando el precio del caucho ya se había hundido.

Locomotora de vapor negra expuesta bajo una cubierta en un museo ferroviario
Una de las locomotoras del museo del ferrocarril Madeira-Mamoré, en Porto Velho.

Las semillas de Wickham y el hundimiento

El monopolio brasileño tenía los días contados desde 1876. Ese año, el explorador británico Henry Wickham sacó de Santarém, en el Pará, 70.000 semillas de Hevea por encargo del director de los jardines de Kew, en Londres, y con el dinero de la Oficina de la India. En Kew germinaron unas 2.800, y las plántulas se enviaron a Ceilán, la actual Sri Lanka, y a la Malasia británica.

Allí, en plantaciones ordenadas, con árboles en fila y trabajadores cerca, el caucho salía mucho más barato que buscando árboles dispersos por la selva. Malasia empezó a plantar a escala comercial en 1895; en 1908 ya tenía diez millones de árboles. En 1913, el caucho de plantación asiático superó por primera vez al silvestre brasileño.

El precio, que había tocado techo en 1909-1910, se desplomó. El caucho silvestre de Brasil perdió el 80 % de su valor entre 1910 y 1915, y en 1919 ya era solo el 8 % de la producción mundial. El plan del Gobierno para defender el caucho, de 1912, no sirvió de nada. Manaos se vació: el comerciante alemán Waldemar Scholz, que se había hecho construir uno de los palacetes más lujosos de la ciudad, se arruinó, y el estado compró su casa en 1918. Hoy es el Palacio Rio Negro, un centro cultural.

Brasil nunca consiguió reproducir el éxito de Asia con sus propias plantaciones. La razón es un hongo que solo existe en América y que explicamos en detalle en el caucho y la plaga que arruinó las plantaciones de Sudamérica.

Fordlândia: el sueño de Henry Ford en el Tapajós

En los años veinte, Henry Ford quiso dejar de depender del caucho asiático, controlado por británicos y holandeses. En 1927 obtuvo del Gobierno de Brasil un millón de hectáreas junto al río Tapajós, y en 1928 empezó a levantar allí una ciudad al estilo de Míchigan: Fordlândia, con casas de madera, hospital, escuela, campo de golf, torre de agua y una serrería.

Fue un desastre. Los árboles, plantados muy juntos, cayeron uno tras otro por el mal sudamericano de la hoja, un hongo que en la selva no hace tanto daño porque los árboles silvestres crecen separados. A eso se sumaron las plagas, la falta de conocimientos agrícolas y el choque cultural: hubo motines de trabajadores, uno de ellos por el comedor de autoservicio que impuso la empresa.

En 1933 Ford lo intentó de nuevo en Belterra, más cerca de Santarém, con mejores terrenos y variedades asiáticas de alto rendimiento. Llegó a tener 7.000 habitantes en 1940, pero la primera cosecha comercial, en 1942, dio 750 toneladas. En 1945, después de invertir unos 20 millones de dólares, Ford vendió las dos plantaciones al Gobierno brasileño por 250.000.

Una torre de agua metálica oxidada junto a un almacén de madera entre vegetación
La torre de agua y un almacén de Fordlândia, en 2010.

Hoy Fordlândia es un pueblo de unos pocos miles de habitantes, dentro del municipio de Aveiro, con casas, la torre de agua y las naves de la época en distintos grados de abandono. Belterra es un municipio de unos 18.000 habitantes que conserva el trazado y las casas de Ford.

Los soldados del caucho y Chico Mendes

El caucho amazónico tuvo una segunda vida en la Segunda Guerra Mundial. Japón ocupó en 1942 las plantaciones del sudeste asiático, y Estados Unidos se quedó sin su principal fuente. Con los Acuerdos de Washington de ese año, financió el reclutamiento de trabajadores para los cauchales de la Amazonía.

Entre 1943 y 1945 fueron entre 55.000 y 60.000 personas, la mayoría del Nordeste, a las que se prometió tratarlas como soldados. Según el Archivo Nacional de Brasil, la gran mayoría nunca volvió, y se cree que más de la mitad murió por enfermedades, accidentes y abandono. En 2014, una enmienda constitucional les reconoció una indemnización de 25.000 reales y una pensión de dos salarios mínimos, que en 2015 ya cobraban casi 12.000 supervivientes, viudas y familiares.

Décadas después, los seringueiros del Acre se convirtieron en símbolo de la defensa de la selva. Chico Mendes, seringueiro desde niño y fundador del sindicato de trabajadores rurales de Xapuri, organizó los empates: los seringueiros y sus familias se plantaban delante de las cuadrillas que iban a talar el bosque para crear pastos. Fue asesinado en la puerta de su casa de Xapuri el 22 de diciembre de 1988, con 44 años, por orden de un terrateniente, que fue condenado con su hijo en 1990.

Un hombre con camisa haciendo un corte en la corteza de un árbol de caucho en la selva
Chico Mendes sangrando un árbol de caucho en julio de 1988, unos meses antes de su asesinato.

Su muerte dio la vuelta al mundo, y en 1990 se creó la Reserva Extractivista Chico Mendes, casi un millón de hectáreas en el Acre donde las comunidades pueden vivir de sacar caucho, castañas y otros productos del bosque sin talarlo.

El caucho en Brasil hoy

Brasil sigue produciendo caucho, pero muy lejos de la selva. Casi todo sale de plantaciones de la mitad sur del país, sobre todo del estado de São Paulo, en zonas lo bastante secas como para que el hongo que arruinó Fordlândia no prospere. El caucho silvestre de la Amazonía, el que hizo ricas a Manaos y Belém, es hoy una cifra testimonial.

Producción de caucho en Brasil en 2025 (látex coagulado, datos del IBGE) e importaciones de caucho natural (ComexStat)

Toneladas en 2025Peso en el total
Plantaciones (látex coagulado)489.91199,7 %
De ellas, São Paulo290.68359,3 %
Caucho silvestre de la Amazonía1.3060,3 %
De él, Acre6330,1 %
Importaciones de caucho natural187.352—

En 1990 el caucho silvestre todavía rondaba las 23.000 toneladas; en 2025 no llegó a 1.400. La producción de las plantaciones no basta para las fábricas de neumáticos del país, y Brasil importó en 2025 más de 187.000 toneladas de caucho natural, sobre todo del sudeste asiático, donde las semillas de Wickham siguen dando fruto casi 150 años después.

Qué visitar hoy

  • Teatro Amazonas, en Manaos. El gran símbolo de la fiebre del caucho, Patrimonio Mundial desde 2026. Se puede visitar por dentro y, mejor aún, ir a un concierto.
  • Palacio Rio Negro, en Manaos. El antiguo palacete del comerciante Waldemar Scholz, hoy centro cultural.
  • Mercado Adolpho Lisboa, en Manaos. El mercado municipal de hierro, inaugurado en 1883 en plena fiebre.
  • Museo del Seringal Vila Paraíso, cerca de Manaos. Recrea un cauchal de la época, con el almacén del patrón, la casa del seringalista y la choza del seringueiro, en el decorado que se construyó para la película A Selva. Solo se llega en barco, desde la Marina do Davi, en Ponta Negra, en unos 30 minutos. Abre de lunes a sábado de 9:00 a 15:00, excepto los miércoles, y los domingos de 9:00 a 13:00; la entrada cuesta 20 reales, unos 3 €.
  • Theatro da Paz, en Belém. El otro teatro del caucho, también Patrimonio Mundial, a un paseo del mercado Ver-o-Peso.
  • Fordlândia y Belterra, desde Santarém. Belterra está a unos 50 km por carretera. A Fordlândia se llega por el río Tapajós, normalmente en un barco que organizan las agencias de Santarém; el viaje dura muchas horas.
  • Complejo del ferrocarril Madeira-Mamoré, en Porto Velho. Reabrió en 2024 con un museo de más de 300 piezas, locomotoras incluidas.
  • Casa de Chico Mendes, en Xapuri (Acre). La casa donde vivió y donde fue asesinado, protegida por el patrimonio nacional y reabierta en 2023 tras su restauración.

Si vas a Brasil por primera vez, tenemos una guía con qué ver y hacer en Brasil.

Fotos: portada, Teatro Amazonas, Ridiculopathy (CC0); tranvía de Manaos, Huebner & Amaral (dominio público); procesado del caucho, Archivo Nacional de Brasil (dominio público); locomotora del Madeira-Mamoré, Cleber Rech (CC BY 2.0); Fordlândia, Amit Evron (CC BY-SA 3.0); Chico Mendes, Miranda Smith, Miranda Productions (CC BY-SA 3.0). Todas en Wikimedia Commons.

Fuentes

  1. scielo.org.mx
  2. kew.org
  3. thehenryford.org
  4. querepublicaeessa.an.gov.br
  5. sidra.ibge.gov.br